River-Independiente: Scocco, Quintero y Borré dejaron su marca y apareció otra vez el karma de Gigliotti

Festejo con sello colombiano: Quintero y Borré
Festejo con sello colombiano: Quintero y Borré Fuente: AFP
Alberto Cantore
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2 de octubre de 2018  • 21:41

Hay futbolistas que están destinados a dejar una marca, un sello indeleble. También existen jugadores que cargan con una mochila pesada, que se esfuerzan por descargar esos kilos en un juego de trascendencia y pocas veces lo consiguen. Ignacio Scocco , Juan Fernando Quintero y Rafael Borré impusieron su registro en River ; Emmanuel Gigliotti fue quien intentó, y por un momento lo logró, alimentar la ilusión de Independiente de treparse a las semifinales de la Copa Libertadores . Tres apellidos que con características distintas encontraron su espacio para ser determinantes, salirse de un molde que en nada se pareció al capítulo que se desarrolló en Avellaneda, en donde abundaron las emociones, pero los arqueros y la ausencia de efectividad hizo que el empate sin goles resultara injusto y avaro. Esta vez, cuando la fricción y el nerviosismo le marcaban el pulso al encuentro, regalaron pinceladas de calidad.

Cada jugador descubrió cómo y dónde estaba el pasaje para sobresalir. Scocco entró en escena después que el director técnico Marcelo Gallardo debiera prescindir por lesión del nombre de mayor desequilibrio que ofrece su estructura: Gonzalo Pity Martínez arrastra una distensión desde el superclásico, por la Superliga y no figuró ni entre los relevos. Entre varios ensayos en la concentración en los Cardales, el Muñeco sorprendió con una ofensiva de tres puntas: al santafecino lo acompañaron Lucas Pratto, siempre aporta sacrificio en beneficio del conjunto, y el colombiano Rafael Santos Borré, que terminó erigiéndose como el socio para que Nacho provocará el primer quiebre, la figura y también quien cerró el duelo.

Había avisado Scocco en el primer tiempo, ese en el que Independiente optó por superpoblar el mediocampo y no suicidarse como lo hizo Racing cuando visitó el Monumental, en los cuartos de final de la Copa. Fue quien puso en aprietos al uruguayo Martín Campaña, sobrio en ese comienzo, sin atajadas espectaculares, pero siempre efectivas. Y cuando nada había pasado en el complemento, combinó con Borré, que casi cayéndose lo habilitó para que con una estocada dejara tendido a Campaña.

La respuesta de Independiente llegó con Gigliotti, que saltó desde el banco de suplentes y de manera increíble fue partícipe de las acciones que se desencadenaron en ese arranque a puro vértigo del capítulo final. Un remate suyo provocó el contraataque que terminó con el festejo de Scocco, pero siete minutos después, de una corrida suya, en la que dejó en evidencia la lentitud de Maidana en ese retroceso con campo, remató con fiereza; Armani dejó un rebote cortó y asomó Silvio Romero para empatar y darle al Rojo el empate y, por entonces, la clasificación. El grito burlón de los hinchas de River en el final, con el Gigliotti, Gigliotti, recordándole aquel penal que Barovero le detuvo en la Copa Sudamericana 2014, escenario con el que empezó el karma para el delantero y su partida al fútbol de China.

Pero llegó el tiempo de los colombianos para hacer delirar el Monumental y minimizar el sacrificio del atacante de Independiente, que parecía que quebraba el maleficio. Un rebote le quedó servido a Quintero, de paso elegante. Atacó sin velocidad, no es su estilo, pero jerarquía: el remate de zurda viajó colocado junto al poste izquierdo, imposible para Campaña. Un golpe de nocaut para el Rojo y el control definitivo para River de una serie que tendría como última pintura el gol de Borré, el goleador que con festejos en juegos relevantes lentamente empieza a ganarse el corazón de los simpatizantes.

La llave enseñó que en el fútbol hay jugadores que están destinados a dejar una huella y otros que muchas veces sin merecerlo y a pesar del esfuerzo, están condenados a sufrir.

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