Lo que nos dice el llanto de De la Vega, la joven promesa de Lanús

Christian Leblebidjian
Pedro de la Vega desequilibró con gambetas ante River y luego se fue frustrado
Pedro de la Vega desequilibró con gambetas ante River y luego se fue frustrado Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
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29 de septiembre de 2018  • 23:59

El fútbol genera emociones constantemente, se alimenta de victorias que elevan la autoestima y de derrotas que le dan lugar a un aprendizaje. Todos los fines de semana se ven futbolistas (incluso hasta en el ambiente más amateur) que lloran de felicidad y también por tristeza. Y hay muchos que no se los ve, pero que cuando llegan a sus casas rompen en llanto, por una sensación de sueños cumplidos o. todo lo contrario, porque una mala tarde puede interrumpir abruptamente el camino para alcanzar ese sueño. Las lágrimas de Pedro de la Vega, la joven promesa de Lanús, cuando fue reemplazado ante River, son un mensaje para el fútbol argentino. Legítimas, lejos de cualquier actuación, reflejan la tristeza de un chico de 17 años que hace 15 días tuvo su bautismo en primera división y que se iba del campo a los 28 minutos del segundo tiempo y con el cartel "Lanús 1 vs. River 5".

De la Vega, un wing rebelde, encarador, apareció como una luz en un fútbol argentino difícil, lleno de presiones, complicado por los entornos y saturado de exigencias. Lo trata de llevar bien Luis Zubeldía, un DT con experiencia y conocedor de los tiempos de los chicos de las inferiores. Quizás por eso no fue titular ante Newell's, en Rosario: su exposición ante Racing, siete días antes, había tenido una gran repercusión. Incluso el propio De la Vega se había sorprendido cuando un día antes (en el momento de practicar las pelotas paradas) Zubeldía le dijo que iba a ser titular. El día después, el buscador de Google entregaba cerca de 500.000 menciones. Volvió a ser titular ante River haciendo de las suyas, encarando, gambeteando, generando desbordes y chances de gol. Hasta que la situación lo quebró.

¿Cuál fue la situación? ¿Cuántas imágenes se le pasaron por la cabeza de este chico? De la Vega no tenía ni siete años cuando Pepe Sand se recibía de ídolo en Lanús ganando el Apertura 2007 junto con Lautaro Acosta. Y hoy le toca ser el recambio de un equipo que tiene como capitán al Laucha, el nuevo emblema de la transición ante las salidas de Sand, Maxi Velázquez, Braghieri, Román Martínez, una renovación que tiene más que ver con la economía del club, con la dificultad para afrontar determinados costos, según le comentó el presidente Nicolás Russo a Alberto Cantore en su nota "Lanús, del sueño de ganar la Copa Libertadores a la pesadilla de los promedios".

Las lágrimas de De la Vega reflejan un poco de todo eso: sus propias ilusiones en medio de una seguidilla de resultados adversos. Nadie le trata de cargar con la presión de ser el nuevo superhéroe de Lanús, pero él se autoexige viendo el contexto de un equipo que no solo le cuesta ganar, sino también hacer un gol. Y siente dolor, como cualquier chico que se ve frustrado porque sus intentos no alcanzan (por ahora) para torcer el rumbo. Ojalá el fútbol le tenga como destino otra jornada de lágrimas, pero que sean generadas por la alegría, la felicidad de un gol clave o un triunfo importante. Es que todos los jóvenes que están en las inferiores del fútbol argentino pudieron verse reflejados en él, tanto en la reciente explosión a pura gambeta como en esas lágrimas.

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