Épica

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4 de octubre de 2018  

Nordland, Noruega.- Las olas del mar pueden ser un objeto de deseo o adoración profunda y, al mismo tiempo, un adversario, némesis, enemigo mortal. Así recuerda William Finnegan, el autor de Años salvajes, merecedor del Premio Pulitzer en 2016, su iniciación adolescente en el surf, en especial durante la época en que el periodista y escritor norteamericano vivió en Honolulu. Es que todo surfista conoce esa sensación ambigua, cercana a lo sublime, que solo se experimenta ante la inmensidad del océano. Quizá por eso este grupo de valientes se dirige en peregrinación alegre hacia su meca. Claro que, en las costas de Noruega, no hay palmeras ni arenas blancas, sino gélidas montañas y piedras contra las que rompen las olas. A pesar del frío, diría Finnegan, tal vez sea uno de los marcos más pertinentes para esta actividad épica.

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