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Occidente vuelve a chocar con el Kremlin por el ciberespionaje

En medio de las denuncias de Gran Bretaña y Canadá, Holanda reveló que expulsó a cuatro agentes rusos; Putin los acusó de padecer "espionitis aguda"
En medio de las denuncias de Gran Bretaña y Canadá, Holanda reveló que expulsó a cuatro agentes rusos; Putin los acusó de padecer "espionitis aguda" Fuente: AFP
Luisa Corradini
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5 de octubre de 2018  

PARÍS.- Los casos de espionaje ruso se han multiplicado a semejante velocidad en los últimos meses que los occidentales comienzan a mostrar signos de impaciencia. Pero ¿qué es precisamente lo que persigue Vladimir Putin ? ¿Desestabilizar? ¿Intervenir? ¿O simplemente provocar? El presidente ruso, por su parte, desestima y acusa a los occidentales de ser víctimas de "espionitis aguda".

Holanda anunció ayer que en abril último había expulsado a cuatro agentes del servicio de inteligencia militar ruso (GRU) que intentaban lanzar un ataque informático contra la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ).

Al mismo tiempo, Gran Bretaña acusó a esos servicios de lanzar ciberataques en todo el mundo, mientras la Justicia estadounidense anunció la inculpación de siete agentes -también del GRU- de lanzar una campaña de la misma naturaleza contra instancias deportivas, una agencia internacional y una sociedad especializada en energía nuclear. Washington decidió asimismo poner a disposición de la OTAN sus capacidades en materia de ciberdefensa para ayudar a esa organización a prevenir mejor los ataques informáticos provenientes de Rusia .

Londres, La Haya, Ottawa, Washington, Berna, París, Berlín... La lista de los blancos del GRU parece no terminar y los occidentales pierden la paciencia. Ya acusados por Londres de haber organizado el envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal y de su hija, esos agentes secretos dependientes del Ministerio de la Defensa, que siguen utilizando técnicas de la Guerra Fría, quedaron ayer en el visor de numerosos países de la OTAN.

"Las acciones del GRU tratan de perjudicar e interferir en las elecciones de otros países", declaró ayer el ministro de Relaciones Exteriores británico, Jeremy Hunt.

"Con nuestros aliados, expondremos sus tentativas de afectar la estabilidad internacional y responderemos", agregó Hunt, después de dar a conocer un informe del gobierno británico preparado por el Centro Nacional de Seguridad Informática (NCSC).

"Canadá fue blanco de ciberataques atribuidos a Rusia", confirmó ayer el gobierno de Ottawa, en referencia al hackeo de la base de datos de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), basada en Montreal.

En Holanda, la intervención del GRU fue todavía más preocupante. Los cuatro agentes expulsados habían dejado un auto lleno de equipos electrónicos en el estacionamiento de un hotel cercano a la sede de la OPAQ con el fin de piratear su sistema informático. Esto sucedió en abril, cuando la agencia investigaba el envenenamiento de Skripal en Inglaterra y otro presunto ataque químico en la ciudad siria de Duma, atribuido por los occidentales a Moscú.

"La tentativa de acceder al sistema de seguridad de una organización internacional que trabaja para liberar al mundo de las armas químicas demuestra que el GRU desprecia los valores y las reglas que rigen para la seguridad de todos", expresaron en una declaración conjunta la primera ministra británica, Theresa May, y su homólogo holandés, Mark Rutte.

Este año, uno de los tres hombres identificados por los servicios secretos británicos como autores del envenenamiento de Skripal fue Anatoli Chepiga, coronel del GRU e integrante de las fuerzas especiales rusas, las spetznaz.

A pesar de que Vladimir Putin sigue insistiendo en que eran "simples civiles que hacían turismo en Gran Bretaña", Chepiga había sido condecorado como héroe de guerra después de haber ayudado al expresidente ucraniano prorruso Viktor Yanukovich a escapar a Moscú. También había intervenido activamente en la segunda guerra de Chechenia y en la anexión de Crimea.

Pero las pruebas parecen resbalar en el imperturbable líder del Kremlin, que, una vez más, ayer decidió ironizar: "Aumenta la espionitis aguda de los occidentales", indicó el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El día antes, durante un foro consagrado a la energía en Moscú, el jefe del Kremlin pareció justificar veladamente el envenenamiento del exespía Skripal, a quien calificó de "traidor a la patria" y de "inmundicia".

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