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El periodista absoluto volvió por fin a sus pagos

Carlos M. Reymundo Roberts
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30 de septiembre de 2018  

Ignacio Ezcurra tenía que volver así a San Isidro: por la puerta grande. Por el Museo Pueyrredón, esa maravilla de casona y parque, impecablemente mantenidos, sobre las barrancas que dan (y en algún momento llegaban) al Río de la Plata. Y por una muestra, Viajeros en el tiempo, que lo rescata, a 50 años de su muerte, como periodista excepcional, cronista y fotógrafo, trashumante, aventurero, incansable buscador de la verdad.

Ignacio nació y vivió parte de su infancia en San Isidro, donde se había afincado una rama de los Ezcurra llegada desde las tierras vascas de España. Otros habían elegido la zona sur. La vieja casa familiar de estilo colonial, en la calle Martín y Omar al 300, hoy sede del Colegio de Abogados, tiene en su fachada una placa que recuerda al corresponsal de la nacion desaparecido en la Guerra de Vietnam.

En una de las salas de la muestra, un video reproduce las opiniones sobre Ignacio de tres grandes periodistas y escritores: Jorge Fernández Díaz, Leila Guerriero y Matilde Sánchez. Desde miradas distintas, exaltan al periodista "olvidado" (Fernández Díaz), "global" (Sánchez) y "urgente" (Guerriero).

Olvidado. Es cierto. Ignorado, incluso, seguramente por la fugacidad de su historia: murió a los 28 años. Pero cuando alguien se asoma a sus textos por primera vez, la reacción es el deslumbramiento. Leerlo es descubrirlo, como un tesoro que estaba escondido.

Global. Ignacio, viajero empedernido, era un espíritu libre y se mostraba tan atraído por los misterios de la Argentina profunda como por la religiosidad popular en Ayacucho (Perú), la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos o la Guerra de Vietnam. Recorrió Brasil en moto y Perú a pie, y se fue a dedo desde Buenos Aires hasta Nueva York. Se concebía en el mundo, recorriéndolo, tratando de conocerlo y contarlo.

Urgente. Sí. Su periodismo, como su vida, fue trepidante. Una curiosidad indomable lo llevaba siempre a dar un paso más, a llegar más rápido y más lejos. Desde su primera crónica hasta la última, en Vietnam, pasaron apenas seis años. Lo vemos trepado a un auto de carrera junto al piloto Juan Manuel Bordeu, en un depósito policial al que iban a parar los objetos perdidos de la ciudad de Buenos Aires, con un adiestrador de palomas mensajeras y en el medio de una lluvia de plomo en Vietnam.

Viajeros en el tiempo nos recupera a ese "periodista absoluto" del que habló Manucho Mujica Lainez, compañero suyo en la nacion, en el prólogo de Hasta Vietnam, el libro que reúne su obra periodística.

Ignacio está en el Museo Pueyrredón. Por fin ha vuelto a sus pagos.

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