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Una dinastía marcada por las tragedias, el poder y el terror

El patriarca familiar, que construyó un imperio de la construcción, murió en un accidente aéreo
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30 de septiembre de 2018  

JEDDAH, Arabia Saudita (Reuters).-Por su fortuna y sus tragedias, en Arabia Saudita la familia Ben Laden es conocida como "los Kennedy de Jeddah". Los Ben Laden construyeron rutas, mezquitas y palacios de Arabia Saudita. Mohammed Ben Laden, el patriarca familiar, murió en un accidente aéreo, el igual que el hijo que los sucedió. Osama, el menor, orquestó los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.

Mohammed llegó a Arabia Saudita desde Yemen durante la década de 1920. Era un adolescente pobre y ciego de un ojo, que empezó a buscar fortuna entre los peregrinos y aventureros de Jeddah, un puerto sobre el mar Rojo.

En 1931, Mohammed abrió una pequeña empresa constructora con la que se ganó el favor del entonces rey Abdulaziz, tras completar la construcción de su palacio en apenas 20 días, según la biografía escrita por Khalaf al-Sibea, exejecutivo del Saudi Binladin Group. Así se convirtió en el constructor obligado del reino, el que conseguía los contratos de construcción de los proyectos estratégicamente más importantes.

A medida que su constructora se convertía en un conglomerado empresario, la familia Ben Laden, compuesta por unos 70 descendientes y decenas de esposas, cultivó sus lazos con los hijos y nietos del rey Abdulaziz, para garantizar la continuidad de la alianza. Fueron esas relaciones, y no los procesos de licitación formales, los que le aseguraban la concesión de esos contratos y la expansión de su empresa. La mayoría de esas obras eran otorgadas con una base de "costo más margen de beneficio", por el cual el contratista obtenía una ganancia fija más allá de sus gastos en la obra.

La familia Ben Laden quedó bajo la lupa tanto en Arabia Saudita como en el resto del mundo después del 11 de septiembre de 2001, cuando Osama, uno de los hijos menores de Mohammed, hizo tristemente célebre el apellido familiar. Bajo el impasible liderazgo de su CEO, Bakr ben Laden, la empresa no solo se mantuvo en pie, sino que alcanzó la cumbre de su poder a partir de 2005, luego del ascenso al trono del rey Abdullah.

Durante los diez años del reinado de Abdullah, el petróleo se disparó por encima de los 100 dólares el barril y el reino se embarcó en un frenesí de gasto público. El Saudi Binladin Group se alzó con contratos para la construcción de nuevos proyectos por miles de millones de dólares, incluido el distrito financiero de Riad, el nuevo aeropuerto de Jeddah y un polo económico sobre la costa del mar Rojo, destinado a alojar a dos millones de personas.

La empresa manejó los proyectos más sensibles del reino, como la expansión de las dos sagradas mezquitas de La Meca y Medina. Para cerrar esos acuerdos, los hermanos mayores de la familia Ben Laden, por lo general Bakr, Saleh y Saad, negociaban directamente con el rey Abdullah y con una unidad creada especialmente dentro de la estructura de gobierno para tratar con ellos.

Por lo general esos contratos eran manejados por el departamento "Rush Proyects" ("proyectos urgentes") del Grupo Saudi Binladin, creado para concretar obras en corto plazo. Fue esa oficina la que manejó la construcción del nuevo palacio del rey Abdullah en Jedah.

No lejos de ese palacio, Bakr se construyó su propia mansión, con pasillos de mármol y piscinas con vista al mar Rojo, que solía abrir para realizar las tradicionales fiestas exclusivas para hombres donde los Ben Laden cultivaban sus relaciones con la familia real.

A medida que prosperaban en Arabia Saudita, los hermanos expandieron el negocio a escala global, especialmente con incursiones en África. Hacia 2011, empezó a circular la idea de hacer una oferta pública de acciones de la empresa, que para entonces ya era una gigante con más de 500 filiales en todo el mundo.

La empresa iba viento en popa. Bakr se retiró parcialmente del timón y empezó a pasar más tiempo en su mansión de Sharm el-Sheikh, en Egipto, pero siguió manejando las relaciones de la empresa con la realeza saudita.

La sucesión al mando de la empresa parecía seguir un rumbo claro: de Bakr a sus hermanos Saad y Mohammed, y de ahí a la nueva generación, a través de su hijo Nawaf. Pero todo eso cambió la noche del 4 de noviembre de 2017, cuando Arabia Saudita lanzó su campaña contra la corrupción.

Traducción de Jaime Arrambide

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