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En plena tormenta, Francisco se enfoca en reconquistar a los jóvenes

En el tercer sínodo de su pontificado, reconoció el daño causado por los escándalos de abusos y exhortó a los 267 padres sinodales a transformar la Iglesia
En el tercer sínodo de su pontificado, reconoció el daño causado por los escándalos de abusos y exhortó a los 267 padres sinodales a transformar la Iglesia Fuente: AP - Crédito: Alessandra Tarantino
Elisabetta Piqué
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4 de octubre de 2018  

ROMA.- Francisco inauguró ayer el tercer sínodo de su pontificado, dedicado especialmente a los jóvenes, en un clima marcado a fuego por el escándalo de abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes, espanto que ha vuelto a sacudir a las iglesias de varios países del mundo.

El Papa aludió a este tema, considerado el talón de Aquiles de su papado, en su discurso de apertura cuando al condenar una vez más el clericalismo, que consideró "la raíz de muchos males en la Iglesia", le recordó a los 267 padres sinodales que "debemos pedir humildemente perdón por ellos y, sobre todo, crear las condiciones para no repetirlos".

Fiel reflejo de un clima enrarecido también por las intrigas generadas por la carta de un exnuncio, Carlo Maria Viganò, que acusó al Papa y varios altos prelados de los pontificados anteriores de encubrir a un excardenal abusador, la reunión comenzó con una declaración de respaldo.

El cardenal iraquí Raphale Sako, patriarca de Bagdad y presidente delegado de la asamblea, antes de que hablara el Papa, en efecto, le expresó su cercanía, en nombre de los presentes. "Estamos seguros de que las tempestades, aunque son fuertes, pasarán y que la Iglesia saldrá más pura y más fuerte. Nosotros estamos unidos al sucesor de Pedro como los discípulos con Jesús", dijo.

En la misa solemne que celebró por la mañana para inaugurar el evento, Francisco llamó a "transformar" las estructuras que mantienen a los jóvenes alejados de la Iglesia. "Ungidos en la esperanza comenzamos un nuevo encuentro eclesial capaz de ensanchar horizontes, dilatar el corazón y transformar aquellas estructuras que hoy nos paralizan, nos apartan y alejan de nuestros jóvenes, dejándolos a la intemperie y huérfanos de una comunidad de fe que los sostenga, de un horizonte de sentido y de vida", dijo Francisco en un sermón en el que hizo autocrítica y pidió renovar "la capacidad de soñar y esperar".

Justamente al reconocer esa distancia que hay entre la Iglesia y los jóvenes -que representan hoy un cuarto de la humanidad (hay 1800 millones de personas de entre 16 y 29 años)-, el Papa quiso que estuvieran ellos en el centro de esta XV Asamblea de Obispos, que durará hasta fin de mes. Para la ocasión, llegaron desde todos los continentes 267 padres sinodales, entre ellos los argentinos Carlos Tissera, obispo de Quilmes; Ricardo Seirutti, obispo auxiliar de Córdoba; Gustavo Braida, obispo auxiliar de Mendoza, y Eduardo García, obispo de San Justo.

La gran novedad es que, gracias al reciente acuerdo provisional para la designación de obispos firmado por el Vaticano y China, participan dos prelados de la superpotencia asiática. Durante su sermón, el Papa destacó este hecho.

En la misa, que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro en una mañana soleada, también estaban los 23 expertos designados y los 49 auditores de todo el mundo, entre ellos 34 jóvenes de entre 18 y 29 años -dos de la Argentina-, que podrán hacer oír su voz en las sesiones. Como sucedió para los dos sínodos anteriores sobre la familia, también esta asamblea fue precedida por cuestionarios y consultas con las diversas iglesias locales. Pero, además, también hubo una inédita reunión presinodal, en marzo pasado, en la que participaron jóvenes de todo el mundo. El resultado fue un documento de trabajo ( Instrumentum laboris) que será la base de las discusiones, en la que se tocarán temas que van desde la familia y la sexualidad hasta las redes sociales, las guerras y la falta de trabajo.

Como había hecho al abrir el sínodo sobre la familia, el Papa invitó a los padres sinodales a hablar libremente, con coraje, y a escuchar. "Una crítica honesta y transparente es constructiva y útil, mientras que no lo son la vana palabrería, los rumores, las sospechas o los prejuicios", aseguró.

También recordó que el sínodo es un ejercicio eclesial de discernimiento. "La franqueza en el hablar y la apertura en el escuchar son fundamentales para que el sínodo sea un proceso de discernimiento. El discernimiento no es un eslogan publicitario, no es una técnica organizativa, y ni siquiera una moda de este pontificado, sino una actitud interior que tiene su raíz en un acto de fe", dijo.

Haciendo una vez más autocrítica, reconoció una Iglesia "con una deuda de escucha", también en relación a los jóvenes. "Este sínodo tiene la oportunidad, la tarea y el deber de ser signo de la Iglesia que se pone verdaderamente a la escucha. Una Iglesia que no escucha se muestra cerrada a la novedad, cerrada a las sorpresas de Dios, y no será creíble, en particular para los jóvenes, que inevitablemente se alejan en vez de acercarse", advirtió.

Francisco pidió, además, no caer en prejuicios y estereotipos, un obstáculo para el diálogo y el encuentro entre las generaciones. "La mayoría de los aquí presentes no pertenecen a la generación de los jóvenes, por lo que es evidente que debemos vigilar para evitar sobre todo el riesgo de hablar de los jóvenes a partir de categorías y esquemas mentales que ya están superados", advirtió.

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