Mona Lisa, el enigma: cinco siglos después, el Da Vinci fascina con su invencible misterio

Una hipótesis reciente señala que el hipotiroidismo que padecía la modelo de la obra, iniciada en 1503, la condenó a la sonrisa eterna; el caso sigue cautivando a médicos, críticos de arte y psicoanalistas
Una hipótesis reciente señala que el hipotiroidismo que padecía la modelo de la obra, iniciada en 1503, la condenó a la sonrisa eterna; el caso sigue cautivando a médicos, críticos de arte y psicoanalistas
Héctor Llanos Martínez
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1 de octubre de 2018  

MADRID, España.- Si atendiéramos todas las hipótesis en torno a la Mona Lisa, la modelo del célebre cuadro de Leonardo da Vinci sería un collage de varias identidades. O la mujer más enferma de la historia.

La obra, iniciada en 1503, acumula más de cinco siglos de enigmas y millones de visitantes cada año que pasan por su hogar, el Museo del Louvre. Giorgio Vasari, autor del libro Vida de artistas, explicaba ya en el siglo XVI que la mujer del cuadro era Lisa Gherardini, la esposa del adinerado comerciante florentino Francesco del Giocondo, que había encargado el cuadro al genio italiano. De ahí los títulos del cuadro Mona Lisa o La Gioconda. Su título oficial es Retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo. Como veremos en el repaso de hipótesis en torno a esta obra, es algo que también se ha cuestionado.

Para comentarlas, hemos consultado al investigador egipcio Donald Sassoon, autor de Mona Lisa. Historia de la pintura más famosa del mundo y profesor de Historia Europea Comparada en la universidad londinense Queen Mary, y con Ernesto Solari, historiador de arte y experto en Leonardo da Vinci. Ambos se muestran escépticos sobre estas teorías, por lo difícil que resulta sacar conclusiones acerca de la salud y de la identidad de una persona a partir de un cuadro de hace 500 años.

"Todas las teorías médicas son un absurdo; son basura sin ninguna evidencia que las sustente. Si fuera tan fácil diagnosticar algo, enviaríamos una foto nuestra al médico en vez de ir al consultorio. Para diagnósticos serios, se necesita hacer análisis", comenta Sassoon. La hipótesis que le resulta más divertida es la de que era bizca. Pero hay muchas más.

Historia clínica

La teoría más reciente señala un problema de tiroides que la condenaba a llevar esa característica sonrisa. Lo defiende Mandeep R. Mehra, director médico del Centro Cardíaco y Vascular Brigham, en Boston. Aunque se ha desarrollado en 2018, lleva décadas mencionándose.

Mientras observaba la obra más famosa del museo parisino durante una visita a Francia, al médico le sobrevino una nueva idea. Defiende que la curiosa anatomía de la Mona Lisa quizá desvele una condición médica: el hipotiroidismo. Justifica su teoría en una carta al editor de la revista médica Mayo Clinic Proceedings. La piel amarillenta, la ausencia de cejas y el nacimiento del pelo muy atrasado de la modelo del cuadro son algunos de los síntomas físicos que Mehra relaciona con los problemas de tiroides. Una forma extraña de cuello, que el doctor plantea como un posible bocio, y la hinchazón de la mano derecha son otros de sus argumentos. Un posible hipotiroidismo provoca un "retraso psicomotor y debilidad muscular", asegura el médico en el texto, lo que podía explicar esa sonrisa incompleta en el rostro de la modelo.

El crítico de arte Jonathan Jones apuntaba en 2017, en The Guardian, que la Gioconda tenía sífilis. Era una enfermedad muy común en Europa durante los primeros años del siglo XVI. Para reforzar su teoría, con la que pretende explicar el tono lúgubre de un cuadro "lleno de enfermedad y muerte", el británico recuerda que uno de los pocos documentos históricos relacionados con Lisa Gherardini es la compra de algo tan inusual como el agua de caracol.

