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De 60 a 10m²: así usa los espacios la familia que se mudó a un barco

Los desayunos en el balcón pasaron a ser mañanas en el cockpit, entre otras nuevas maneras de vivir
Los desayunos en el balcón pasaron a ser mañanas en el cockpit, entre otras nuevas maneras de vivir Crédito: Constanza Coll
Constanza Coll
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2 de octubre de 2018  • 16:04

El colectivo imaginario de "velero" tiene muy poco que ver con nuestro Tangaroa2. En las publicidades y en las películas se ven barcos con cubiertas de teca, timones de rueda, tapizados de cuero blanco, muy veloces, inmensos a lo largo, a lo ancho y en la altura interior. Hay barcos así, de revista, y barcos que son casas. El nuestro mide 9 metros, es de acero, está pintado de color amarillo y tiene el espacio justo y necesario para haberse transformado en el hogar de dos adultos y un bebé de dos años.

"¿A un barco?", era la pregunta de rigor cada vez que contábamos este proyecto de viaje por la costa de Brasil. E inmediatamente después seguía un interrogatorio que iba más o menos así: "¿Y duermen ahí?", "¿Y cómo se bañan?", "¿Y tiene cocina?", "¡¿Y tele?!". Lo cierto es que hay muchísimas personas viviendo y viajando en barcos por el mundo, sólo que como se mueven por agua no se los ve tanto, y suelen tener un perfil bajo. También están los que eligen vivir a bordo por cuestiones económicas, para evitar el pago de impuestos y servicios.

En nuestro caso, antes de mudarnos al Tangaroa2 vivíamos en un departamento de tres ambientes en Núñez, de unos 60 metros. Nuestra casa quedó alquilada con todo lo que tenía adentro y nos trajimos al barco las cosas realmente necesarias, como documentos y seguro del viajero, ropa de verano, medicamentos, teléfono con roaming, juguetes para Ulises y protector solar. El Barco Amarillo tiene unos 10 m² entre afuera y adentro, una sexta parte de aquel departamento. Sin embargo, el espacio rinde y se agranda cada día que pasamos a bordo.

1. Balcón vs. Cockpit

Nuestro balcón en Buenos Aires es amplio y con vista a la copa de los árboles sobre la calle Grecia, lo usábamos para tomar mate y colgar la ropa. El cockpit del Tangaroa2 es bastante más grande, probablemente porque es el corazón del barco: desde acá se navega, se establecen las velas y el rumbo; y cuando no estamos en viaje, es el lugar donde juega Ulises, donde miramos las estrellas y el horizonte 360°. Tiene bancadas a los lados, el timón en el medio, y una parte para sentarse sobre la popa. Abajo, casi en toda la superficie, hay espacio de guarda donde van los bidones de nafta, cajas de herramientas, toldos y carpas, escalera para subir al mástil, defensas y más. Cuando llueve o hay demasiado sol, ponemos un toldo para poder usar este gran espacio, nuestro favorito en el Tangaroa2.

2. Cocina vs. Anafe

Desayuno, almuerzo, merienda y cena: salvo que estemos de paseo en alguna ciudad o playa, ahora somos tres personas haciendo las cuatro comidas. Antes Juan almorzaba en la oficina, Ulises comía apenas unas cucharadas, y teníamos una cocina como cualquiera. Hoy no tenemos heladera, tuvimos que sacrificarla para poder montar un pequeño camarote para Ulises. Conservar en frío sólo es posible si compramos hielo, que en la conservadora dura casi 48 horas. Y para cocinar tenemos un sólo fuego, un anafe a alcohol sobre el que ponemos pava, sartén, cacharro, olla a presión o Essen, según el caso. Con paciencia y maña, podemos hacer casi cualquier plato. La especialidad de la cocina a bordo, en todo caso, tiene que ver con los productos que conseguimos, de los pescadores vecinos y de los mercados que visitamos.

3. Baño vs. Baño a bordo

En el Tangaroa2 hay inodoro, y está separado del resto del barco por una puerta, pero no tenemos ducha y ni hablar de agua caliente. Esta parte representa una dificultad, o una incomodidad, especialmente para la tripulante con pelo largo. Cuando no estamos en clubes con vestuarios, nos bañamos con un rociador que hace salir el agua a presión, una simple herramienta de jardinería que permite duchas con menos de dos litros de agua. La maniobra es así: primero entramos al mar, luego nos enjabonamos y ponemos shampoo, y por último nos enjuagamos con agua dulce. Es importante aclarar que este es el bien más preciado y limitado a bordo, ya que el Tangaroa2 tiene dos tanques de agua de casi 90 litros cada uno. Un dato interesante, para dimensionar, es que en una ducha terrestre de 10 minutos se consumen unos 200 litros, ¡más que nuestros dos tanques juntos!

La escotilla por donde se entra a la cabina.
La escotilla por donde se entra a la cabina. Crédito: Constanza Coll

4. Dormitorios vs. Camarotes

Mientras el cuarto de Ulises en Buenos Aires medía unos 4 x 4 metros, su camarote actual ocupa lo que antiguamente un frigobar. Es un triángulo en la proa, con un colchón a rayas blancas y azules y una ventana en el techo: Ulises señala estrellas mientras le contamos historias para dormir. Nuestro camarote, en la popa, tiene el espacio de una cama de dos plazas, tres tambuchos en distintas direcciones que hacen circular el aire, y paredes curvas siguiendo el contorno del casco, que son muy cómodas para apoyarse a leer, por ejemplo. Los camarotes son compactos, pero generan una sensación de intimidad, como de nido o "aconchego", que en portugués significa algo así como abrazo o "abrazante".

5. Living comedor vs. Cabina

Hasta acá, subimos al barco por el cockpit (por atrás) entramos bajando unos escalones, tenemos el baño a una banda y el camarote principal a la otra, y adelante de todo, el de Ulises. En el medio está la cabina, con una mesa de navegación, y otra de quita y pon donde comemos si no dá para comer afuera, sillones/cuchetas a ambos lados con pequeños espacios de guarda, para elementos de cocina y de uso diario. Acá se van la mayoría de los m² del Tangaroa2, es un gran espacio que compartimos con los amigos que nos visitan. Aún no sucedió, pero muchos fueron invitados a dormir a bordo, ya veremos si se animan.

Los invitamos a seguir nuestro viaje en Instagram: El_Barco_Amarillo / Facebook: Tangaroa2 o por la web www.elbarcoamarillo.com.ar

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