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Después del huracán Irma, las Islas Vírgenes Británicas son otra vez el paraíso

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10 de octubre de 2018  • 15:44

60 islas y apenas 30 mil habitantes. Como siempre hay viento y nunca se deja de ver tierra, BVI es conocida como la capital mundial de la navegación a vela. Espléndidas playas, magníficos resorts en islas privadas y la buena vida de esta colonia inglesa que se maneja en dólares americanos.

Encuentro cercano con una tortuga marina.
Encuentro cercano con una tortuga marina. Fuente: Lugares

Las Antillas Menores son como una burbuja celeste que se mantiene ajena a los acontecimientos del mundo. Excepto por el cuco de los huracanes -que pegó muy fuerte con Irma en 2017-, este es el edén en la Tierra. No hay guerras, ni polución, ni grandes revueltas sociales, las industrias se limitan a la producción de ron, azúcar, cigarros. Hay tanto entramado de nacionalidades, países, territorios de ultramar anexos, semiconexos, papiamento, holandés, inglés, créole, español, que uno entra en "modo vacaciones" enseguida. Nada se parece a lo conocido, y la mejor parte es que no queda lejos de casa. No es necesario atravesar el mundo como en el caso de las Maldivas o la Polinesia. Casi con el mismo huso horario, las Antillas Menores son palabras mayores en la dupla de playa & buena vida, a la que puede sumársele buceo, free shops, el toque exótico de la flora tropical y la simpatía de su gente. Como colonias y ex colonias, tienen muchas de las ventajas y presupuestos del Viejo Continente, pero ninguna de las contras. Esto es doblemente cierto en las Islas Vírgenes Británicas donde se cuentan 60 islas volcánicas, de las cuales sólo 15 están habitadas, aunque la gran mayoría de los 30 mil habitantes se concentran en las cuatro principales islas: Tortola, donde está la capital Road Town, Virgin Gorda, Jost Van Dyke y Anegada, la más alejada y diferente, puesto que es la única coralina.

Las rocas de The Baths en Virgin Gorda.
Las rocas de The Baths en Virgin Gorda. Fuente: Lugares

El turismo, sin embargo, no califica como la principal industria de las BVI. Los capitales offshore lo tienen en su top of mind, y si bien apela a un perfil mucho más bajo que su par en Cayman Islands, no dejar de ser un dilecto paraíso, también fiscal. Este olimpo de playas y servicios financieros puede parecer contradictorio, pero a no equivocarse: aquí nadie simpatiza con el traje y la corbata, los impuestos, ni el frío. Y esta trilogía abominada es la que cobija a las más disímiles nacionalidades del mundo, navegantes de todos los mares que anclan atraídos por el color magnético del agua y se dan cuenta, a poco de estar, que más allá de lo espléndido que es pasar la tarde en una playa desierta, hay un tesoro implícito que se llama calidad de vida. Para hacer las cosas más simples, la moneda es el dólar americano, hay wifi en todas partes, y el container con todos los insumos importados que uno pueda imaginar llega los domingos.

Argentinos for export

Ante ese panorama, no podía faltar un argentino. Hay más de uno, pero Armando Jenik es pionero. Llegó en 1970, atraído por la posibilidad de hacer de hacer de su pasión por el océano la forma de ganarse la vida. Por entonces lo conoció a Jacques Cousteau, a quien acompañó en la exploración de grutas y naufragios de la zona. Empezó a tomar fotografías y a filmar, su nombre se fue difundiendo en la región y terminó asociado a cualquier evento subacuático imaginable. Organizó torneos de backgammon, trabajó con David Copperfield, fue extra en varias películas (tuvo que caminar dos meses bajo el agua para Weekend at Bernie's 2) y acompañó a la campeona de natación Diana Nyad a nadar con las ballenas francas en Puerto Pirámides para el ABC American Sportsman. Tan fanático del agua es que su email, antes del arroba es "armandounderwater". Lo tiene asumido. Galán del océano como supo ser -lo llamaban Goldie Locks, por los rulos rubios que tenía- sus relaciones con las mujeres solían terminar con fatídicas sentencias como "estoy cansada de estar mojada" o "estoy harta de que todo tenga que ser bajo el agua". Hace 12 años conoció a Randall Keil de Paradise Water Sports y se convirtió en el fotógrafo que retrata a quienes llegan a hacer inmersiones de bautismo. Sacadas por un profesional de los quilates de Armando, no hay turista que se resista a quedarse con esas tomas.

