Alejandro Tantanian: "La sala será una enorme pista de baile"

El director del Teatro Nacional Cervantes se hizo cargo de la puesta en escena de Sagrado bosque de monstruos, con Marilú Marini, para la que removió toda la platea y convocó a Julieta Venegas
El director del Teatro Nacional Cervantes se hizo cargo de la puesta en escena de Sagrado bosque de monstruos, con Marilú Marini, para la que removió toda la platea y convocó a Julieta Venegas Crédito: Rodrigo Néspolo
Alejandro Lingenti
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1 de octubre de 2018  

A fines de la década del 60, Roberto Villanueva trabajaba en una versión de Las bacantes, de Eurípides, con Marilú Marini. Se habían conocido en plena efervescencia del Di Tella y tenían buenas expectativas alrededor de esa obra, que, finalmente, nunca llegó a estrenarse. Pero ahí nació la duradera fascinación de la actriz por Santa Teresa de Jesús, un interés "inoculado", como le gusta decir a ella, por ese gran maestro del teatro argentino que murió en 2005.

Director del mítico Centro de Experimentación Audiovisual del Instituto Di Tella, descubridor de Griselda Gambaro, responsable directo del estreno del teatro de Thomas Bernhard en lengua española, Villanueva logró que Marini nunca olvidara el poderoso influjo de la fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzas y figura clave de la mística experimental cristiana. Muchos años después, Alejandro Tantanian retoma esa historia de amor inconclusa para consumarla en una ambiciosa obra que se acaba de estrenar en el Teatro Nacional Cervantes, del cual es director general y artístico. Definido como "una biopic profana sobre una mujer santa", Sagrado bosque de monstruos se propone también como "un espectáculo mutante, trans, sobre un objeto tan raro como el alma".

Es el primer espectáculo que Tantanian estrena como director durante su propia gestión en el Cervantes y tiene como condimento especial (además de proyecciones de video a cargo de Maxi Vecco y coreografías de Diana Szeinblum) la participación de Julieta Venegas. La popular cantante mexicana interpreta en la obra tres canciones compuestas por Nicolás Varchausky -"Canción de la noche", "Fundación de conventos" y "Gualeguaychú"-. Sus fans deben estar atentos: en diez de las funciones que se harán este año (hoy, el jueves 4, jueves 25 y domingo 28 de octubre; jueves 1°, domingo 11, jueves 15 y jueves 29 de noviembre; y domingo 2 de diciembre), Venegas cantará en vivo, sumando un atractivo más a una puesta inusual, para la que se removió el total de las butacas de la sala María Guerrero y se niveló el piso para que quede a la misma altura del escenario. "La idea es aprovechar el potencial de maquinaria del Cervantes para que la sala sea una enorme pista de baile", explica Tantanian.

"Teresa de Cepeda y Ahumada fue una mujer enormemente práctica y, al mismo tiempo, una reconocida mística. Dos características que no suelen ir juntas -señala-. Esa fue una de sus singularidades. Desde que aquel proyecto de Villanueva y Marilú quedara trunco, ella se quedó con la espina. Se lo contó a Santiago Loza cuando estábamos trabajando en Todas las canciones de amor y, fogoneados por esa historia, empezamos a trabajar los tres juntos en la concreción de este proyecto".

Loza trabajó codo a codo con Inés Garland en los textos de una obra en la que Marini -con 73 años, una de las actrices más sólidas y prestigiosas del país- se convierte en Teresa, un personaje completamente atípico: "Levitadora ocasional, peregrina, dueña de un cuerpo atravesado por las visiones, lectora compulsiva de novelitas prohibidas, santa declarada, fue una mujer plagada de dudas y amores sobrenaturales. Casi todo lo que escribió fue por encargo y, paradójicamente, su escritura fue siempre desobediente. Santa o farsante, se encomendó a Dios y a los placeres más mundanos. Formó parte de esa línea insurgente de escritoras que hicieron de la ficción su cuarto propio, su refugio", sostienen los autores de la obra. El elenco está compuesto por Marilú Marini, Diego Benedetto, Rodolfo de Souza, Ernesto Donegana, Cristián Jensen, Juan Gabriel Miño, Iván Moschner, Hugo Mujica, Matías Pisera Fuster, Camilo Polotto y Eugenio Schcolnicov

