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Crónicas del crimen

Asesinato en el peaje: tirar a matar por un incidente de tránsito

Gabriel Di Nicola
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2 de octubre de 2018  

Pablo Piccioli tenía 18 años y soñaba con ser periodista deportivo; el 9 de octubre de 2005, tras una discusión por una mala maniobra, el vigilador privado Edgardo Petrocchi lo mató de un disparo en el abdomen; fue condenado a 15 años de cárcel; desde entonces, el padre de la víctima militó por el mayor control de las armas

Fuente: Archivo

Pasaron casi 13 años, pero la herida en el corazón de Dante Piccioli continúa abierta. Nunca va a cicatrizar. Imposible. El dolor por la pérdida de su hijo Pablo sigue latente. Esta semana, el homicidio en la autopista Illia protagonizado por un prefecto, le devolvió esas imágenes del pasado que le queman. Dentro de cuatro días, como lo hace cada año para el aniversario del crimen, visitará la tumba en el cementerio Parque Memorial, de Pilar. Siente que es una forma de estar juntos.

Pablo Piccioli tenía 18 años. Estudiaba Comunicación Social y soñaba con ser periodista deportivo. Con un seudónimo había llegado a escribir en la revista del Indio Cuá Country Club, en Exaltación de la Cruz. Pero su vida y sus sueños se interrumpieron abruptamente el 9 de octubre de 2005. Después de una banal discusión de tránsito, fue asesinado a quemarropa a metros de la cabina de peaje del kilómetro 35 de la Panamericana, a la altura de Pablo Nogués, Malvinas Argentinas.

Por el homicidio, un año y medio después, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 6 de San Martín condenó a 15 años de prisión a Edgardo Petrocchi, asesor de una empresa de seguridad privada y legítimo tenedor de la pistola con la que segó la vida de Pablo.

"No tengo ninguna queja. Tanto en la etapa de instrucción como en el juicio se actuó con celeridad. Solo me resta decir que la pena podría haber sido mayor", sostiene hoy el padre de Pablo.

Con ese dolor inagotable a cuestas, Dante Piccioli trabajó y luchó para que casos como el de su hijo no se repitieran. Piccioli se acercó entonces a la Red Argentina para el Desarme (RAD), creada un año antes. Menos de un año después, en agosto de 2006, Martín Ríos, un desquiciado al que el Estado le había dado permiso para tener un arma de fuego, abrió fuego a diestra y siniestra en la avenida Cabildo, en Belgrano. Mató a otro estudiante como Pablo: Alfredo Marcenac.

Con sus casos como estandarte, ellos y las organizaciones sociales que integran la RAD, fueron el motor para conseguir que el gobierno de Néstor Kirchner anunciara, el 10 de agosto de 2007, el Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de Fuego, todavía vigente.

"En aquella época decíamos que la problemática de las armas no estaba en la agenda pública. Hubo un cambio, pero en la actualidad disminuyó la política de control por parte del Estado", afirma hoy Piccioli.

Es una verdad de Perogrullo hablar de las similitudes entre el homicidio de Pablo Piccioli y el de Damián Cutrera, de 41 años, ocurrido la madrugada del domingo pasado a un palmo de las cabinas de peaje de la autopista Illia, en Retiro. El día que se conoció el veredicto contra Petrocchi, muy conmovida, Alejandra Dizeo, la madre de Pablo, había dicho: "No estoy contenta porque no tengo a mi hijo, que es lo más importante. Espero que su homicidio no sea en vano. Ojalá que esto sirva". Pero con 13 años de distancia, la historia se repitió: una discusión, un arma de fuego que aparece para zanjar la disputa. La tragedia.

Durante el debate, la familia de la víctima, representada por el fallecido abogado José Licinio Szelci, había solicitado que Petrocchi fuese condenado a la pena de 25 años de cárcel -la máxima- por el delito de homicidio simple en concurso real con amenazas.

