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Cómo preservar el vínculo con la verdad

Julio C. Perotti
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7 de octubre de 2018  

"No hay periódico que se halle libre de prejuicios y errores, pero algunos hacen un esfuerzo honesto para encontrar la verdad, mientras que otros son una máquina de lavar cerebros".

El filósofo israelí Yuval Noah Harari dedica un capítulo de su último libro, 21 lecciones para el siglo XXI, a desentrañar el origen casi milenario de las noticias falsas, a partir de un relato que descarta la verdad en función del poder.

En ese contexto, sitúa la responsabilidad de detectar la manipulación en los propios lectores. Y considera que, si bien estos podrían no contar con el tiempo necesario para verificar cada dato de la información, sí deberían investigar la calidad de sus fuentes.

¿Recae de manera excluyente en ellos la obligación de separar la paja del trigo?

Puestos como periodistas y medios frente al espejo, no podremos negar que hemos tenido mucha culpa en permitir la aparición de las fake news.

Es que la guerra por el clic barato ubicó a nuestros sitios web a milímetros de la delgada línea roja que separa la información del entretenimiento, en el que lo que menos vale es la veracidad.

En este contexto, demasiadas veces el apuro se llevó puesta la comprobación de la autenticidad de las noticias y terminó confundiendo al usuario, que no pudo distinguir entre medios formales y cuentas ficticias.

Esta pérdida de calidad se agravó por una falta de transparencia en el manejo de las fuentes directas de la noticia.

¿El resultado de esta premura? Un constante periodismo de declaraciones y de off the record y casi nula verificación cruzada de fuentes.

En efecto, cuando publicar rápido se convirtió en más importante que hacerlo bien, sufrimos un enorme retroceso y abrimos el terreno para las usinas generadoras de mentiras.

Pero no debemos pensar que todo está perdido.

Antes bien, quizá sea este el momento ideal para volver a los compromisos más elementales del periodismo, resumidas por la Ethical Journalism Network: verdad y precisión; independencia; equidad e imparcialidad; humanidad y responsabilidad.

En ese sentido, la cuestión va mucho más allá de la imperiosa necesidad de medios y periodistas de recobrar la confianza del público.

El mundo está observando hoy una serie de iniciativas de redes sociales, gobiernos y organizaciones de prensa para evitar que la propagación de noticias falsas termine, al final, socavando las democracias, el peor y más gravoso de los resultados.

En nuestro país, en septiembre pasado, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) lanzó una campaña en procura de promover el uso de información confiable, dirigida básicamente a los jóvenes, un sector de la sociedad que ve girar su vida en las redes sociales.

En general, aparecen algunos consejos para evitar caer en la trampa.

Primero, dudar de todo, en particular si los títulos están escritos en mayúsculas o tienen signos.

También fijarse en la dirección web de la que provienen. En este punto conviene estar bien atento, porque suelen emularse direcciones oficiales con pequeños cambios o alguna letra imperceptible.

Con ese mismo criterio, observar los formatos. Pueden ser imitaciones, pero nunca llegarán a la calidad del original con el que se pretende confundir.

Las imágenes juegan un papel fundamental para la detección de fake news. Botón derecho del mouse y "Buscar en Google" es la alternativa. Si la foto ya fue utilizada en otras circunstancias, aparecerá muchas veces e, incluso, podremos ver el contexto.

Revisar las fechas, las evidencias y otras publicaciones (aceptemos que ya casi nadie tiene propiedad sobre las primicias) también será de ayuda.

¿Alcanzan aquellas acciones grupales o estas individuales? No hay dudas de su utilidad, pero no serán suficientes si cada uno de los periodistas no asume que estamos en un mundo que nos obliga cada día a refundar nuestra propia profesión.

La humildad de bajar del Olimpo, aceptar nuestros errores, ser transparentes y acompañar a la sociedad en su camino, nos ayudará a recuperar el vínculo perdido.

Entonces, las noticias falsas apenas serán un recuerdo de malos viejos tiempos.

El autor es periodista. Director de la consultora EA Medios

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