Armando Jenik, argentino y buzo profesional, especializado en fotografía submarina.
Armando Jenik, argentino y buzo profesional, especializado en fotografía submarina. Crédito: Soledad Gil

Los otros que tienen mucho trabajo son los fotógrafos sociales. Casarse en estos lares es un clásico que abonan los americanos, principal mercado por proximidad geográfica. Y basta una estadía de 24 horas para que les permitan a los tórtolos de cualquier parte del mundo contraer matrimonio, con derecho a luna de miel, claro.

Islas privadas

Los ricos y famosos también frecuentan las BVI. Sus islas privadas son muy buscadas cuando desean alejarse de fans y paparazzis. La más conocida es Necker Island del magnate Richard Branson, propietario de Virgin Records. La compró en 1978 y construyó un resort exclusivísimo que fue la punta de lanza para su Virgin Limited Edition. Se trata de una exótica cadena de propiedades que incluye destinos como Kenya, Londres, Marruecos y Sudáfrica. Necker Island era el refugio de playa favorito de Lady Di, y también se hospedaron Harrison Ford, Robert De Niro, Oprah Winfrey, y los Rolling Stones. Se alquila entera para 33 personas durante todo el año (desde u$s 78 mil por día), excepto septiembre y octubre, los únicos dos meses en que se pueden reservar los cuartos individuales, como si fuera un pequeño hotel. En cualquier versión, conseguir lugar es casi, casi, misión imposible.

Alquilar velero para recorrer las islas es un clásico de las British Virgin Islands
Alquilar velero para recorrer las islas es un clásico de las British Virgin Islands Fuente: Lugares

Otro rincón ultra top de las BVI es la North Sound, la zona norte de Virgin Gorda. Fondeadero emblemático del archipiélago, se ha formado aquí un ciclo de construcción virtuoso: los barcos van porque hay servicios y, a su vez, cada vez hay más resorts, mansiones y propiedades, porque allí se concentran las embarcaciones. Saba Rock Resort, Bitter End Yacht Club o Yacht Club Costa Smeralda, son solo algunos nombres.

No todos son resorts e islas privadas. También hay guest houses de locales (agrupados bajo el nombre Jewels of the BVI) y 21 parques nacionales. El más conocido es The Baths, en Virgin Gorda, un sector de grutas y cavernas a orillas del mar al que se llega nadando como un náufrago. Una vez en tierra hay que ir avanzando agachado, casi en cuclillas, para descubrir inesperados rincones por donde se cuela el sol entre las rocas.

Para la hora del atardecer, no se pierda un brindis con el trago emblemático de las islas, el painkiller (ron, jugos de ananá y naranja, crema de coco y nuez moscada), en el legendario Soggy Dollar Bar de Jost Van Dyke. El bar lleva ese nombre porque la gente llegaba nadando, después de tirarse al agua desde las embarcaciones, y colgaba los billetes mojados a secarse en una cuerda.

Wali Nikiti

Man in White. Siempre vestido de blanco, Davide Pugliese es el embajador culinario de las islas, el profeta foráneo que le demostró al mundo que se podía hacer una cocina refinada que utilizara los frutos de mar y las especias, pero manteniendo a raya las frituras, por ejemplo. Lo hizo desde Brandywine Bay, el restaurante que comandó 23 años, desde 1988 hasta 2011, toda una marca registrada que puso a las BVI en el mapa gourmet del mundo. Davide nació en Torino, pero se crió en Firenze. Trabajó como fotógrafo de modas en New York hasta que decidió probar suerte en los fogones. No era profesional, pero su madre había dejado una muy buena huella, y fue un coterráneo -el chef Fabrizio Bottero- quien le dio la primera mano en su 65 Irving Place, en pleno Manhattan. Con esa pequeña experiencia y un curso de buceo en su haber, llegó a Tortola y se embarcó como cocinero y dive master en un yacht, en el que conoció a la australiana Cele, su mujer desde hace 30 años.

