Tres tristes tigres

Noelia Rivero
Noelia Rivero LA NACION
Fuente: AFP - Crédito: Edición fotográfica Julián Bongiovanni
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2 de octubre de 2018  

HAMBURGO, ALEMANIA.- No se sacian los ojos de seguir los dibujos del pelaje, la mente de imaginar el trueno que se asoma apenas en un bostezo de tan magnífico animal. Es una escena alegre: cachorros en juego entre hojitas secas y heno. Pero la calabaza cortada señala que su hábitat no es el natural. Son dos de los cuatro jóvenes tigres del parque zoológico Tierpark Hagenbeck, el primer zoo en utilizar fosos para separar al público de los animales en vez de las alusivas rejas. También, un zoológico que hasta 1909 exhibía humanos: samoanos e inuits estaban entre las colecciones del fundador y patriarca de la familia Hagenbeck, dueños del parque hasta hoy día. Detrás del tierno espectáculo con cacería de calabazas rellenas de carne que protagonizaron los felinos, permanece la raíz de lo que Eric Hobsbawm llamó la era del imperio. El cautiverio. La libertad aún espera su lugar en la historia.

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