"En tiempos anteriores a la medicina moderna, era uno de los ingredientes básicos para combatir las enfermedades de transmisión sexual", comenta Jones en su artículo, en el que admite que esa compra está fechada más de una década después de que la mujer posó para el pintor. El diagnóstico del doctor Vito Franco, de la Universidad de Palermo, defendía que la Gioconda tenía los niveles de colesterol muy elevados. "Oh, qué interesante, tenía colesterol como la mayoría de nosotros -explicaba al diario italiano La Stampa en 2010-. ¿Llegaría a los titulares de la prensa que el modelo de un cuadro tiene colesterol si no fuera porque es el cuadro más famoso?", se pregunta el escritor británico.

Julio Cruz y Hermida publicó en 2002 el libro La Gioconda vista por un médico, en el que arriesga una parálisis facial para explicar la sonrisa. Entre otras cuestiones, también menciona la posibilidad del estrabismo que tanto divierte a Sassoon. Sus afirmaciones se apoyan en los primeros bocetos de la obra, que conserva el Museo de Chantilly (Francia), que en su opinión demuestran cómo el pintor fue corrigiendo ese detalle del rostro de su modelo. El propio Cruz y Hermida comenta en su libro que la razón por la que aparece con la boca cerrada es por un bruxismo que le hacía rechinar los dientes hasta perder algunas de sus piezas.

Para contrarrestar estas justificaciones, Sassoon recuerda la versión de Giorgio Vasari, casi contemporáneo de Da Vinci, para explicar la sonrisa de la Mona Lisa. Da Vinci contrató a músicos y cómicos para que entretuvieran a la mujer durante las horas en que debía posar inmóvil. Fue precisamente quien certificó la identidad de la modelo de Da Vinci como Lisa Gherardini. Para tener tantos achaques, es sorprendente que viviera más de 30 años después de posar para el cuadro. Entonces tenía menos de 25 y se sabe que Gherardini falleció con más de 60.

A no ser, claro, que ella no fuera la mujer del cuadro, como apuntan algunas teorías. Se han barajado identidades tan peregrinas como que era una cortesana italiana. Ernesto Solari, experto en Da Vinci, recuerda que "hay cientos de atribuciones como esa. Todas ellas carecen de pruebas sólidas. No hay estudios, documentos, bocetos ni referencias que den veracidad a ninguna de ellas".

La presencia de la madre

El psiquiatra británico Digby Quested presentó en 1992 la teoría del "espejo invertido", publicada en un artículo para el Bulletin of the Royal College of Psychiatrists. "La sonrisa de Mona Lisa se inclina hacia la izquierda, gesto más común entre los hombres. La imagen es un autorretrato invertido, tanto en la mirada oblicua como en el género sexual", decía entonces. Su hipótesis estaba basada en análisis hechos por ordenador una década antes, que demostraban que los rasgos de la Mona Lisa y del conocido autorretrato de Da Vinci en su vejez "casaban" casi a la perfección. "Otra tontería", sentencia Donald Sassoon.

Angelo Paratico, un historiador y novelista de Hong Kong, planteó en 2014 que el famoso retrato era en realidad el de Caterina, una esclava china que era, además, la madre del pintor. Su teoría barrunta que el padre de Da Vinci, un notario, pudo conocerla a través de alguno de sus adinerados clientes. Era habitual en esa época que en países como España o Italia los ricos tuvieran a su lado esclavas chinas.

El registro de Caterina se perdió justo tras el nacimiento del pintor, en 1452, aseguraba Paratico. El hecho de que Leonardo escribiera al revés, fuera zurdo y vegetariano, algo muy raro en la Europa de la época, pero muy común en Asia, sirve de argumento para su teoría.

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, también conjeturaba que la madre del artista estaba presente, de una forma u otra, en el cuadro. La media sonrisa de la mujer que aparece en él pertenece a un recuerdo de Leonardo de su madre y no a la modelo original, contaba en el libro Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci.

En cuanto a la identidad de la modelo, que se sigue discutiendo, hay quien señala que se llamaba Constanza de Ávalos y era duquesa de Francaville. A pesar de su escepticismo, Ernesto Solari considera que la hipótesis más creíble de las que rechazan la versión oficial es la de esta aristócrata italiana mientras era Duquesa de Milán, entre 1489 y 1494.

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