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El poder de Merkel se erosiona y su ocaso político parece cada vez más cerca

Merkel, al salir de la Cancillería, en Berlín
Merkel, al salir de la Cancillería, en Berlín Fuente: AFP - Crédito: Michael Kappeler
Una serie de reveses dentro de su coalición de gobierno debilitan a la canciller alemana
Luisa Corradini
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30 de septiembre de 2018  

PARÍS.- ¿Angela Merkel está viviendo el ocaso de su carrera política? Las sospechas aumentaron en forma vertiginosa esta semana, cuando su propio bloque en el Bundestag (Parlamento) eligió como nuevo jefe a Ralph Brinkhaus, conocido por sus críticas a la política de la canciller alemana, en vez de renovar su confianza en Volker Kauder, ferviente brazo derecho de la jefa de gobierno desde hace 11 años en el hemiciclo.

Con la victoria de Brinkhaus, "el margen de maniobra de Merkel se redujo sensiblemente", analizó el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung, que incluso llegó a calificar a la canciller como "figura política de paja".

Este fue, en efecto, un nuevo revés para Merkel, ya fragilizada por su coalición gubernamental, que incluye a los socialdemócratas del SPD, y que amenaza constantemente con estallar. Ahora, la canciller también perdió el apoyo incondicional de sus diputados de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y de la Unión Social Cristiana bávara (CSU) en el Bundestag, que votaron por Brinkhaus. Hasta ahora, era el número dos del bloque conservador en la Cámara baja del Parlamento.

Mientras se desataban innumerables especulaciones sobre el ocaso de Merkel, que lleva 18 años como líder conservadora y 13 al frente del gobierno, ella reconoció esa votación como "una derrota". Su franqueza alimentó los interrogantes sobre su capacidad para llegar hasta el final de su cuarto mandato, que terminará en tres años. La respuesta surgirá en diciembre en Hamburgo, cuando el congreso de su partido (CDU) elija a su presidente. Merkel estima que el líder partidario debe ser quien dirija el gobierno.

Tras el revés, la oposición -en particular el líder de los liberales del FDP, Christian Lindner- reclamó un voto de confianza en el Parlamento. "De ninguna manera", respondió el vocero de Merkel, Steffen Seibert.

Dueña de unos nervios de acero, Merkel seguirá ejerciendo sus funciones como siempre. Temible estratega política, fue capaz de sortear hasta ahora todos los escollos. En particular la grave crisis migratoria de 2015, cuando decidió abrir las puertas del país a más de un millón de refugiados. Casi tres años después, aún paga las consecuencias: el aumento vertiginoso de la extrema derecha y la rebelión del sector más conservador de su coalición. La mayoría de los especialistas coinciden, en todo caso, en que este será su último mandato. Aunque también afirman que aún es muy temprano para que se organice su sucesión.

Si Merkel pudiera ungir a una heredera, sería Annegret Kramp-Karrenbauer. La secretaria general de la CDU tiene altos niveles de popularidad y llegó a ser la máxima autoridad del Estado federado de Sarre. Como Merkel, clama por una solución europea al desafío de los flujos migratorios y ve en el aislacionismo nacionalista un riesgo para el bloque comunitario.

Entre otros candidatos potenciales también están el presidente del Bundestag y exministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que goza de autoridad más allá de las fronteras partidistas; la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, durante mucho tiempo percibida como la política con mayores probabilidades de ser canciller y que goza de poca estima en su propio partido; Julia Klockner, ministra de Agricultura, o el ministro de Salud ultraconservador, Jens Spahn, considerado el rival más prominente de Merkel.

"La canciller se queda por ahora en el poder porque en su propio partido no hay acuerdos sobre quién debe ser su sucesor", afirma Judy Dempsey, investigadora en Berlín del think tank Carnegie Europe.

"No obstante, las cosas podrían acelerarse si las elecciones en Baviera en octubre y en Hesse a fines de ese mes debilitan aún más a la coalición gubernamental", opina Tilman Mayer, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Bonn.

Según sondeos de esta semana, la CSU bávara, que lidera el ministro del Interior, Horst Seehofer, obtendrá cerca del 30% en esas elecciones; perdería así la mayoría absoluta que tuvo prácticamente en forma ininterrumpida en las últimas décadas. Los Verdes, con 16%, se convertirían en la segunda fuerza en ese próspero y tradicionalista estado federado, seguidos por el SPD (13%). La extrema derecha de la AfD obtendría 12%.

En Hesse, gobernado por una coalición entre la CDU y Verdes, los conservadores obtendrían 28,6%, mientras que el SPD bajaría un punto para situarse en 23%.

Para Europa, la fragilidad de Merkel, otrora considerada la mujer más poderosa del mundo, es un auténtico motivo de preocupación. Sin un gobierno estable en Berlín resulta imposible pensar que el eje franco-alemán pueda sacar adelante las anheladas reformas de la Unión Europea (UE) del presidente Emmanuel Macron. Por el contrario, la coalición podría sentirse tentada a dar un giro a la derecha en su política europea. "Brinkhaus es bastante euroescéptico y quiere recuperar los votos que su partido perdió en beneficio de la AfD", señala Dempsey.

Una Alemania mirándose hacia adentro coincidirá con las elecciones de 2019 para renovar el Parlamento Europeo. Para Dempsey, lejos parecen las esperanzas del año pasado, cuando se creía que en 2018 Berlín se daría tiempo para hacer las reformas necesarias en Europa. "En términos de iniciativas europeas -concluye- no pasó casi nada".

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