Los Violadores, ya maduros, invaden el Gran Rex

La banda punk más importante de la Argentina se reunió para dar un show distinto, mañana, en un espacio que podría asociarse a otro tipo de propuestas
La banda punk más importante de la Argentina se reunió para dar un show distinto, mañana, en un espacio que podría asociarse a otro tipo de propuestas Crédito: Rodrigo Néspolo
Alejandro Lingenti
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5 de octubre de 2018  

Después de la muy buena experiencia del Luna Park en abril de 2016, Los Violadores tomaron notaron el cariño intacto de su público, que además se fue multiplicando con el paso del tiempo. Habían pasado casi treinta años desde la última vez que Pil Trafa, Stuka, El Polaco y Gramática subieron juntos a un escenario y la magia persistía. Un Luna Park lleno de fans de un par de generaciones distintas celebró la costosa reunión de esa banda que había estallado después de la grabación de un cuarto disco, Mercado Indio (1987), que hoy, con perspectiva, sus propios integrantes consideran el más sólido de su carrera y que también marcó el inicio de una relación con un sello multinacional (CBS) caracterizada por los inconvenientes y un corto desarrollo.

Con ese impulso, estos cuatro pioneros del punk nacional se animaron a una apuesta impensada: un show en el Gran Rex, a priori un espacio extraño para un grupo de las características de Los Violadores, destinado a repasar justamente el repertorio completo de Mercado Indio y sumarle algunos clásicos obligados en una noche que promete ser muy especial. Mañana habrá en el Gran Rex un cuarteto de cuerdas (dos violines, viola, chelo) y una soprano muy prestigiosa (Oriana Favaro), condimentos inesperados de un concierto que apunta a ser histórico. Los que asistan tendrán la chance de comprar ahí mismo la flamante edición en DVD y/o Blu Ray (acompañada de una remera) del show del Luna.

"Tocar en el Gran Rex es para nosotros un gran desafío", asegura Pil Trafa, cantante y casi siempre la cara más visible de Los Violadores. "Mucha gente nos dijo: '¿Y el pogo?'. Bueno, tienen un metro cuadrado entre butaca y butaca para saltar un poco. Igual, estamos todos más viejos", bromea Pil. "De cualquier manera, es bueno recordar que nosotros empezamos tocando en teatros como el Auditorio Kraft -aclara-. En lo personal, cantar en el mismo lugar que cantaron Bob Dylan, Lou Reed y Liza Minnelli es una experiencia única, mágica".

Por ahora, no hay muchos planes futuros luego del Gran Rex. Quizás algunos shows en el interior, pero nada de grabaciones nuevas. "Ya tenemos mucho repertorio -señala Pil-. Y no queremos hacer un disco que no esté a la altura de las circunstancias. La de Los Violadores es una obra que merece ser revisitada, no cajoneada por un sello multinacional. Por eso estamos haciendo esto. Y porque nos gusta mucho tocar, claro".

Cuando aparecieron, allá por los inicios de los 80, los tiempos de la expiración de la última dictadura militar y el efervescente renacimiento de la democracia en el país, Los Violadores bramaban "hay que volar con lo establecido". Hoy, llegados a la madurez, parecen reconciliados con una tradición que pusieron patas para arriba con un primer disco urgente, provocador y explosivo editado en 1983. "Puteábamos a todos para que nos den un poco de bola -dice Pil-. Después apareció el trash metal argentino y nos puteaban a nosotros. Pero el tiempo pone las cosas en su lugar y demuestra si alguien estaba mintiendo o no. En lo esencial, nosotros seguimos siendo los mismos de siempre: gente de barrio que viaja en colectivo, que está en contacto constante con la realidad. No vivimos aislados en una burbuja, como vivían algunos artistas del rock argentino en los 70. Putearlos estuvo bien porque los terminamos despertando".

En "Viejos patéticos", aquella visceral canción del álbum debut donde Los Violadores se despegaban a conciencia de los cánones del rock argentino ("Basta de hospicios, Betos y cósmicos") para hacer oír su revulsivo discurso, directamente relacionado con lo que había sucedido en Inglaterra y los Estados Unidos unos años antes con bandas como Sex Pistols, The Clash y los Ramones. "Escuchábamos todo eso y también mucha new wave, Motörhead y Black Sabbath", recuerda Pil. "Igual yo de chico amaba a Spinetta -admite-. En aquel momento entramos en conflicto por necesidad, pero ya pasaron muchos años de eso. Estuvimos hace poco con Gustavo Spinetta, el hermano de Luis, y conocimos la habitación donde ensayaba Almendra. A mí me gusta el rock argentino: Pescado, Pappo... Tengo ese ADN, como tengo también el del tango. Hace un tiempo canté en vivo con la Fernández Fierro, de hecho. Con Charly García tuve un par de encuentros, unas borracheras importantes con zapada incluida en el restaurante del Zorrito Quintiero (risas). Y con Cerati siempre tuvimos muy buena relación. En el documental Ellos son, Los Violadores (2009, Juan Rigirozzi), Gustavo dice que nosotros cantamos 'Represión' cuando había que cantarla".

Del panorama actual del rock argentino Pil rescata sobre todo a Eruca Sativa: "Es una banda muy interesante, muy potente -remarca-. Después me gustan algunas bandas amigas como Mamushkas y La Conexión. Y Traje Desastre, una muy buena banda punk. También hay mucha música folclórica muy valiosa. Hoy está pasando algo parecido a lo que pasó en los 60, cuando el folclore y el rock explotaron y desplazaron al tango. Hay algunas fusiones de rock y folclore buenísimas".

No tiene muchas contemplaciones, en cambio, con las dependencias generadas por la tecnología, toda una marca de época: "A mí que vivo en Lima me puede servir para conectarme con alguien que tengo lejos, o para mandarles a mis compañeros de Pilsen la letra de una canción nueva por WhatsApp. Pero en líneas generales la tecnología nos tiene medio dormidos, genera un pensamiento de estanque. No nos olvidemos que internet fue inicialmente una experiencia militar. Sé que suena conspirativo, pero yo veo que la vida de la gente está cada vez más ordenada, más determinada. Cuando era joven yo tenía la ilusión de cambiar el mundo. Hoy esa ilusión desapareció".

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