En su fallo, que después fue confirmado en las instancias superiores, los jueces de San Martín Patricia Toscano, Javier Mariani y Mario Yutiz concluyeron que Petrocchi no había matado accidentalmente a Piccioli, y que tampoco había actuado bajo un estado de emoción violenta, como argumentaba la defensa del acusado.

Fallo por mayoría

Fuente: Archivo

El veredicto fue resuelto por mayoría. El juez Mariani, presidente del tribunal, votó, en disidencia, a favor de una condena de 19 años de prisión para Petrocchi.

Entre los agravantes a la hora de condenar a Petrocchi, los jueces enumeraron que el acusado trabajaba en una empresa de seguridad privada; la utilización de proyectiles de uso prohibido (balas de punta hueca); la futilidad del motivo; la edad de la víctima; las amenazas sufridas por Andrés Piccioli, el hermano de la víctima; la fuga protagonizada por el acusado y, finalmente, que el hecho tuvo una "naturalidad alevosa".

Para el abogado Javier Raidan, que fue parte del equipo que estuvo a cargo de la defensa de Petrocchi, la pena impuesta por el TOC N° 6 de San Martín fue elevada.

"Fue una condena excesiva. El Ministerio Público Fiscal había solicitado la pena de 14 años de cárcel, pero los jueces impusieron una pena de 15 años para calmar las expectativas de la calle", afirmó Raidan a LA NACION.

El abogado, 11 años y medio después del juicio oral y público, no tiene dudas de que si el homicidio de Piccioli no hubiese tenido tanta repercusión mediática, la condena habría sido menor.

También recordó que los jueces del tribunal no habían hecho lugar a la solicitud planteada por él y su colega Ricardo Ruggiero al inicio del debate: que Petrocchi fuera sometido a un peritaje psiquiátrico.

Aunque ya perdió contacto con él, Raidan informó que Petrocchi ya recuperó la libertad. La pena se extinguió por el paso del tiempo.

Jornada trágica

Fuente: Archivo

Aquel 9 de octubre de 2005, la tragedia golpeó dos veces a la familia de la víctima. Cuando se enteró de lo que le había pasado a Pablo, su abuela materna, Ángela Gatti, murió de un infarto.

En su voto en disidencia, el juez Mariani entendió que esa pérdida también debió haber sido considerada como agravante.

"¡Ayudame, que me muero!", fueron las últimas palabras de Pablo antes de morir, según recordó su hermano Andrés en el juicio oral y público. Él era el conductor del Renault Clio en el que volvían a su casa por la Panamericana. El joven estudiante, malherido en el abdomen, murió desangrado antes de llegar al hospital.

Como se dijo, el hecho ocurrió el 9 de octubre de 2005, en el kilómetro 35 de la autopista Panamericana. Un par de kilómetros antes, el Clio en el que viajaban los hermanos Piccioli fue rozado por un Daihatsu Charade rojo, lo que generó una discusión con el conductor del otro vehículo.

Al llegar al peaje, los hermanos y Petrocchi, que en ese momento tenía 57 años, se bajaron de sus respectivos autos y continuaron la discusión. Parecía que había quedado en eso, en insultos y agravios. Pero cuando los Piccioli volvían a su coche se les acercó por atrás Petrocchi. Casi como que abrazó a Pablo, antes de descerrajarle un tiro en el abdomen.

Durante su alegato, la fiscal del juicio, Laura Pascual, habló de la "sobrevalorización" que Petrocchi tenía en relación a su Daihatsu Charade rojo.

"Petrocchi obró con dolo directo de matar. Sabemos que el arma no se dispara sin apretar el gatillo. Esto es lo que hizo el imputado. No puede [el acusado] hablar de accidente. Señores jueces del tribunal, Petrocchi es un sujeto penalmente imputable", afirmó la fiscal, antes de pedir la pena de 14 años de prisión.