Cuando asumió formalmente la dirección del Cervantes (en enero de 2017), Tantanian dijo públicamente que pretendía dirigir alguna puesta en el tradicional teatro porteño. Un año y medio más tarde, con ese deseo hecho realidad, reflexiona sobre el asunto: "Yo llegué a este lugar gracias a mi trabajo, y ese trabajo fue, mayoritariamente, de puestas en escena y obras de teatro. Nunca había gestionado un teatro público... Sí estuve a cargo de alguno privado y de una parte de la programación del Sarmiento, pero esta es mi primera experiencia integral, por decirlo de algún modo. Está claro que me convocaron por mi recorrido, por mi trayectoria en la actividad teatral. En ese sentido, poder brindarle al Cervantes parte de mi trabajo artístico es para mí una obligación. No cobro un dinero extra por montar este espectáculo. Cobro mi sueldo de todos los meses, que es un buen sueldo. En el exterior es bastante común que un director artístico tenga la obligación de entregar anualmente dos o tres puestas en escena al teatro del que está a cargo. Y acá también: en el San Martín hubo muchos montajes de Juan Carlos Gené cuando él era el director; y lo mismo pasó con Rodolfo Graziano en el Cervantes. No es una novedad".

Indiscutiblemente, Tantanian le cambió la cara al Cervantes, rediseñando su gráfica, apostando a directores jóvenes para nutrir la programación (Ignacio Sánchez Mestre, Camila Fabbri, Mariano Tenconi Blanco) y consiguió éxitos impactantes como La vida extraordinaria (de Tenconi) y La terquedad (de Rafael Spregelburd). Su propio balance, asegura él, es "superpositivo", en función de los objetivos que se propuso cuando asumió.

"Lo pienso así porque no tuvimos que resignar nada de lo que planeamos -analiza-. Incluso en un contexto económico difícil como el que estamos atravesando en la Argentina, hemos podido llevar a cabo la totalidad de los proyectos. Y eso que hoy es muy difícil que alguien te presupueste un trabajo con tantas variaciones en los precios... Obviamente hay algunas cuentas pendientes. La gestión anterior priorizó mucho la producción fuera del ámbito de Buenos Aires, pero yo creo que el presupuesto del Cervantes no alcanza para pensarlo como el teatro de toda la Nación. Entonces hicimos algunos cambios. Antes, cuando un espectáculo salía de gira, se tercerizaban los rubros técnicos. Eso para mí era un error, porque el Cervantes tiene técnicos superavezados. Quizá no haya un plantel que sea suficiente, eso sí. Entonces por ahora pusimos el foco en la producción para Buenos Aires, nos concentramos en eso, más que en las giras. Cuando empiece a funcionar de nuevo la Asociación Amigos del Teatro Nacional Cervantes, en marzo o abril del año que viene, intentaremos conseguir fondos para fortalecer la pata del resto del país".

De todos modos, el Cervantes no abandonó durante esta gestión el incentivo a las producciones provinciales. A través del programa "El Teatro Nacional Cervantes produce en el país" se propició el estreno de obras en Catamarca, Mendoza y Córdoba.

"Son piezas de creadores de esas provincias con producción integral del Cervantes -advierte Tantanian-. No queremos decirles qué tienen que hacer, sino preguntarles a ellos qué quieren hacer y colaborar para que lo hagan. Nos queda un pendiente más, el de las temporadas internacionales -reconoce-. Pero con los movimientos del dólar se complicó bastante. Esperamos que la puesta en marcha de la Asociación de Amigos también sea una vía para resolver ese tema. Así lo viene haciendo el Complejo Teatral de Buenos Aires, que vía mecenazgo recibe hasta quince millones de pesos anuales con ese objetivo".

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