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Liderazgo, astucia y ojo: Holan necesita superarse para reconstruir a Independiente

Holan y el desafío de levantar al plantel después de la eliminación de la Libertadores.
Holan y el desafío de levantar al plantel después de la eliminación de la Libertadores. Fuente: AFP
Román Iucht
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5 de octubre de 2018  • 13:26

Lejos de quedarse prendido en la queja por aquello que ya no podía modificarse, el discurso elegido por Ariel Holan pocos minutos después de consumada la eliminación de la Copa Libertadores era el de la autocrítica y la introspección. Salvada la polémica de la acción por la que el brasileño Daronco debió cobrar penal de Pinola a Martín Benítez, en la que lo único que puede abrir el debate es si el zaguero debía ser expulsado, la salida del torneo continental obliga a desmenuzar la serie en su totalidad y a preguntarse si la caída ante el River de Gallardo es causa o consecuencia de un 2018 volátil e irregular. para Independiente.

La primera precisión debe estar orientada hacia tiempo y espacio. Este equipo está lejos de aquel que con un fútbol por momentos de alto vuelo, con agresividad y vocación ofensiva voraz sometía a sus rivales a fines del año pasado. Los equipos tienen ciclos y este parece haber hecho cumbre hace casi un año. En algún momento del trimestre final de 2017, así de concreto y de efímero pero real, Independiente practicó el mejor fútbol de la Argentina. Con su presión sometía a los rivales, con su dinámica encontraba fluidez en las transiciones y desde la confianza de los jugadores y el predicamento del discurso del entrenador, todos los planetas estaban alineados.

Destinado a ser víctima del modelo exportador, el ciclo sufrió pérdidas sensibles a partir de su éxito y la obtención de la Copa Sudamericana puso en la vidriera a nombres cuyo destino inexorable a cambio de valores millonarios fue el aeropuerto de Ezeiza. Sin Nicolás Tagliafico el Rojo perdió a su líder y a una referencia fundamental en el campo y en el vestuario. Con la partida de Ezequiel Barco, se fueron la gambeta desequilibrante en los duelos individuales, la explosión y la inventiva para abrir los partidos inviolables. Luego llegó el turno de Diego Rodríguez y como uno valora lo que tiene a partir del momento en que lo pierde, su ausencia reflejó la subestimación que tenía su rol dentro del equipo cuando desde la oscuridad cumplía funciones opacas pero muy valiosas.

En el inicio de 2018, el tramo final de la Superliga lo dejó a las puertas del ingreso a la Copa 2019 pero del lado de afuera y la fase de grupos del torneo continental confirmó que la irregularidad sería una compañera no deseada pero duradera. El traspié ante el débil Deportivo Lara quedó maquillado con las buenas actuaciones ante Millonarios y Corinthians fuera de casa, y cuando se logró la clasificación para octavos se alcanzó el primer objetivo.

Independiente sufre el bajón de Meza: no volvió a ser aquel que era antes del Mundial.
Independiente sufre el bajón de Meza: no volvió a ser aquel que era antes del Mundial. Fuente: FotoBAIRES

El ciclo post mundial devolvió a un Maxi Meza que, al igual que el resto de los jugadores locales, retornó "tocado" futbolística y anímicamente y a una manzana tan tentadora como traicionera: la Suruga Bank agregó un trofeo a las vitrinas pero con la triple competencia por delante hirió la salud y la estabilidad del equipo para el resto del semestre. Ni los chilenos Silva y Hernández, ni el ecuatoriano Gaibor, ni Guillermo Burdisso y Emanuel Britez, ni Ezequiel Cerutti lograron afirmarse y aunque varios podrían ser considerados titulares a partir de las elecciones del técnico para los partidos clave, ninguno entregó aún el salto de calidad buscado a la hora de sumar nombres al plantel.

La eliminación de Copa Argentina ante Brown de Adrogué fue mucho más que un simple llamado de atención y el arranque flojo en el torneo doméstico, una nueva señal. El "incidente Sánchez" abrió las puertas de la clasificación ante Santos sin superarlo en los resultados a pesar de ser mejor en el balance y después llegó el choque ante River.

Más allá del buen resultado que le dio a Holan la composición de la última línea en el segundo tiempo en Avellaneda, resultó llamativo no solo la acumulación de jugadores defensivos para jugar en el Monumental sino el escaso apego por la intentar algo más ambicioso que la resistencia en el arco propio y algún esporádico avance de contraataque.

Gallardo y Holan, antes del partido del martes: a Independiente le faltó ambición en el Monumental.
Gallardo y Holan, antes del partido del martes: a Independiente le faltó ambición en el Monumental. Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Asumirse tan inferior pareció un acto de excesivo respeto al rival, que luego terminó pagando con la eliminación. Si con distintos hechos, algunos simbólicos pero sobre todo la valentía futbolística, el Independiente de la actualidad había recuperado su vieja mística y esa identidad tan reconocible, la distancia entre el discurso del técnico y la práctica, lejos estuvieron de poner de manifiesto esa grandeza.

Ahora llega el tiempo de la reconstrucción. Es la hora del entrenador.

En las prácticas, Holan deberá intervenir para recuperar los signos vitales de un conjunto que supo jugar bien al fútbol hace no demasiado tiempo. En el vestuario su tarea estará destinada a sostener la armonía de un grupo con suficiente cantidad de calidad como para jugar algo más que la Superliga por los próximos ocho meses. Ese es el riesgo mayor. Serán sus decisiones las que irán marcando el camino, evitando la complacencia que pueda desperfilar al once titular. En su astucia para equilibrar las cargas y en su muñeca para repartir protagonismos radicará el éxito de su trabajo.

Siempre tuvo plantel. Debe volver a definir el equipo.

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