El disparó que mató al joven estudiante fue hecho con una pistola calibre .380 con una munición de punta hueca. Después de disparar, Petrocchi se escapó, pasó por su casa y le confesó a su hijo que se había mandado "una cagada". Estuvo prófugo durante tres días hasta que se entregó en los tribunales de San Martín.

Fuente: Archivo

Los peritajes determinaron que Pablo fue asesinado de un disparo a quemarropa, a no más de 50 centímetros de distancia. Esta conclusión científica fue reafirmada por las declaraciones de los automovilistas que presenciaron el hecho y que sostuvieron que el agresor, luego de discutir con Pablo y su hermano, volvió al auto, tomó su arma y, luego de abrazar y tomar por sorpresa al muchacho desde atrás, le disparó.

Cuando los detectives de la policía bonaerense allanaron la casa de Petrocchi, en Las Heras al 1800, Lomas de Zamora, hallaron en el automóvil del acusado proyectiles similares a los que los médicos extrajeron del cuerpo de Pablo. Eran las mismas balas calibre .380 del arma que le había dado al vigilador la empresa de seguridad privada para la cual trabajaba.

En la audiencia del juicio del 23 de marzo de 2007, 17 meses después del crimen, Petrocchi le pidió disculpas al padre de la víctima.

"Señor Piccioli: estoy arrepentido, pero nunca tuve la intención de dispararle a su hijo. Fui la primera víctima", sostuvo ese día.

Al terminar la audiencia, el padre del joven estudiante le dijo a LA NACION: "No creemos ni aceptamos el pedido de disculpas y de arrepentimiento de Petrocchi porque tuvo más de 17 meses para hacerlo y lo hizo en la última oportunidad antes de que se conociera el veredicto. Nos pareció un acto efectista y artificial. No creí ni una sola palabra de lo que dijo".

Andrés Piccioli, hermano de Pablo, logró recibirse de ingeniero industrial en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), después de haber abandonado los estudios durante siete años. Al igual que su padre, él también tiene una herida sin cicatrizar y cada tanto se pregunta: "¿Por qué no me mató a mí?".

Fuente: Archivo

La víctima: Pablo Piccioli, estudiante

  • Tenía 18 años y había comenzado la carrera de Ciencias de la Comunicación. Su sueño era ser periodista deportivo. Con seudónimo ya había comenzado a escribir crónicas, publicadas en la revista de Indio Cuá Country Club, adonde iba habitualmente con sus hermanos
  • De ese country volvía el domingo 9 de octubre a la caída del sol cuando un Daihatsu Charade rojo se cruzó imprudentemente delante del Renault Clio en el que iban él y Andrés, uno de sus hermanos
  • Tras el altercado con el otro automovilista, al que increparon por la maniobra vial, recibió un tiro en el abdomen que en pocos minutos se llevó su vida

Tres momentos del crimen

  • Primer evento - Discusión en la Panamericana: Un Charade rojo se les cruzó delante del Clio en la ruta; al llegar al peaje, los hermanos Piccioli se bajaron y fueron a increpar al otro automovilista, que entonces pareció no inmutarse
  • La hora fatal - Una reacción inesperada: Después de golpear una de las puertas del coche rojo, los hermanos enfilaron hacia su Clio, pero el otro automovilista se acercó con sigilo, abrazó desde atrás a Pablo y le disparó
  • Acto de justicia - Sentencia por homicidio: En marzo de 2007, un año y medio después del crimen, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 6 de San Martín condenó a Edgardo Petrocchi por homicidio simple

Fuente: Archivo

Autopista Illia: según los investigadores no fue "legítima defensa"

"Que se le haya escapado el tiro no surge de la lógica". Así, un investigador del homicidio de Damián Cutrera, el automovilista asesinado de un disparo tras una discusión de tránsito en la autopista Illia, el domingo pasado, se refirió a la hipótesis defensiva del único acusado del crimen, el prefecto Daniel de Jesús Acosta, de 28 años.

