Elecciones 2019, bajo el signo del miedo

Sergio Berensztein
Sergio Berensztein PARA LA NACION
El temor a un retorno del populismo o, por el contrario, la amenaza de "una derecha ajustadora" pueden convertirse en el factor que defina los votos
El temor a un retorno del populismo o, por el contrario, la amenaza de "una derecha ajustadora" pueden convertirse en el factor que defina los votos
(0)
5 de octubre de 2018  

Los sondeos de opinión pública han demostrado repetidamente sus limitaciones para predecir resultados electorales días o incluso horas antes de que la ciudadanía emita su voto. Por eso, pretender proyectar datos actuales con un horizonte temporal de un año carece por completo de sustento metodológico. ¿Qué podemos anticipar con un mayor grado de precisión? En primer lugar, que buena parte de la dinámica electoral dependerá del nivel de fragmentación de la potencial oferta. También, que dado el evidente desgaste ya experimentado y las duras consecuencias tanto de la crisis económica como del ajuste que está implementando, la apuesta más segura de Cambiemos consiste en ganar en primera vuelta. En cualquier caso, el enigma más inquietante del actual escenario consiste en determinar si la gran masa de electores insatisfechos con las opciones existentes se resigna a optar por alguna de ellas o surge una candidatura por fuera del sistema que replique lo que está viviendo Brasil con Jair Bolsonaro o lo que ocurrió en los Estados Unidos con Donald Trump .

Con un sistema partidario deshecho desde la crisis de 2001, la fragmentación y el nivel de rechazo de las respectivas opciones han sido la clave para entender todas las elecciones desde entonces hasta la fecha. Cada vez que una coalición gobernante fue unida a una elección, logró imponerse (2005, 2007, 2011, 2017). Por el contrario, cada vez que los gobiernos sufrieron quiebres internos significativos, le facilitaron el triunfo a alguna expresión contingente de la oposición (2009, 2013, 2015). En este sentido, no es un dato menor que en el peor momento del gobierno de Mauricio Macri Cambiemos esté más unido que nunca.

Hace una semana se realizó en Parque Norte un encuentro que puso de manifiesto que, a pesar de su declive en la consideración popular y de los embates de una crisis económica que, por torpeza u omisión, se encargó de profundizar, la coalición oficialista no ha experimentado resquebrajamiento alguno. Por el contrario, en el único distrito donde Cambiemos no existía, terminó de consolidarse hace poco como fuerza política unificada. Se trata, paradójicamente (o no), de la ciudad autónoma de Buenos Aires, de donde provienen el presidente Mauricio Macri y la diputada Elisa Carrió , sus principales referentes. De este modo, Martín Lousteau comprendió que cualquier otra opción lo alejaba del poder, incluyendo incorporarse al Poder Ejecutivo en una eventual recomposición del plantel ministerial. Otro éxito del Horacio Rodríguez Larreta , especialista en desarticular pacíficamente a potenciales competidores.

Así, la fragmentación afecta más a la oposición que al oficialismo. Cristina Fernández de Kirchner mira ilusionada la elección en Brasil: aunque pierda Fernando Haddad , aunque siga preso Lula , la figura de Bolsonaro es ideal para alimentar su argumento conspirativo. La derecha y el mercado no solo persiguen judicial y mediáticamente a los líderes populares, sino que se sienten finalmente muy cómodos con figuras de corte abiertamente autoritario. Por fin se sacan la careta falsamente republicana e institucionalista. La señora de Kirchner necesita que Macri complemente su novedosa reconversión en piloto de tormentas con una postura más dura en materia del control del conflicto social: quiere demostrar que el ajuste fiscal y la caída de los salarios solo son posibles con mayor represión. Cambiemos le ha facilitado las cosas anunciando el apoyo de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico, aunque curiosamente casi no se haya avanzado en el desplazamiento de tropas en la frontera para liberar gendarmes. El Gobierno tiene la costumbre de pagar muchos costos y no obtener casi beneficios al impulsar iniciativas que luego no concreta o cuyos objetivos iniciales quedan por lo menos muy desdibujados. Lo cierto es que, de aquí a fin de año, el obligado protagonismo de las fuerzas de seguridad le dará un fuerte espaldarazo a la hipótesis del giro a la derecha que requiere Cristina para fortalecer su candidatura.