Davide Pugliese, embajador culinario de las BVI.
Davide Pugliese, embajador culinario de las BVI. Crédito: Soledad Gil

Wali Nikiti, el restaurante que han montado en su casa en Scrub Island, quiere decir en el idioma de los nativos australianos algo así como "choza pelada" y hace alusión a la silueta despojada de esta espléndida construcción circular con vista al mar que montaron para emprender una nueva etapa: cocinar para quien quiera venir a comer, dar clases de cocina, ser chef consultor para nuevos inversores, y preparar el catering para algún jet privado que hace escala inesperada y aterriza antojado de langosta termidor o un carpaccio de mahi mahi.

Scrub Island

Tan deshabitadas son las islas de las BVI que en Scrub no había nada hasta comienzos de este siglo. El resort abrió recién en 2010 y, desde entonces, pisó fuerte. Bajo el ala de la marca Autograph Collection de Marriott, ofrece 52 habitaciones y 9 villas, y planea crecer más en esta categoría, cada vez más buscada: el alquiler de la casa completa, con piscina, cocina y servicio optativo de mayordomo y cocinero. Scrub Island está exactamente enfrente del aeropuerto de Beef Island (en Tortola), a 15 minutos de navegación y walking distance del aeropuerto.

Tiene tres playas, una pequeña y muy próxima al área de piscinas, una a la que se llega sólo en kayak (llamada de los honeymooners) y una muy alejada y extensa, del otro lado de la isla, a la que es común pedir traslado en carrito de golf, porque el acceso es tan empinado que uno queda con la lengua afuera. Una vez allí, es propicia para nadar, caminar, sentarse en las reposeras -acomodadas de a dos entre la vegetación- o acodarse en la barra a pedir un trago, una hamburguesa o un cocktail de camarones.

La Marina de Scrub Island.
La Marina de Scrub Island. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Esa doble cara, la animada con bares de piscina y música, versus la salvaje y natural de la playa, es uno de los grandes beneficios de este resort que puede satisfacer a ambos públicos en feliz convivencia.

Después, un masaje relajante del experto Muthu en el Ixora Spa, o una comida en el restaurante gourmet Caravela. Hay proveeduría y un bar que elabora sándwiches y pizzas para almuerzos livianos.

Guana Island

Escarpada y enigmática, Guana es una de las más históricas de las islas privadas. Fue adquirida por Beth y Louis Bigelow de Massachusetts en 1935. Vivieron los primeros años en carpa, sin luz ni agua corriente, buscando provisiones que subían, mucho antes de los carritos de golf, a lomo de burro. Poco a poco fueron construyendo los cottages (reconvertidos en las actuales 15 habitaciones) y convocando a amigos intelectuales y viajeros, que recuerdan aquellos tiempos salvajes: "nos bañábamos con agua de lluvia, pero todos nos vestíamos bien para la hora de la cena", evocan.

Senderos entre la vegetación.
Senderos entre la vegetación. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

En 1975, los Bigelow vendieron la propiedad a Henry y Gloria Jarecki, que la convirtieron en un hotel e introdujeron varias mejoras en la infraestructura. Sumaron tres villas, los burritos quedaron para pasear a los niños y convocaron a Liao Wei Ping, un ornitólogo y jardinero que trazó varios de los senderos de trekking, montó una espléndida huerta que abastece la cocina, y se convirtió en una leyenda de la isla. Dr Liao es contemporáneo -y amigo- de Jarecki, el propietario, que, con 80 años largos, está lejos de jubilarse.

Guana Island, resort romántico.
Guana Island, resort romántico. Crédito: Soledad Gil

Guana Island, en cambio, tiene un máximo de 33 huéspedes, por lo que el chef mexicano Kael Mendoza, se permite consultar todos los mediodías si les agrada la propuesta de plato principal que tienen prevista para la noche: una sopa del día, pescados siempre frescos, o algún carne marinada, y un delicioso final dulce. Para la última noche, un menú degustación que es un verdadero festín. Se trata de un sitio con carácter, que convoca a pasajeros que se sienten atraídos por esa geografía de escaleras y senderos, sin piscina, pero con una de las mejores playas posibles: la White Bay Beach, de arena blanquísima, y un mar turquesa perfecto.

White Bay en Guana Island.
White Bay en Guana Island. Crédito: Soledad Gil

Felizmente en el mundo hay sitios como este, que son una burbuja.

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