Mis amigas las mellizas

Dolores Caviglia
Mis amigas las mellizas
Mis amigas las mellizas
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2 de octubre de 2018  • 18:12

Desde que nací tengo pelo castaño, ojos café, cejas tupidas, piel entre amarronada y verdosa, frente grande, rodillas chuecas, tobillos anchos y un poco de patillas. Y desde entonces también tengo dos amigas: rubias, ojos claros, piernas flacas, tez rosada y mellizas, que llamaban la atención por lo lindas y por lo iguales. Misma ropa, mismo peinado; diferente color, diferente hebilla.

Las mellizas son las hijas de una de las mejores amigas de mi mamá, que está casada con uno de los mejores amigos de mi papá, y cuando éramos chicas íbamos juntas a todos lados: a la plaza, al colegio, al teatro a ver "Jugate conmigo", al médico, a lo de Jordán. Yo, siempre en el medio, un poco porque las hermanas no querían estar una al lado de la otra y otro para cortar con tanta armonía. Desde esa posición escuché cada uno de los comentarios de las personas que las miraban abombadas y les decían que no podían ser más bonitas.

Pasar las vacaciones y los recreos junto a ellas generó en mí la necesidad inconsciente de lograr con los codos el espacio que mi genética no me había facilitado. Yo también quería que la gente que se cruzase con mi madre tuviese motivos para acercarse y decirle qué suerte que tenía por haber parido a una chica como yo.

Así que un día me puse a leer y me hice la "intelectual" y como en algún punto sentí que fluía años después me anoté en un curso de teatro, me animé a escribir un par de poemas que hoy mejor olvidar y descubrí de a uno los libros secos, encuadernados, apilados de la biblioteca de mi casa.

Hace ya once años que trabajo como periodista, siete que me recibí de licenciada en Letras y treinta y cinco que las mellizas son mis mejores amigas: vamos juntas de vacaciones, a recitales, a comprar lo que sea. Una de ellas es psicóloga especializada en nenes, tiene las piernas infinitas, unos rulos perfectos aplacados de forma perfecta por años de planchita y una mirada que habla cuando ella no lo hace. La otra es productora de televisión. Tiene un aro en la ceja que resalta la belleza de su rostro (está ahí para decir: '¡Hey!, miren, no se pierdan esto') y esa seguridad que ella no ve pero que el otro percibe.

Yo estoy más o menos igual, un poco más alta, apenas más ancha. Tengo el pelo corto, me depilé las cejas y sigo leyendo. Quién sabe.

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