El asesinato de Cutrera, de 41 años, se produjo en horas de la madrugada del domingo pasado en las inmediaciones de las cabinas de peaje de la autopista, a la altura de Retiro.

Según informaron fuentes judiciales, en su declaración indagatoria Acosta sostuvo que su arma reglamentaria se le había disparado durante un forcejeo con la víctima.

"Nuestra labor técnica será tratar de demostrar que Acosta actuó en legítima defensa. Mi cliente tomó una decisión desacertada, pero en ningún momento tuvo intención de generarle un daño a la víctima", había dicho al Canal 26, el mismo día del hecho, el abogado Ramiro Zoloaga, que junto con su colega Ricardo Izquierdo defiende al prefecto.

El caso es investigado por la jueza porteña Patricia Guichandut y el fiscal Daniel Pablovsky. La familia de la víctima está representada en la querella por el abogado Ángel Ramallo. Curiosamente, el mismo letrado que defendió a Martín Ríos, el "tirador de Belgrano", en la causa por el homicidio de Alfredo Marcenac.

Ayer, por orden de la jueza Guichandut, se realizó una reconstrucción balística para intentar determinar cómo fue la secuencia de disparo. "De ninguna manera se trató de un acto de legítima defensa. No se puede uno defender con un arma de fuego de puño, si es que eso es lo que hubo", explicó a LA NACION una fuente que participa de la investigación.

Fuentes del caso dijeron que el prefecto sostuvo que no dejaba el arma en su casa por miedo a que se la robaran.

Prueba documental: Las cámaras de seguridad de la autopista Illia filmaron el momento en que el auto del prefecto llegó a la cabina del peaje de Retiro. Ya forman parte del expediente
Prueba documental: Las cámaras de seguridad de la autopista Illia filmaron el momento en que el auto del prefecto llegó a la cabina del peaje de Retiro. Ya forman parte del expediente Fuente: LA NACION

"La autopsia fue contundente: el proyectil ingresó de abajo hacia arriba [en el cuerpo de Cutrera]. En principio estamos ante un homicidio; ahora debemos determinar si tiene como agravante la alevosía o un agravante por tratarse de personal de una fuerza de seguridad", explicaron fuentes con acceso al expediente.

Érica Rocha, concuñada de la víctima, viajaba en el auto con Cutrera. En su declaración testimonial relató que viajaba en el asiento trasero del Renault Clio con su pareja, Paulo Rodríguez, y su cuñada y esposa de la víctima, Mónica Rodríguez, que en la causa fue aceptada como querellante.

Bajo juramento, Rocha afirmó que cuando estaban cerca de la cabina de peaje de Retiro, a la altura de los reductores de velocidad, "el automóvil rojo" que circulaba delante del vehículo de Cutrera dio marcha atrás y los chocó.

"Arrancó y nuevamente hizo marcha atrás y nos volvió a impactar", afirmó la testigo ante la jueza. Rocha sostuvo que, entonces, Cutrera se bajó del auto y después hizo lo mismo su pareja, Rodríguez. Fueron a pedirle explicaciones al otro conductor. La testigo sostuvo que escuchó una detonación, pero que no pudo ver cómo fue la secuencia de lo sucedido. Sí observó que la ventanilla del conductor del otro vehículo estaba baja.

Siempre según la versión de Rocha en el expediente judicial, Cutrera se tomaba el pecho y repetía "me disparó, me disparó". Ella, según dijo, se bajó del Clio y se cruzó con Acosta. Le preguntó al prefecto por qué había disparado y solo recibió como respuesta: "Le disparé". También afirmó que del otro auto bajaron "una mujer con una bebé en brazos" y que dentro del vehículo quedó otra niña pequeña.

En los próximos días, la jueza Guichandut deberá definir la situación procesal del prefecto imputado.

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