Y no solo por la amenaza de saqueos o los conflictos que, como en diciembre pasado, pueden tener lugar frente al Congreso cuando se debata la nueva ley de presupuesto. En particular, la cumbre del G-20 a realizarse a fines de noviembre permitirá mostrar un desplazamiento coordinado de las fuerzas de seguridad locales con muchos servicios de inteligencia extranjeros. Y, como en casi todos los casos anteriores, hubo episodios de represión ante la provocación de grupos anarquistas y globalifóbicos. Una pesadilla para Nicolás Maduro: podría ver que en Buenos Aires se ejercitan las fuerzas de ocupación que intervendrían en Venezuela para derrocar su narcodictadura.

Ante la ausencia de un debate más estimulante y de un tejido político con umbrales mínimos de cultura democrática, el miedo es sin duda un poderoso factor de coordinación. El miedo al retorno del populismo autoritario le puede dar a Macri el atractivo del que hoy carece dentro del electorado independiente y desilusionado. Y el miedo al retorno de "una derecha ajustadora y represiva", apoyada abiertamente por Donald Trump, le puede dar a Cristina la posibilidad de revertir el rechazo de más de dos tercios del electorado y soñar en serio con volver al poder.

La gran diferencia es que Cambiemos necesita ganar en primera vuelta, ante el riesgo de repetir la situación de 2015 en un eventual ballottage. Macri tiene algunas buenas noticias a pesar del drama económico: el mes pasado se registró una leve recuperación de su imagen, según un sondeo reciente realizado por D'Alessio Irol/Berensztein. Su reconversión en un líder duro, que sale a enfrentar la crisis sin reparos, que dice la verdad y asume los costos, parece estar dando algún resultado. Repite Macri la estrategia que utilizó como jefe de gobierno cuando admitió que seguirían las inundaciones hasta que se terminaran las obras de infraestructura. Por el contrario, Cristina necesita convertirse en la beneficiaria de la gran desilusión de los sectores medios frente al fracaso del modelo macrista. Su problema es que esos sectores la abandonaron por los mismos problemas que Cambiemos no pudo resolver.

En esta contradicción fundamental están centradas las esperanzas del peronismo moderado, que busca terciar en esta puja al mismo tiempo que define un mecanismo efectivo para disimilar sus profundas disidencias internas. Los integrantes del cuarteto ( Massa , Pichetto , Schiaretti y Urtubey ) saben que sin ellos es imposible, pero que solamente con ellos no alcanza. Necesitan sumar no solo a otros referentes peronistas, sino sobre todo a otras expresiones aunque sea de nicho para limitar, justamente, la fragmentación de la oferta opositora.

Tanto Margarita Stolbizer como el socialismo santafesino lucen como aliados potenciales, lo mismo que los fragmentos del radicalismo que nunca se sintieron cómodos con Cambiemos. Sin embargo, el principal desafío de este espacio aún embrionario es capturar también segmentos por ahora asociados a la expresidenta, sobre todo del sindicalismo. Y disuadir a potenciales candidatos que amenazan con conmover el actual statu quo de competir en una interna abierta. Ese es el caso de Marcelo Tinelli , que conversa también con conspicuos miembros de Cambiemos. O incluso de Facundo Manes , que pudo ser candidato oficialista en los últimos comicios.

Los vaivenes de una política errática y carente de pensamiento estratégico hacen que las ideas de cambio y de continuidad se entremezclen y pierdan nitidez. Entre los que están, los que fueron y los que quieren ser hay muchos más puntos de contacto e interacción de lo que los discursos de campaña y la imperiosa necesidad de diferenciación les permiten admitir públicamente.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.