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Independiente le ganó a Patronato en Paraná para empezar a olvidarse de la eliminación en la Copa Libertadores

Argentina Superliga Fase de grupos
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Patronato

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Independiente

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Rodolfo Chisleanschi
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6 de octubre de 2018  • 19:00

Independiente tiene en el estadio Presbítero Grella una cancha fetiche. La había visitado dos veces y ganado en las dos. Repitió en la tercera. El 2-1 ante Patronato careció de brillo pero resultó terapéutico y hasta tuvo ciertas dosis de épica. Porque llegó a Paraná con el dolor en el alma tras su eliminación en la Libertadores y se fue con dolores por todo el cuerpo.

La crónica de este partido por la octava fecha de la Superliga debe empezar en el arranque del segundo tiempo, cuando pareció que el Rojo iba a rematar una de esas semanas como para borrarla de su calendario. La que había empezado el viernes pasado con un pálido empate de local ante Tigre, penal errado incluido, continuó con la frustración del martes en el Monumental y, en ese momento, solo sumaba puntos en la enfermería.

Es muy poco común encontrar un partido donde los responsables de la salud de un equipo deban transpirar tanto la camiseta como cualquiera de los jugadores. Ocurrió con los asistentes de Ariel Holan. A los 2 minutos tuvieron que asistir a Francisco Silva. Cinco después el tobillo de Alan Franco dijo basta y debió dejar la cancha. Media hora más tarde de aquel problema inicial, el volante chileno pidió el cambio.

Benítez, autor de uno de los goles de Independiente
Benítez, autor de uno de los goles de Independiente Crédito: @independiente

El momento cumbre llegaría a los 4 del complemento, cuando chocaron en el aire Figal y Hernández y ambos quedaron en el suelo. El defensor se llevó la peor parte, y como Holan había arriesgado metiendo a Benítez por un inoperante Silvio Romero en el descanso, el Rojo debió jugar con 10 todo la segunda parte. Todavía hubo tiempo para más. Necesitaron atención especial Meza y Benítez y los médicos terminaron su noche agotadora atendiendo a Campaña en el instante final.

La desventaja numérica, insólitamente, alumbró al mejor Independiente. Porque en la primera parte le costó sacudirse la tristeza, ese estado melancólico de quien acaba de perder un gran amor y no sabe cuándo llegará la siguiente ocasión de dedicarle una serenata.

La presión de Patronato en el medio fue suficiente para cortarle los circuitos y el Rojo demoró media hora en hilvanar una jugada asociada. Tuvo a su favor la crónica incapacidad del local para elaborar alguna acción coherente una vez recuperada la pelota y por eso superó sin muchos sustos su período de latencia.

Hasta que se quedó con un hombre menos. Entonces reacomodó las piezas, Hernández agarró la manija, Brítez se hizo impasable, Benítez puso una marcha más y el equipo funcionó mejor. La fortuna lo acompañó con un rebote en el 1-0, Gigliotti definió con clase el segundo y pese a cierto agobio postrero el Rojo se encontró con una victoria que necesitaba como el agua y encontró justo cuando ya parecía fuera de libreto.

El resumen del partido

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