Una puesta que plantea cómo volver a vivir en el cuerpo propio

Florencia Raggi, Laura Oliva, Andrea Frigerio y Soledad Silveyra, en papeles distintos, pero similares
Florencia Raggi, Laura Oliva, Andrea Frigerio y Soledad Silveyra, en papeles distintos, pero similares
La autora Eve Ensler vuelve a los escenarios porteños con Cuerpos perfectos, sobre el mundo femenino y un elenco de alto voltaje
Leni González
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5 de octubre de 2018  

El nombre de la escritora y dramaturga Eve Ensler estará siempre ligado al de Monólogos de la vagina, un suceso teatral internacional que ya desde el título cambió la manera en que las voces femeninas podían aparecer en un espectáculo comercial. Ahora, más de quince años después de aquel estreno en Buenos Aires, la autora norteamericana vuelve a un escenario porteño, nada menos que al flamante Multitabaris Comafi, con otra obra, Cuerpos perfectos, basada en su libro The good body (2004), adaptada y dirigida por Manuel González Gil.

"Cuando el productor Javier Faroni me entregó este libro pensé que era el apropiado a este momento decisivo de las mujeres. Es una auténtica 'conferencia teatral' (aunque preferí no usar ese nombre para no confundir al público) porque se trata de un espectáculo casi documental donde la autora presenta las entrevistas que hizo a distintas mujeres pero en lugar de contarlas, son ellas las que aparecen y hablan. Lo importante es que no hay nada aleccionador, son casos particulares con los que muchas podrán identificarse", dice el director de Andrea Frigerio, Laura Oliva, Florencia Raggi y Soledad Silveyra, las cuatro actrices elegidas para contar distintas formas de no habitar el propio cuerpo.

La autora es la encargada de presentar su investigación sobre las mujeres y la estética, papel que asume Soledad Silveyra: "A Eve Ensler la vi en charlas TED, es una feminista de enorme militancia que recorrió el mundo recopilando testimonios de mujeres. Pero como actriz no trato de imitarla. Me presento como Eva y de alguna manera, soy la conductora del espectáculo, la que da una conferencia y otorga la palabra a las otras sobre la presión y la influencia que tiene el paradigma de belleza impuesto por la sociedad". Esas otras, las entrevistadas por la autora, son interpretadas por Frigerio, Oliva y Raggi, cada una con dos personajes muy diferentes que se suceden con la mediación de Eva. Recién al final aparecen las cuatro juntas en el escenario.

Helen y Carola son las mujeres que encarna Frigerio. Una es una señora de 80 años, la legendaria editora de la revista Cosmopolitan, Helen Gurley Brown (falleció en 2012), acostumbrada a aconsejar a las lectoras cómo hay que ser y estar para tener éxito; la otra, está casada hace años con un hombre machista que ya no le presta atención y para atraerlo, se hace cirugías y parches sin lograr ver su propio problema.

"Me interesa mucho el tema, me escaneo permanentemente, estoy atenta a lo que me pasa. Escribí un libro, Belleza emocional, que está por salir, donde me metí con la edad, los cambios, la mirada de los otros, cómo adaptarse y entender que la vida es una curva ascendente en la que con cada escalón aprendemos y subimos un poco más. Si no asumimos ese aprendizaje y te quedás con el espejo, podés pasarla muy mal", dice la actriz.

Oliva, por su parte, interpreta a Dana, una tatuadora, y a Carmen, una ama de casa. "Dana no se hace cargo de que ella también interviene el cuerpo, también lo modifica, pero lo defiende como si fuera algo diferente a una cirugía de nariz. Y Carmen, es una señora 'común' que no se hizo nada, ninguna operación, pero habla de los 'rollos' que le provocó la relación con su madre", dice Oliva que hace rato toca estos temas en sus monólogos humorísticos: "Acá el tono es distinto pero el foco es el mismo: la mirada del afuera y cuánto nos dejamos influenciar. Soy muy crítica con el mundo de las redes sociales, eso de abrir una puerta para que otros insulten, como si te tiraran basura adentro de tu casa. No se trata de echarle la culpa al afuera pero cuánto puede una aguantar toda esa presión, hasta dónde dejarla entrar".

