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La vidriera británica que dejó su sello en Florida

Fue la única sucursal que tuvo la firma fuera de Londres; todo su estilo era estrictamente inglés
Pablo Damián Mascareño
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4 de octubre de 2018  

A pesar de su estirpe anglosajona, fue un símbolo de una Buenos Aires que miraba a Europa y que se ufanaba de poseer algo de Londres y mucho de Madrid y París. Mixtura elegante, sofisticada.

Será por eso que la única tienda Harrods fuera de su ciudad de origen se abrió en Buenos Aires, en 1914. Allí, en la manzana delimitada por Florida, Paraguay, San Martín y Córdoba, se levantó el imponente edificio con reminiscencias de una elegancia de siglo XlX.

Por aquellos tiempos ya funcionaba la otra gran tienda, Gath & Chaves, y Florida era peatonal solo en los horarios de apertura de sus comercios. La emblemática arteria era transitada por la aristocracia que se había mudado al norte de la ciudad luego de la epidemia de fiebre amarilla. El señorial edificio de Harrods competía en elegancia con los cercanos palacios Paz, Ortiz Basualdo y Anchorena.

Verde inglés en sus persianas, bronce en sus apliques exteriores y vidrieras imponentes para lucir distinguidamente y generar ese deseo aspiracional de pertenecer a una elite posible. Tiempos de costumbres exquisitas en que llegar al centro era un acontecimiento social y cultural que implicaba una vestimenta acorde. Ellas, pollera y zapatos altos. Ellos, traje y sombrero.

Las tiendas abrieron en un país con anhelos de grandeza. Las persianas se levantaron en un año intenso, como todos, en la dinámica social, política y cultural de la Nación. Ese año, murió el presidente Roque Sáenz Peña, a causa de una enfermedad que, incluso, lo llevó a hospedarse en la mismísima Casa de Gobierno para evitar el desgaste de los traslados. En 1914, tiempos bélicos en el mundo y de neutralidades argentinas, se extendió la línea A del subterráneo de Plaza Miserere a Caballito; el censo confirmó que la población era de ocho millones de habitantes; abrió el lujoso edificio del Centro Naval (pegado a Harrods); se creó la Academia de Ciencias Económicas, y el doctor Luis Agote logró un notable avance científico al posibilitar que se pudieran hacer transfusiones de sangre sin que esta se coagulase.

Murieron el cura Gabriel Brochero y Jorge Newbery; Manuel Gálvez publicó La maestra normal, y visitó el país el expresidente norteamericano Theodore Roosevelt. Ajetreado 1914. Mientras todo eso acontecía, en Florida 877 se inauguraba la única sucursal fuera de Inglaterra de los almacenes creados por Charles Henry Harrod en el londinense barrio de Knightsbridge.

Llegar a Harrods era un paseo integral de varias horas. Las familias adquirían en las tiendas todo lo necesario para la indumentaria de los adultos y de los chicos; pero también vajilla, ropa de blanco, enseres domésticos, maquillajes, y hasta discos y juguetes. Además, era posible pasar por la barbería y el elegante salón de té. Todo desparramado en varias plantas que se conectaban por escaleras de mármol y los ascensores con apliques de bronce. En el centro, un gran espacio libre permitía ver, en forma de óvalos, los balcones de cada piso. Una lámpara, que aún cuelga, le daba el toque de distinción.

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