La anulación del indulto a Fujimori abre otro capítulo en la lucha de poder de sus hijos

La detención amenaza con reavivar la disputa de Keiko y Kenji por el legado político del patriarca
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5 de octubre de 2018  

LIMA.- La clínica donde se internó el expresidente peruano Alberto Fujimori se convirtió ayer en una especie de gran teatro, centro de las miradas de la sociedad y escenario de una nueva batalla de la guerra entre sus ambiciosos hijos, Keiko y Kenji, enfrentados por adueñarse del legado político paterno.

El patriarca del clan más poderoso de la historia reciente del país quedó internado en la Clínica Centenario, en el distrito limeño de Pueblo Libre, desde que la Corte Suprema anuló anteayer el indulto del que gozó durante diez meses, y le ordenó completar la condena de 25 años que cumplía desde 2007 por crímenes de lesa humanidad.

Fujimori, de 80 años, ingresó a la unidad de terapia intensiva de la clínica para que, según señaló su médico Alejandro Aguinaga, se le controlen sus "acelerados latidos del corazón y baja presión arterial", una descompensación que le sobrevino tras la notificación judicial.

Desde allí, el antiguo hombre fuerte del país (1990-2000) grabó un dramático video donde rogó que lo eximan de volver a la cárcel debido a su delicado estado de salud. "Ya no tengo fuerzas para resistirlo..., por favor no me maten, si regreso a prisión, mi corazón no lo va a soportar, está demasiado débil para volver a pasar por lo mismo", afirmó.

La clínica quedó rodeada de policías y movileros, pero no hubo movilizaciones de fujimoristas ni de antifujimoristas, como en otras ocasiones. En círculos próximos a Fujimori se estimaba que buscará seguir internado mientras se resuelve una apelación presentada desde el primer día por sus abogados.

Entre los primeros que visitaron la clínica estuvo Kenji, de 38 años, que se fue minutos antes de la llegada de su hermana Keiko. Así evitó el cruce personal, mientras se encendía otro capítulo de la larga rivalidad por heredar el capital político de su padre.

A pesar de las condenas penales y del sistema de corrupción que dominó su gobierno, Alberto Fujimori siguió gozando de gran popularidad por acabar con el terrorismo de Sendero Luminoso y la hiperinflación que dejó su predecesor, Alan García, un legado que se disputan sus hijos, ambos con aspiraciones para las elecciones de 2021.

El cisma en el fujimorismo, primera fuerza electoral del país, se selló en junio pasado cuando el partido que lidera Keiko consiguió quitarle su escaño parlamentario a Kenji, que en dos ocasiones se opuso a la cruzada de su hermana para destituir al presidente Pedro Pablo Kuczynski. Debilitado de todos modos, el mandatario conservador debió renunciar en marzo.

Kenji había sorprendido a fines del año pasado cuando, al frente de diez legisladores leales a él, salvó a Kuczynski de ser destituido por el Congreso. Así rompió la monolítica unidad del fujimorismo y generó la ira de su hermana, que mantenía acorralado a Kuczynski desde que asumió en julio de 2016. Luego se supo que Kuczynski y Kenji habían negociado en secreto el apoyo del menor de los Fujimori a cambio del indulto a su padre, que le concedió en vísperas de Navidad.

Tras la renuncia de Kuczynski, meses después Kenji advirtió que si el indulto era anulado sería por culpa del partido Fuerza Popular de su hermana. La escalada bélica del partido de Keiko "hacía irremediable traerse abajo el indulto", dijo uno de los abogados de su padre, César Nakazaki. "Es una cadena de hechos", agregó, tras subrayar que "era imposible tumbar a Kuczynski" sin que el indulto colapsara.

A pesar de las diferencias, ambos hermanos derramaron lágrimas tras la decisión de la Corte Suprema de anular el polémico indulto.

"Creo que esta decisión es inhumana y esta decisión va ser apelada. Esto es sin duda una persecución. Basta ya", dijo Keiko. "Como hijo no voy a bajar la guardia y voy a seguir luchando por defender la libertad de mi padre", afirmó Kenji. Fue la única coincidencia en años.

"Ojalá Keiko se hubiera quebrado antes", dijo Nakazaki.

En medio de las discusiones y los lamentos, la policía espera su momento para intervenir. El ministro del Interior, Mauro Medina, dijo que esperan el alta médica para proceder al traslado de Fujimori, al que le faltan pagar 15 de los 25 años de prisión que se le impusieron.

"La policía está cumpliendo el mandamiento escrito del juzgado como corresponde a cualquier sociedad del mundo de acuerdo a ley. Estamos esperando la disposición que tenga que ver con el alta y será conducido al lugar donde el INPE (Instituto Nacional Penitenciario) determine", dijo Medina.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) saludó en tanto la anulación del indulto. "Cumple con estándares interamericanos de memoria, verdad y justicia; combate la impunidad, y cumple con garantía de justicia para víctimas de crímenes de lesa humanidad", tuiteó la CIDH sobre la decisión de la Corte Suprema.

Agencias AFP, AP y Reuters

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