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El sexo, las mujeres y la muerte, en la versión cínica de Hanif Kureishi

El escritor paquistaní denuncia el racismo actual
El escritor paquistaní denuncia el racismo actual
En Nada de nada, dispara contra la falta de esperanza de esta época; "la libido es lo que nunca muere", dice
Matías Néspolo
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4 de octubre de 2018  

BARCELONA.- El título de su nueva novela, Nada de nada (Anagrama), tiene una clara connotación sexual. Esa es la respuesta que le da al narrador su miembro viril, a pesar de que su libido se mantiene intacta. Así planteado, el breve relato sobre Waldo, un célebre cineasta de avanzada edad y en absoluta decrepitud que se encuentra en el centro de un perturbador triángulo completado por su bella y aún activa mujer india, Zee, y el critico de cine Eddie, admirador y gran experto en el realizador postrado, parecería una historia de corte intimista sobre la decadencia del cuerpo, el deseo, los celos y la venganza.

Pero lo cierto es que, como suele ocurrir con todos los libros del escritor, cineasta y dramaturgo anglopaquistaní Hanif Kureishi (1954), es mucho más que eso. Las pinceladas pornográficas, el cinismo y el ácido sentido del humor que destila la novela invitan incluso a una lectura en clave política.

De ello habla Kureishi, invitado a participar de la programación continua del Festival Kosmopolis del Centre de Cultura Contemprània de Barcelona, y, de paso, confiesa que vejez y la sexualidad son temas que acaparan su atención desde hace tiempo, a pesar de que, a los 64 años, se encuentra muy lejos del protagonista de su novela. "La gente mayor siempre me ha interesado", dice, recordando una de sus obras teatrales, La madre (2003), sobre una anciana como lo es su madre, con 92 años. "Ya no soy tan joven, no podría meterme en la cabeza de un chico de 17 años como hice en El buda de los suburbios", reconoce, e incluso también dice que suele olvidar nombres en medio de una conversación. "Con la edad te das cuenta de que lo pierdes todo, tanto si eres rico como si eres pobre, y es duro reconocerlo, pero puedes disfrutarlo", señala. Cosa que le sucede al protagonista de su relato, que pierde hasta a su mujer. "La vida es una suma de pérdidas; hasta la mediana edad acumulamos cosas, para luego vaciar la bolsa: memoria, estatus, la movilidad, todo", explica.

Pero lo que jamás se pierde es el deseo, como le ocurre al narrador de Nada de nada. "Imaginé a Waldo casi casi como un personaje de Beckett, como una cabeza que sale de un jarrón", explica. "Freud decía que la libido es lo que nunca muere. Y para muchos de nosotros es un motor vital, lo contrario de la depresión", completa. Para Kureishi, esa pulsión que genera "tanto la furia como el compromiso con el mundo" es crucial, ya que nos garantiza "que vivir merezca la pena". "Sin libido estaríamos viviendo todos en el cuerpo de Donald Trump", bromea con su punzante sentido del humor, el mismo que despliega a conciencia en la novela.

Y en esa encrucijada entre decadencia y deseo se dirime la interpretación política de la obra, que Kureishi no niega, sino que alienta. "Waldo es una criatura de los años 60 que llega a un momento de agotamiento", explica el escritor, que repasa "los ideales y las luchas" de su juventud "por los derechos de los homosexuales, de las mujeres y por la igualdad racial".

En muchas de esas causas "aún queda mucho por avanzar", dice Kureishi, en referencia explícita al #MeToo, "un movimiento clave en Occidente y en el mundo musulmán". "Pero el sistema no está funcionando y por eso también hemos llegado a una época de agotamiento. Lo veo en mis tres hijos, a los que se les hace muy difícil salir adelante, porque no tienen casa ni empleo ni futuro y hay muy poca esperanza", reconoce. En ese sentido, Kureishi admite "una resonancia política" en su novela. "Es un reflejo de esa falta de esperanza y de agotamiento de nuestra época, desde la perspectiva de un hombre muy vital, pero que se acerca a la muerte".

Si con la celebrada Mi hermosa lavandería Kureishi se ocupaba de los duros años de Thatcher, ahora apunta hacia los tiempos del Brexit, pero lo hace "de una manera menos frontal". Y en el presente el foco se ha desplazado en relación con aquella vieja historia, según su comparación. "Me decían que en esa novela los problemas no los tenía el inmigrante que quería prosperar, sino el hombre blanco que se había quedado estancado", explica. "Y esto es cierto, porque la movilidad social que conocimos en los años 60 y 70 ya no existe". Los mismos "jóvenes blancos cabreados", dice Kureishi, con el derrumbe del Estado de Bienestar que han votado el Brexit. Y el cabreo de esa masa electoral "alimenta el populismo y la extrema derecha", advierte.

De allí también la xenofobia creciente. "El racismo que conocí en mi juventud no se parece en nada al actual. Con el debate en torno al Brexit, los inmigrantes y en especial los musulmanes se han convertido en una especie de zombis para la extrema derecha", dice el escritor, realmente atemorizado por la proliferación de "discursos de un nuevo fascismo" y no solo en el Reino Unido, porque también señala lo que ocurre en Francia, Alemania, Hungría y Suiza. "En esa dirección se desplaza Teresa May para arrancar votos de la extrema derecha, como lo hizo en su momento Boris Johnson, que se permitió comentarios absolutamente insultantes hacia uno de los sectores más vulnerables, como el de las mujeres musulmanas", denuncia el escritor.

Así las cosas, el paisaje que pinta Kureishi, tanto de la actualidad política como en su ficción, es completamente crepuscular, entre el agotamiento de una época y la falta de esperanza. Pero antes de espantar lectores, el anglopaquistaní remarca el ácido y hasta cínico sentido del humor que destila su prosa, a pesar de su ceño fruncido, que nunca lo abandona. "Me gusta escribir de estas cosas, pero de una forma divertida y cómica", dice. Y lo hizo inspirándose en el cine negro clásico americano y francés, "porque describe un mundo lleno de estafadores". "Muchos de nosotros hoy nos sentimos estafados por las promesas incumplidas de los años 60", concluye.

Perder y ganar

Nada de nada

Autor: Hanif Kureishi

Editorial: Anagrama

Páginas: 160

Fuente: LA NACION

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