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Francia llora a Charles Aznavour, el hijo de inmigrantes que supo vivir cien vidas

Charles Aznavour murió hoy, a los 94 años
Charles Aznavour murió hoy, a los 94 años Fuente: Archivo
Luisa Corradini
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1 de octubre de 2018  • 14:19

PARIS - Sus raíces armenias lo templaron para sobrevivir a éxodos y desconsuelos. En 70 años de éxito planetario compuso más de 1400 canciones, actuó en 60 películas, fue amigo de Frank Sinatra, Jean Cocteau, Ray Charles y Liza Minelli, protegido de Edith Piaf, seductor empedernido, pero -finalmente- hombre de una sola mujer. Charles Aznavour , que falleció hoy en París a los 94 años, vivió cien vidas, pero, sobre todo, se transformó en el símbolo de una Francia otrora capaz de recibir en su seno a millones de víctimas de los cataclismos del siglo XX. "Nunca olvidé de dónde vengo. Vi a mi padre subir la colina de Montmartre tirando una carreta. Yo no soy un nuevo rico, soy un antiguo pobre", le dijo a LA NACION en París hace diez años, cuando se preparaba para hacer el que sería su último viaje a la Argentin a.

Ese padre se llamaba Mischa Aznavourian. Había nacido en Georgia, hijo de un antiguo cocinero del zar Nicolás II. Su madre, Knar, era hija de comerciantes turcos. Ambos huyeron del genocidio perpetrado por Turquía contra los armenios entre 1915-16 y, al término de un largo periplo, terminaron instalándose en París.

Allí nació Charles, un 22 de mayo de 1924. Rápidamente atraído por la escena, hizo sus debuts teatrales y cinematográficos a los nueve años. Pero su verdadera pasión fue siempre la escritura, literaria y musical.

Charles Aznavour - "La Boheme" - Fuente: YouTube

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Sus primeras canciones fueron interpretadas por otros: Maurice Chevalier, la Mistinguet, Juliette Greco y, sobre todo, Edith Piaf, que lo tomó bajo su protección, le "hizo salir canas verdes" y lo alentó a lanzarse por su cuenta. Pero nada le resultó fácil. Al comienzo, su escasa belleza, su pequeña estatura y su voz afónica tan particular provocaron burlas y rechazos.

"Tuvimos la primicia de una presentación que nos llevó al tiempo de las imágenes monstruosas, a los siglos del Jorobado de Notre Dame y los Misterios de París. Escuchando a ese señor Aznavour, terminamos preguntándonos por qué no cantar con una pata de palo", dijo un crítico radiofónico al comentar su debut en el Olympia de París, en 1955.

Pero hacía falta mucho más para terminar con su determinación. Tras 17 años de empeño, el milagro se produjo una noche en la ciudad marroquí de Casablanca, donde los espectadores, de pie, se negaron a dejar la sala. Charles Aznavour creía soñar.

Desde entonces se convirtió en el símbolo de un romanticismo realista, que busca sus emociones en la vida misma. Sus canciones ponen hablan de personajes de todos los días, situaciones mil veces vividas, sentimientos complejos y dolorosos. Gracias a la magia de las palabras, elevó esa poesía popular a un nivel jamás alcanzado. Antes de él, nadie se había atrevido a cantar la soledad desesperada de un homosexual ("Comme ils disent"), describir de esa forma la muerte del deseo ("Tu t'laisses aller") o contar la triste trayectoria de un artista fracasado ("Je m'vois déjà").

Charles Aznavour - "Venecia sin ti" - Fuente: YouTube

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Charles Aznavour forma parte de ese exclusivo círculo de creadores que supieron atravesar todas las modas y las revoluciones musicales, que conmovieron el siglo XX sin verse obligados a cambiar o modificar su trayectoria ni a transigir con las ideologías de moda.

Ese hombre -rico, adulado, célebre y bien casado- tampoco fue insensible a los problemas del mundo. Todo lo contrario. Toda su vida luchó por la causa armenia y el reconocimiento del genocidio de 1915. En los últimos años se declaró a favor de la acogida de los inmigrantes en Francia, defendiendo la idea de repoblar con ellos las pequeñas ciudades del interior, víctimas por el éxodo rural. "Me da una tristeza enorme ver esa gente, con sus niños pequeños, que no tienen adónde ir. Es algo que no conocí, pero pienso que mis padres lo vivieron", declaró.

Cuando ya tenía 80 años, padre de seis hijos, abuelo fascinado con sus nietos, Charles Aznavour podría haber disminuido su ritmo de vida. Imposible para ese creador en perpetua ebullición "¿A quién le gustan las aguas estancadas? A mí no. Tienen un terrible olor. Yo necesito moverme. Es peligroso no hacer nada. Los jubilados se mueren", le confesó a La Nación.

Aznavour siguió recorriendo el mundo con música hasta pocas semanas antes de su muerte
Aznavour siguió recorriendo el mundo con música hasta pocas semanas antes de su muerte Fuente: Archivo

Insaciable devorador de conocimientos, todas las noches hasta poco antes de morir, leía el diccionario durante una hora y practicaba uno de los diez idiomas que era capaz de hablar.

Si hubiera que escoger una última imagen de ese auténtico poeta, la más bella, la más simbólica de su larguísima carrera, sería la serie de recitales en la gigantesca sala parisina de Bercy, a los 93 años, en 2017. Su hazaña musical fue impecable, como él. A la vez concentrada y cálida, interpretando con el mismo fervor sus éxitos más grandes, desde "La Bohème" a "Mes emmerdes", de "Ave Maria" a "Il faut savoir".

Justeza de la voz a pesar de la edad, precisión del gesto, confidencias escogidas -pero siempre púdicas-, humor y un repertorio constelado de pequeñas perlas. en cada una de aquellas veladas, el público hipnotizado comprendía por qué Charles Aznavour era el último gigante de la canción francesa.

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