El drama de los jóvenes del conurbano bonaernse, en el sínodo de obispos

Carlos Tissera, obispo de Quilmes, uno de los padres sinodales que participa en el Vaticano del Sínodo de la Juventud convocado por el papa Francisco
Carlos Tissera, obispo de Quilmes, uno de los padres sinodales que participa en el Vaticano del Sínodo de la Juventud convocado por el papa Francisco
Elisabetta Piqué
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4 de octubre de 2018  • 13:43

ROMA.- El drama de los jóvenes del conurbano bonaerense, donde reinan pobreza, violencia y droga y cuyo único destino muchas veces "es la cárcel o el cementerio", fue descripto hoy con crudeza en la primera sesión del sínodo de obispos que se abrió en el Vaticano.

Fue un testigo directo, el obispo de Quilmes, Carlos Tissera, uno de los 267 padres sinodales que participan de esta asamblea, dedicada a los jóvenes, quien describió esta terrible realidad ante sus colegas del resto del mundo y del propio Francisco, en el aula del sínodo. Al final de su intervención, de cuatro minutos, el Papa lo felicitó, levantando el pulgar hacia arriba, según contaron luego, ya que la reunión es a puertas cerradas.

"Tomé la senda de la frase de San Pablo que dice que la creación entera gime con dolores de parto: se debe escuchar el gemido de los jóvenes. Los padres sinodales estamos para escuchar profundamente el clamor de las juventudes del mundo, para escuchar, como decía monseñor Angelelli (Enrique), que dio su sangre por el Evangelio, con un oído en el pueblo y con el otro en el Evangelio. Pero no pude dejar de hablar de mi propia realidad y de mis jóvenes, que son los del conurbano sur de Buenos Aires, que está sumido en una gran pobreza. Allí, además, la droga desde hace rato viene haciendo estragos. Toda droga es mala pero el paco realmente elimina", contó Tissera, cordobés de 67 años, en una entrevista con LA NACION.

-¿Qué otras inquietudes de los jóvenes argentinos describió?

-Dije que en muchos casos el de ellos es como un grito silencioso porque son chicos que viven y crecen sin que nadie sepa, también mueren sin que nadie sepa. Hay que escuchar el clamor de los jóvenes, pero también sus silencios, que son silencios que hablan: muchos jóvenes que no saben qué hacer con su vida porque no ven oportunidades, porque su destino es la cárcel o el cementerio. Hay que escuchar esos clamores, tenemos que acercarnos a los jóvenes para hacerlos sentir que Dios los ama, que su vida vale la pena. Muchos dicen que la juventud esta perdida, pero no están perdidos los jóvenes, está perdida la sociedad que no les abre las puertas. La cuestión es cómo estar ahí, cómo acercarnos, cómo escucharlos, cómo hacerlos visibles en el sentido de que puedan tener una contención, una posibilidad de vivir. Y es lo que tratamos de hacer con nuestras pastorales, precarias en cuanto a medios, pero con una riqueza de corazón muy grande de los voluntarios.

-¿La pastoral de las villas?

-Sí, de la drogadependencia, de las villas, de los asentamientos, de los barrios, porque se está empobreciendo gente que tiene laburo pero a quien ahora no le alcanza para vivir... Aunque siempre hubo robo y asaltos, ahora se están multiplicando: yo lo vivo en mi barrio, en mi casa...

-Es verdad, el otro día asaltaron al obispo Marcelo Margni, también de Quilmes, a quien le robaron hasta el báculo

-Sí, es mi auxiliar. Yo estaba viajando hacia acá, estaba en vuelo, cuando pasó esto, que por supuesto no conté en mi intervención...

-¿Podemos decir entonces que la inquietud más fuerte de la juventud argentina tiene que ver con la durísima crisis económica?

-Sí, claro, entre tantas otras, como el consumismo que ha dejado a los chicos sin horizontes. Hablé también de eso hoy, del desencanto de los jóvenes que han pasado toda su universidad y que después no saben dónde trabajar y que terminan en un remis o en un negocito que ponen con un amigo, pero nada concreto con lo que estudió. Eso lo viven miles de jóvenes y no tan jóvenes en el país. Aunque también hay que destacar la realidad de cómo el joven también se rehace en medio de toda esta cosa, y eso es lo bello de los jóvenes que luchan, que sacrifican. Pero hay muchos que quedan en el camino porque están en situaciones en las que no tienen las posibilidades, son pobres de oportunidades.

-Este es su primer sínodo; ¿cuál fue su primer impresión de esta primera jornada?

-Para nosotros que venimos de lejos es muy impresionante que el Papa esté presente, siguiendo los trabajos, que esté con nosotros en el recreo, en la pausa para el café, es algo my lindo que nos hace vivir el sínodo, que significa caminar juntos. Y también ver la universalidad de la Iglesia, ver representantes de todo el mundo, hablar y que a uno lo escuchen. Es muy bueno escuchar y abrirse a otras realidades. Nosotros tenemos problemas en las migraciones internas nuestras, pero hay países que la viven de un modo muy doloroso y hoy apareció el tema en el Aula...

-Este sínodo se da en un momento muy complejo del pontificado de Francisco por los escándalos de abusos sexuales y por la carta de un ex nuncio que lo acusó de encubrimiento, junto a otros altos prelados, algo que causó gran conmoción interna... ¿Usted notó este clima medio enrarecido?

-No lo he notado... Pero sí, por supuesto en las palabras mismas del Papa se nota que hay un dolor, a mí también me duele esta situación y me recuerda a Pablo VI que también vivió situaciones muy dolorosas y que ahora le tocan vivir a este Papa. Las agresiones que vienen de adentro duelen mucho más que las que vienen de afuera. Yo creo que el Papa reacciona como un cristiano realmente entero: hay que orar porque son fuerzas del mal. Aunque no soy de esos que ven el demonio en todos lados, evidentemente el mal a veces se vale de fragilidades, celos, envidias, de un montón de cosas, para entorpecer el camino del Evangelio. Pero son las cosas que también hacen presente que Cristo sigue nuevamente crucifijado. No sólo el Papa sufre, es la humanidad que sufre. Y en las intervenciones muchos obispos pidieron perdón en nombre de la Iglesia por los errores cometidos...

-En los dos sínodos anteriores sobre familia salió a flote un enfrentamiento claro entre un sector ultraconservador y otro reformista por el tema de los divorciados vueltos a casar. ¿Cree que este enfrentamiento volverá a darse en este sínodo en cuando a temas de moral sexual?

-Aún no he percibido nada. Puede que salga, que suceda en los círculos menores (las reuniones en grupos lingüísticos). Siempre hay distintas voces, esperemos que las ideologías no tapen la mirada al joven concreto.

-¿Qué espera que pase al cabo de estas casi cuatro semanas de sínodo? ¿Cuál es su deseo?

-Que los jóvenes sientan que la Iglesia los mira no como un objeto o alguien extraño a quien hay que mandarle qué tiene que hacer, sino que son ellos los que caminan, que sientan la libertad de hacer la Iglesia todos juntos, construir el Reino, que se sientan protagonistas no de segunda, sino de primera.

-¿Podrá la Iglesia reconquistar a los jóvenes, que se encuentran muy alejados de la Iglesia, como el mismo reconoció el Papa en varias oportunidades?

-Ese es el sueño.

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