A Raggi le tocaron dos personajes muy distintos, el de una chica que se achica los pechos porque son muy grandes y otra que se remodela por completo por la idealización que siente hacia el cirujano: "Nina es, como se decía antes, 'muy varonera' y no está cómoda con la atracción que ejerce, no puede manejar lo que sucede en su entorno y entonces, se mutila para ser alguien menos llamativo, pero se da cuenta de que esa no es la solución. La otra, Dolores, está enamorada de su cirujano, lo idealiza, lo considera un gurú, es muy insegura y cree que va a encontrar la perfección operándose por todos lados".

Tanto Frigerio como Raggi, antes de la actuación se dedicaron al modelaje, una profesión donde los cuerpos perfectos impuestos por la industria son los que mandan. Para la primera, fueron diez años de un trabajo que disfrutó mientras lo hacía hasta que se aburrió, pero "siempre supe cuál era mi lugar sin preocuparme lo que dijeran de mí". Pero para Raggi no fue tan claro ese lugar: "Era muy chica, lo hice desde los 15 a los 23 y al principio, me gustó ese aplauso, compré eso del afuera pero a un gran precio porque no me llenaba, me quedó muy pequeño. Hay que ver que la dependencia a ese modelo de belleza lo sufren no solo las que estarían lejos de ese estándar sino también quienes supuestamente lo cumplen porque son las que más se critican, las que no lo disfrutan, las que están más desapegadas".

Las dos también tienen en común ser madres de hijas muy jóvenes y ambas comprueban que las nuevas generaciones son más libres y despojadas que las anteriores, opinión que comparte Silveyra: "Si bien hay un vocabulario y expresiones que no comparto por una cuestión generacional, me siento muy orgullosa de la conciencia de las jóvenes, ha habido un despertar de los derechos, me dio mucha alegría la manera en que salieron a la calle por la despenalización del aborto".

Es, justamente, el aborto, el debate central del año, al que la obra no hace alusión. O sí, según González Gil: "Aunque no toque explícitamente el tema, lo atraviesa porque hablamos del cuerpo de la mujer y de habitarlo no como algo ajeno sino propio", dice el director que, además, como hombre piensa que su punto de vista completa el femenino de la autora y las actrices, lo hace "más abarcativo". En ese aspecto, Raggi subraya que no es una obra contra los varones ni para criticar a las mujeres sino una mirada amorosa para hacernos responsables sobre el lugar que damos a la presión social: "Tenemos que luchar para tener los mismos derechos, pero no en detrimento del otro, creo que eso no colabora en el movimiento feminista".

La voz de la experiencia, por edad y carrera, Solita reconoce que no fue en la juventud cuando sufrió la presión por el cuerpo. "Siempre fui una lauchita", dice la actriz que en 2000 hizo un desnudo en la obra El cuarto azul, junto con Osvaldo Laport. A medida que pasaron los años, en cambio, comenzó a sentir el cambio: "Después de los sesenta, el trabajo baja, los protagonismos ya son pocos, ahora son 'actuaciones especiales'. No hay productos para mujeres de mi edad, o muy pocos, a pesar de que el público que sigue mirando televisión abierta es como yo y más grande. Eso se sufre y hay que aceptarlo. El abuelazgo me salvó, me ayudó a comprender que el tiempo pasa y lo que importa es adentro".

Cuerpos perfectos

de Eve Ensler y dirección de Manuel González Gil

  • Multitabaris Comafi, Corrientes 831
  • Funciones, miércoles, jueves y viernes a las 20.30, sábado a las 20 y 22.30, y domingo a las 20
  • Entradas, $800

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