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Contra todos los obstáculos: una mamá relata cómo fue la adopción de una adolescente

Alejandra (54) y Tony (56) junto a su hija Daniela (29)
Alejandra (54) y Tony (56) junto a su hija Daniela (29)
Alejandra Morales de González
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30 de septiembre de 2018  • 18:19

Daniela, nuestra hija, llegó a nuestras vidas hace 15 años. La adoptamos cuando tenía 14 y, hoy, es una hermosa mujer de 29, que hace dos años nos hizo los padres más felices del mundo al convertirnos en abuelos.

No fue un camino fácil, pero más allá de todo lo que pasamos, lo volvería a elegir, ella es nuestro orgullo. No sé exactamente en qué momento pasó a ser parte de mi carne, pero cada vez que ella sufre, sufro; lo que le pasa, me pasa. Y a su papá también. Para llegar a lo que somos hoy como familia, tan unidos y a amarnos tanto, primero, tuvimos que atravesar un largo camino. Siempre digo que con amor todo es posible, y la historia con nuestra hija fue así.

Mi marido Tony y yo, vivíamos en el sur y estábamos inscriptos para adoptar en el registro de Santa Cruz a un niño o niña de hasta 6 años. Nos mudamos a Buenos Aires y tuvimos que hacer todos los papeles de nuevo. En paralelo, comenzamos a visitar un hogar de chicos en Morón, como voluntarios, yo daba clases de pintura en tela. En esas visitas conocí a Daniela. Me conmovió saber que por su edad, iba a ser trasladada a un lugar para adolescentes en La Plata, bastante lejos de ahí, y que iba a tener que dejar a sus hermanos. Dani tiene cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, dos fallecieron de una enfermedad genética (un tipo de neurofibromatosis). Por suerte, ella no la tiene ni la va a desarrollar.

Me acuerdo que volví a casa y hablé con mi marido y propusimos ser sus padrinos. Ella salía con otra familia, pero por lo que contaba no estaba muy a gusto. Así fue como empezó a venir con nosotros los fines de semana, la visitábamos y empezamos a pensar en la posibilidad de adoptarla. Ella vivía en hogares desde los 6 años y había ya sufrido un doble abandono, porque había sido adoptada junto sus dos hermanas y devueltas.

Al principio, la primera que pensó en adoptarla fui yo, mi marido me decía que no estaba convencido por la de edad de ella, lo aterraba pensar cómo iba a construir el vínculo con una adolescente; ahora, a la distancia, se ríe: se convirtió en un padrazo y en un abuelo para sacarse el sombrero, algo que ninguno de los dos hubiésemos imaginado en ese momento.

Priorizar las necesidades de ellos y no las uno, esa es la única manera de salir adelante. Todo es un aprendizaje, hay que aprender a convivir como familia, a tener un nuevo integrante; saber que es primordial no querer romper lazos con su historia ni querer separar a los hermanos, es el único recuerdo de su vida pasada; nosotros nos propusimos darle la posibilidad de que siga el vínculo, y sobre todo, construimos todo con mucho amor y paciencia, mucha paciencia.

La adolescencia es de por sí un momento complejo. Los berrinches se potenciaban, todo es un drama. Era los caprichos y peleas de otros chicos de esa edad, pero más fuerte. En las crisis me decía: "Devolveme", "No me digas qué hacer, vos no sos mi mamá", sobre todo tenía una rebeldía tremenda con el colegio. Nos poníamos firmes: "No te vamos a devolver porque un hijo es de uno y no se devuelve, es imposible, se los ayuda y se lucha junto a ellos". Ese mensaje en un momento le hizo un clic. Ella entendió que era nuestra prioridad.

Otra de las claves es que siempre charlamos todo. Ella siempre me dice que con nosotros aprendió lo importante que es poder poner en palabras lo que nos pasa. Y ahora ella lo hace con su hijo. Ser honesto, hablar, saber que planteando los problemas es posible solucionarlos. Que confíen. Tuvieron que pasar un par de años para que Dani se entregue y se sienta verdaderamente nuestra hija.

Tuvimos muchas crisis, pero nos fortalecieron para unirnos. Uno de los momento más tristes pero que hizo que ella sepa que íbamos a acompañarla siempre en todo fue cuando su hermana más chicas se enfermó y, al poco tiempo, falleció. Ahí estuvimos al pie del cañón, porque para nosotros su historia y sus hermanos eran tan importantes como ella.

Yo digo que se animen. Lamentablemente en ese momento no tuvimos apoyo del juzgado y todo lo que hacíamos era por nuestra cuenta. Creo que eso es fundamental para las familias que decidan transitar por este camino, sentirse acompañadas y apoyados.

El juzgado en ese momento nos volvió locos, la ley era distinta, no facilitaban nada, es más, veían hasta raro que nos interesara adoptar una chica de esa edad. Recién a los 18, Daniela pudo tener los papeles como hija nuestra. Fue una lucha, siempre digo que nos dieron la adopción por cansancio.

Ella dice que somos los mejores abuelos. Yo digo que somos padres presentes. La alegría es inmensa. A los que piensan en adoptar a algunos de los tantos chicos grandes que esperan, el mejor consejo que puedo darles es que es un camino de construcción con muchos momentos difíciles, pero que llega ese tiempo en que te olvidás de todo lo duro que pasaste para sentir solo amor incondicional.

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