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Que viva el rugby

Carlos M. Reymundo Roberts
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1 de octubre de 2018  

El rugby sigue siendo, muchas veces, ejemplo de deportividad, de conducta. Una forma de educar en valores. Y cuando no lo es, olvida su esencia. Días atrás, el equipo de la división Menores de 16 años (M16) del club Areco Rugby, de San Antonio de Areco, jugaba un partido contra Delta, de Tigre, por el campeonato de la Unión de Rugby de Buenos Aires. Faltaban minutos para el final y Areco se imponía por poca diferencia. En un penal a favor de Delta, su jugador Facundo Nigro, un robusto y muy buen forward, se desprendió del scrum y en gran acción corrió hasta zambullirse en el ingoal rival con un racimo de jugadores de Areco a cuestas que intentaban que no apoyara la pelota en el piso. El réferi inmediatamente cobró try, con lo cual Delta pasó a ganar el partido. Dado lo poco que faltaba, probablemente ese iba a ser el resultado definitivo. Pero pasó algo inesperado. Cuando Nigro se levantó, le dijo al juez que no había logrado apoyar. Es decir, que no había sido try. El réferi revió entonces su decisión y anuló la conquista. Delta perdió el partido. El gesto fue destacado en una carta de los directivos de Areco a los de Delta.

"¡Que viva el fútbol!", suele decir el relator Rodolfo De Paoli. Hoy, que viva el rugby.

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