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Una presión negativa: quebrar el maleficio de los All Blacks es una cuenta pendiente de los Pumas

Rieko Ioane, un rayo neozelandés, seguido a la distancia por Sebastián Cancelliere
Rieko Ioane, un rayo neozelandés, seguido a la distancia por Sebastián Cancelliere Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
Alejo Miranda
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1 de octubre de 2018  

La acción más deslumbrante del partido fue todo un símbolo de las diferencias que persisten entre el rugby argentino y el neozelandés. Off-load de Sonny Bill Williams con dos marcadores encima, entrada como un rayo de Rieko Ioane, try de Patrick Tuipulotu un par de acciones más tarde: 28-3 para los All Blacks. A los 13 minutos del segundo tiempo, el partido quedaba sentenciado. La ansiada primera victoria en la historia ante Nueva Zelanda debía seguir esperando.

Entre 1976 y 2011, los Pumas se enfrentaron 18 veces a los All Blacks en 35 años. Registraron un empate (1985) y dos veces estuvieron a punto de ganar (2001 y 2006). Los tres partidos fueron en Buenos Aires. Desde 2012, con el ingreso de la Argentina al Rugby Championship, hubo 14 enfrentamientos. Nunca se estuvo cerca de romper el estigma. Los partidos de local fueron en los que más diferencia hubo. Todos se definieron antes de los 50 minutos.

El crecimiento del seleccionado argentino desde que se inmiscuyó en el antiguo Tri-Nations ha sido gigante, mismo en medio de la difícil transición post Mundial 2015. Así y todo, quebrar el maleficio de los All Blacks sigue siendo una cuenta pendiente. Y los partidos que los Pumas jugaron de local fueron más cuesta arriba todavía.

El fenómeno se explica por una confluencia de situaciones múltiples. La superioridad de los visitantes es la más evidente, pero no la única. ¿Por qué los Pumas bajan su rendimiento cuando llegan a este partido? El de anteayer fue el peor de los cinco del ciclo Ledesma. Para ganarles, además, se necesita alguna contribución de los de negro, como dos semanas atrás en Wellington ante los Springboks. ¿Por qué sus esporádicos bajones nunca coinciden con sus incursiones por la Argentina?

El sábado quedó evidenciado como nunca que el récord negativo actúa como una pesada carga que incide en los jugadores. Ellos no tienen la culpa que a Ernesto Ure se le haya caído la pelota en un scrum-5 en el empate de 1985, que Felipe Contepomi no haya sacado la pelota afuera cuando la victoria estaba sellada en 2001 o que los forwards no hayan podido quebrar el in-goal luego de estar tres minutos a centímetros del try en la caída por seis puntos en 2006. Desembarazarse de todo ese pasado que no les atañe directamente es la primera condición para romper el hechizo.

De gira, el equipo está más enfocado en el juego. Pero cuando los jugadores están en la Argentina, toda esa ilusión se magnifica. Las distracciones durante la semana se multiplican, el foco se desvía. No es una situación sencilla de manejar. "Hay que volver a encausarse y poner la cabeza en nosotros más que en las expectativas de la gente", dijo con acierto Mario Ledesma tras el partido.

Otra de las imágenes que se repitió el sábado fue la del confeti plateado volando por los aires y el capitán de turno de los All Blacks levantando la copa de campeón del Rugby Championship. Por quinta vez en los seis títulos que ostentan, el festejo fue en la Argentina. En 2012 y 2014 fue en La Plata, los últimos tres años en Vélez. Sólo en 2013 debieron esperar a la última fecha para consagrarse en el Ellis Park de Johannesburgo. Cada vez que vienen a la Argentina lo hacen potenciados por tener la mira en el campeonato.

No se puede soslayar, tampoco, que la era de los Pumas en el Rugby Championship coincide con la de máximo esplendor de los All Blacks. Si bien casi siempre fueron los dominadores a nivel mundial, excepto algún que otro interludio de los Springboks o hasta la generación dorada de Gales, nunca su superioridad fue tan marcada como en los últimos ocho años.

Además, los All Blacks tienen una gran ventaja en sus visitas a la Argentina respecto de sus dos rivales. Primero, porque lo hacen después de un fin de semana de descanso. Y como si fuera poco, tienen vuelo directo Auckland-Buenos Aires. Springboks y Wallabies, en cambio, siempre enfrentan a los Pumas en el interior e inmediatamente después de jugar en Sudáfrica, generalmente en una provincia. El itinerario de Australia para esta semana, por ejemplo, es Port Elizabeth-Johannesburgo-San Pablo-Buenos Aires-Salta. Un viaje demoledor. ¿No sería una buena alternativa, aunque más no sea para incomodar un poco al rival, llevar el partido ante los All Blacks al interior?

La vez que los Pumas estuvieron más cerca de los All Blacks en ese lapso fue en el partido que abrió el Mundial 2015 para ambos, en Wembley. La diferencia de 10 puntos (26-16) es la más exigua desde 2006. Acaso haya que esperar a Japón 2019 para sacarse el estigma.

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