En cine, una gran lista de grandes temas y una presencia fundamental

En Disparen sobre el pianista, de Truffaut
En Disparen sobre el pianista, de Truffaut
Javier Porta Fouz
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2 de octubre de 2018  

Murió, cantando y de gira casi hasta el final, uno de los mayores artistas populares que haya conocido este mundo. Verdaderamente popular, no meramente masivo (y vendió unos doscientos millones de discos): Charles Aznavour fue alguien que supo conectar con el público: el de su país y de tantos otros, con sus propias raíces familiares, con diversos criterios de afinidad alrededor del mundo y durante muchas décadas. Era de esos artistas que, como Jean Cocteau, parecía haber estado en todos lados y con las personas claves en los momentos justos. Con Edith Piaf cuando él empezaba y con una lista interminable de grandes nombres de la canción de todo el mundo después.

Aznavour cantó y actuó casi desde su principio: no llegaba a los 10 años y ya había debutado en teatro, y poco tiempo después en cine. Su filmografía como aportante de canciones, tanto interpretadas como compuestas -fue uno de los más exitosos compositores, sin más-, incluye decenas de títulos, y basta decir "She", según muestra Un lugar llamado Notting Hill, para entender su estatura, su presencia, su relevancia.

Como actor trabajó con directores como Georges Franju, Volker Schlöndorff y Atom Egoyan (Ararat es uno de sus roles fundamentales, también por su pertenencia armenia). Su carrera en el cine no fue, en absoluto, tan grandiosa y amplia como la que tuvo en la música, pero solo con una película, una actuación, un protagónico, Aznavour debería ser un nombre insoslayable también en el séptimo arte.

Y no solamente porque Disparen sobre el pianista (Tirez sur le pianiste, 1960, de François Truffaut) es una de las más grandes películas de uno de los más grandes directores de la historia del cine.

En ese policial negro con gánsteres, romántico y con mucha música -esa combinación es uno de sus tantos milagros-, Aznavour demuestra que puede (de forma grácil, sin esforzar ningún trazo, ningún gesto) con el peso de uno de esos personajes verdaderamente memorables: Charlie Kohler, pianista de un bar de mala muerte, pero con un pasado distinto, de esplendores y triunfos, en el que tenía otro nombre. Con un amor anterior que terminó en tragedia y uno en el presente que podría ser más luminoso, un presente que podría convertir todo -otra vez y desde otro ángulo- en una tragedia. Charlie arrastra sus circunstancias porque no puede huir del todo y de todo, y lo sabe, y se le ve en los ojos.

La película y Aznavour ostentan una fortaleza que puede comprobarse cada vez que uno vuelve a ver Disparen sobre el pianista, una película que nos recompensa siempre y nos muestra que siempre será capaz de ser musical, triste, humorística, plebeya y siempre divertida. Una película hermosa y con la mejor actuación en el rubro "mirada melancólica" jamás lograda: la de Charles Aznavour.

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