La crisis empuja a Macri a instalar la reelección

Martín Rodríguez Yebra
Busca transmitir que hay esperanza después de los meses difíciles que vienen; se resigna a que la recesión será aún mayor este año y espera un repunte hacia abril
Fuente: AFP - Crédito: Eitan Abramovich
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30 de septiembre de 2018  

Cambia todo menos la sensación de fragilidad. La crisis económica transformó la fisonomía del gobierno de Mauricio Macri, congeló el optimismo y precipitó un plan de ortodoxia dura que condena al olvido la aventura gradualista.

"Ya no hay plan B ni C. Se nos agotó el abecedario. El único camino que nos queda es este y es sufrido, pero tenemos una oportunidad si somos capaces de mostrar que retomamos el control de la situación", dice un funcionario de trato diario con el Presidente.

Hay una mezcla de sensaciones en la cima del poder. Alivio por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que significa un virtual seguro contra default para lo que resta del mandato de Macri. Y angustia porque el temblor en los mercados no cede, el deterioro social se agrava y lo peor sigue por pasar.

Macri vigila con obsesión el ritmo del dólar. "Lamentablemente, es nuestro termómetro de credibilidad", señala otro dirigente de peso en Cambiemos. La economía argentina sigue sin precios, sin referencias, con un horizonte en el que predomina el vértigo.

Para la faceta técnica, Macri se ató al FMI y a su recomendación (por decirlo diplomáticamente) de un ajuste fiscal severo y una política de máxima contracción monetaria.

El desafío político no es menos sofisticado: al Gobierno le urge mostrar fortaleza, unir a los suyos y transmitir esperanza a una población dominada por la frustración.

En esa geografía hostil, Macri se vio empujado a hablar de reelección. "I'm ready to run", dijo esta semana en Nueva York en la entrevista que concedió a Bloomberg. Está "listo para lanzarse". Los banqueros y financistas de Wall Street le preguntaron más sobre sus planes de campaña que por sus ideas económicas. Mundo al revés: Macri debe convencer a los mercados internacionales de su pericia política y a los ciudadanos locales, de su aptitud financiera.

El FMI y los inversores que mueven la tasa de riesgo quieren saber que van a cobrar. Los Kirchner llevaron al extremo el histórico desprecio argentino por los compromisos de Estado. La pataleta irresponsable de "esa plata no la pedimos nosotros".

Christine Lagarde, directora del FMI, no tuvo reparos en decir que "la clave del programa con la Argentina son dos números, 19-19". Aludió a los casi 19.000 millones de dólares adicionales a lo acordado en junio que el Gobierno recibirá de acá a finales del año que viene. Pocas veces la burocracia multilateral regala un guiño electoral así de explícito.

La traducción que hizo la política local fue que no habrá un derrumbe inminente. El peronismo lo decodificó con hechos. Massa, Urtubey, Pichetto y Schiaretti anticiparon la puesta en escena de su alianza anticristinista.

Un asesor de imagen al que consultan los había apurado: "Macri es el único que se está moviendo para 2019. Él tiene claro lo que tiene que hacer: gestionar una crisis. Cada día que pasa sin que el país explote es un día ganado para él. Ustedes van tarde".

Los presidenciables peronistas emitieron un comunicado lleno de alarmas. "Si la situación fuera tan terminal como dicen, ellos no se estarían juntando para la foto", valoró un ministro macrista. Cabe sospechar que el tratamiento del presupuesto no será un paseo.

Las encuestas que recibe el Gobierno coinciden en que la caída de la imagen presidencial es persistente desde abril, pero no irreversible. "Pusimos las expectativas muy altas y fallamos" es una autocrítica habitual estos días. Macri necesita cuanto antes pasar una prueba de eficacia.

El mensaje está mutando. Si hay que dar malas noticias, se dan. La consigna es el largo plazo. Cargar de "sentido histórico" el sufrimiento actual, un concepto que se mencionó en la cumbre motivadora de Cambiemos, celebrada el viernes en Parque Norte.

El plan monetario que arranca mañana, admiten en el Gobierno, podría agravar la recesión que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, había calculado hace pocos días en 2,4% del PBI. La lógica de "el mal todo junto" augura dos trimestres duros, a cambio de la esperanza de un repunte visible a partir de abril.

"Para morigerar el impacto, al ajuste fiscal y al torniquete monetario tenemos que contraponerles un shock de confianza que estabilice la economía", dice un funcionario con despacho en la Casa Rosada.

A los socios radicales les cuesta entusiasmarse y lo expresan con silencios. Dujovne -que viene de ese origen- se prodigó en explicaciones mano a mano de por qué el nuevo plan monetario va a ser exitoso.

El clima social

Es día a día, repite Macri. Incluso si acomoda el frente financiero y el fiscal, queda lo social. Lo inquieta que con el reparto de comida y el refuerzo en los planes sociales no baste para atravesar en paz la valla de fin de año.

Pero en la cúpula de Cambiemos se convencieron de anticipar el ambiente electoral. "Voy a seguir hasta el final por ustedes", dijo el viernes el Presidente en un contacto con una radio de Los Juríes, un pueblo santiagueño de 3000 habitantes. La frase sintoniza con el ánimo que Marcos Peña intentó insuflar a los dirigentes propios en Parque Norte. Hay que mostrar empatía y generar expectativas de progreso a pesar de las promesas incumplidas. El optimismo cotiza en el mercado de futuros.

Esa lógica primó para que fuera el Presidente quien presentara las cifras de pobreza. Se descartó la idea de hablar de una baja, algo técnicamente correcto: el primer semestre de 2018 fue mejor que el del año anterior. Pero hubiera sonado irreal cuando el indicador sube mes a mes, empujado por el desborde de la inflación.

A los ministros también se les pide "poner la cara". Son menos y con más presencia. Sobre todo Rogelio Frigerio, Dante Sica, Carolina Stanley y el propio Dujovne cargan con la misión de reconstruir confianza y evitar desbordes.

El Gobierno ya cambió irremediablemente. Macri tuvo que desprenderse de gente que valoraba por encima de la media. Aranguren, Quintana, Sturzenegger y ahora su crack particular, Luis Caputo. No le quedó más remedio que empoderar a Dujovne como hombre fuerte, después de haber convocado un casting para reemplazarlo. Hoy Dujovne es el acuerdo con el FMI. Y aun así nadie se anima a considerarlo intocable. Así de cruel es esta crisis.

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