Bolsonaro sale a la cancha

Ezequiel Fernández Moores
Bolsonaro sale a la cancha
Bolsonaro sale a la cancha Crédito: Sebastián Domenech
(0)
3 de octubre de 2018  

Ocruzeirense, toma cuidado: o Bolsonaro vai matar veado". Los hinchas del Atlético Mineiro se burlan de los del Cruzeiro y les avisan que "tengan cuidado" porque si el candidato Jair Bolsonaro es elegido presidente matará a todos los homosexuales. Ese mismo día del clásico mineiro, 16 de septiembre, Felipe Melo, nuevo ídolo guerrero del ahora líder Palmeiras, dedica a Bolsonaro ("nuestro futuro presidente") el gol que acaba de anotar ante Bahía. El canto es condenado por Galo Queer, movimiento antihomofobia y antisexismo del Atlético Mineiro, que ayer fue multado con casi 50 mil pesos. Y Melo es repudiado por el colectivo "Palmeiras Antifascista". Hinchas de Flamengo, Fluminense, Vasco da Gama y Botafogo marchan juntos en Río contra Bolsonaro. El candidato ultraderechista avisa que solo aceptará un resultado que marque su triunfo. "Se ve que Bolsonaro -dice el cientista político Alberto Carlos de Almeida- no jugó fútbol de niño, porque sabría que ganar o perder forma parte de las reglas".

Tampoco Cruzeiro, rival de Boca mañana por la Libertadores, está al margen del Brasil que celebra elecciones el domingo. En las redes, como todos, tiene hinchas pro y anti Bolsonaro. Fundado en 1921 con el nombre de Palestra Italia, Cruzeiro era un club solo para italianos. Más popular que el Atlético Mineiro, agrupaba a comerciantes, anarquistas y líderes sindicales e, inevitable, también a fascistas que admiraban a Benito Mussolini, según contó alguna vez el historiador Anísio Ciscotto. Miles y miles de italianos emigraron a Brasil, entre ellos los abuelos de Bolsonaro, que viajaron desde la Toscana, tierra de vinos, el Dante y el Renacimiento. Mussolini terminó aliándose con Hitler, Brasil declaró la guerra al Eje y Palestra Italia, obligado, pasó a llamarse Cruzeiro, cambió de colores y hasta donó sus trofeos al Ejército para ayudar a fabricar armas. Ciento por ciento brasileño.

Queda la historia fabulosa de la familia Fantoni. Ninão, Nininho y Niginho fueron trasferidos a comienzos de los '30 de Cruzeiro a Lazio, que los llamó Fantoni I, Fantoni II y Fantoni III. Ninão marcó 63 goles, uno ante Juventus. Sirvió para que un hijo de Mussolini, que era dirigente de Lazio, le pagara el parto de su primer hijo. Ninão lo llamó Benito Romano. Niniho (Fantoni II) jugó para Italia en eliminatorias del Mundial 34. Una multitud lo despidió en Roma tras su muerte trágica en 1935, por una septicemia. Niginho (Fantoni III, "El Tanque") marcó cuatro goles en un clásico a Milan. Era sensación, pero escapó a Brasil cuando la Italia fascista lo convocó al Ejército. Jugó el Sudamericano de 1937 y fue al Mundial de 1938. Era número puesto para la semifinal ante Italia, tras la lesión de Leónidas da Silva, el "Diamante la Negro". Pero Italia denunció que era un desertor y la FIFA no lo dejó jugar. Se retiró con 207 goles en 257 partidos. Hubo hasta un Fantoni VI en Lazio, pero Niginho es el más recordado. "El goleador -afirman las crónicas- que le dijo no a Mussolini".

Felipe Melo, evangélico que cita la Biblia y acumula amarillas por agredir rivales, símbolo del fiasco del Brasil de Dunga en el Mundial de Sudáfrica 2010, provocó el 1° de Mayo, cuando saludó "a todos los trabajadores" y alentó a Bolsonaro a dar "palo a los vagabundos". Hay más jugadores que apoyan al candidato de "mano dura, libre mercado y Dios". "Si en cambio viéramos un jugador que pida Lula libre, creo que no jugaría más en Brasil", desafía Marcel Tonini, cientista social. El único jugador notorio que adhirió a un pronunciamiento contra Bolsonaro fue André Silva, de Corinthians, líder de Bom Senso FC, un movimiento que cuestiona a la vieja dirigencia del deporte brasileño. Fue masacrado en las redes ("¿Quiere el comunismo?" "¿Por qué no se va a vivir a Venezuela?"). Y su club lo vendió a China. Palmeiras cuenta hoy con la figura de Jadson, otro de los jugadores que adelantó su voto por Bolsonaro. "Porque apoya los valores familiares".

Gavioes da Fiel, de Corinthians, fue una de las pocas "torcidas organizadas" que, sin temor a provocar divisiones, pidió a sus miembros que no voten por Bolsonaro, a quien le cantaron "fascista" cuando el año pasado fue a ver a Palmeiras, su equipo. Gavioes recordó a sus afiliados que el Capitán del Ejército elogia a los que podrían haber sido torturadores de los fundadores de la agrupación, hinchas que iban a la cancha con carteles que reclamaban por los presos políticos. Eran tiempos de la Democracia Corintiana. El equipo de Sócrates. Un Corinthians politizado sí, pero no en favor de un partido, sino de la vuelta a la democracia. Aquella, afirman hoy algunos críticos, era una lucha que defendía la posibilidad de que todos pudieran expresarse, inclusive jugadores como Felipe Melo. El que en cambio no puede hablar es un hincha célebre de aquel Corinthians de Sócrates. Duro luchador contra la dictadura, primer presidente obrero de Brasil, primero también hoy preso por corrupción y que era el candidato mejor posicionado para estas elecciones. Hoy ni siquiera tiene derecho a ser entrevistado por el diario Folha. Lo decidió la justicia el lunes pasado. Melo sí, Lula no.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.