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Pasado de copas: la batalla de San Lorenzo y un San Martín fashionista

Sarmiento y Avellaneda entre risas, aunque eso no quitó que hubiera (muchas) rivalidades
Sarmiento y Avellaneda entre risas, aunque eso no quitó que hubiera (muchas) rivalidades
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1 de octubre de 2018  • 02:31

La original forma de repasar la historia en Pasado de copas permitió esta vez acercarse desde una óptica etílica a tres hitos de la historia argentina: la batalla de San Lorenzo, la pelea entre Firpo y Dempsey, y la curiosa rivalidad entre Sarmiento y Avellaneda.

En el primer relato, a cargo de Benito Fernández , Federico D´Elía se encargó de interpretar a un curioso San Martín. En 1813, el prócer argentino había fundado el ejército de granaderos poniendo, al parecer, el acento en los uniformes, porque él recibía las influencias de Europa y entendía mucho cómo debía vestir un regimiento a estrenar.

Con la misión de batallar contra las fuerzas españolas, San Martín encabezó un grupo de hombres y preparó una emboscada. Claro que eso no le impidió privarse de un capricho: " ¡Quiero un caballo blanco!". Algunos de sus hombres, que no tenían ni idea de dónde sacar un animal de ese color, tuvieron una epifanía y decidieron pintar un caballo marrón de color blanco, pero con cuidado, porque si lo hacían de manera despareja "iba a parecer una cebra".

Con una secuencia de imágenes dignas de video clip, San Martín se vistió de paisano, dejó sus bucles retozar al viento y, de ese modo, pudo estudiar el territorio para elaborar una estrategia de combate. En la batalla de San Lorenzo, él fue atacado en su dichoso caballo blanco pero Cabral, en un vistoso uniforme de lentejuelas, salvó al prócer solo para luego morir diciendo su épica frase: "Muero contento, hemos batido al enemigo" (aunque en este punto, Benito se preguntaba con franqueza quién pudo haberlo escuchado).

El segundo episodio de la entrega estuvo a cargo de la comediante Connie Ballarini, quien narró la velada pugilística entre el argentino Luis Ángel Firpo [interpretado por Benjamín Alfonso ] y el estadounidense Jack Dempsey. En 1923, una época en la que el boxeo era ilegal en Argentina, el deportista se tomó un vuelo a Estados Unidos donde comenzó a tener una próspera carrera. Para Connie, Firpo "era un pibe bueno, porque era del interior", y por ese motivo tuvo suerte en los comienzos de su carrera. En el país del norte, finalmente se le presentó una gran oportunidad cuando le ofrecieron retar a Dempsey. Con todo preparado y con gran expectativa en Argentina, la pelea comenzó y los luchadores se vieron frente a frente. Connie detalló cómo en los primeros tramos de la pelea, el argentino besó la lona siete veces. Pero en ese momento, Firpo dio vuelta la situación y de un golpe lanzó a su contrincante afuera del ring, aunque con una ayuda del árbitro que demoró el conteo y de los periodistas que lo ayudaron a incorporarse, "Jack Daniels fue el ganador" luego de revertir su mala racha.

Connie resaltó que el combate duró cuatro minutos ("si alguien estacionó tarde se lo perdió"), y luego contó que, eventualmente, Firpo se retiró del boxeo: "Se puso una concesionaria. No le funcionó bien, como los parripollos y las canchas de padel. Entonces se puso un criadero de pollos, y ahí sí se murió".

Luis Ziembrowski y un Sarmiento muy jovial
Luis Ziembrowski y un Sarmiento muy jovial

El último segmento se centró en una rivalidad entre Sarmiento y Avellaneda a partir de un árbol. Connie Ansaldi explicó que Sarmiento [muy bien interpretado por Luis Ziembrowski] odiaba a Rosas, y que los federales y unitarios "fueron el inicio de la famosa grieta". Por lo que cuando Sarmiento pudo tomar los terrenos de su rival, decidió poner un parque "para que entre el pueblo que viene de las profundidades del conurbano".

Pero la inauguración no la pudo llevar adelante el padre de la educación argentina, sino su sucesor en la presidencia: Nicolás Avellaneda, en la piel de Alejandro Fiore. Para Connie, eso era como si "Cristina Kirchner tuviera que inaugurar una obra de Macri". Por ese motivo, entre ambos no hubo buena vibra. Y si bien Sarmiento quería poner en ese parque un arrayán, Avellaneda quería poner una magnolia por pedido de su mujer, porque él "era medio pollera y le hacía caso a ella". Los hombres entraron en una discusión, pero Ansaldi destacó que con el tiempo, la Magnolia aguantó y Avellaneda se salió con la suya.

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