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Erotismo sin mandones ni mandoneados

Miguel Espeche
Miguel Espeche PARA LA NACION
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6 de octubre de 2018  

"Sin educación sexual" es el título del video que promueve el Festival Erótico de Barcelona. La mujer que habla en él hace referencia, de una manera cruda y difícil de digerir para aquellos que no gustan de la literalidad sexual, a lo mala que ha sido la educación sexual machista con la que la pornografía ha contribuido a forjar la sexualidad de muchos. "Ahora mandamos nosotras", termina enunciando el video, tras describir revulsivamente algunas cuestiones de la sexualidad abusiva y oscura que habita en el "saber" sexual de tantos hombres que se educaron en lo pornográfico, con nefastos resultados por cierto.

Nadie podría criticar el reproche que el video hace a varios frutos violentos de ese tipo de educación. No a la idea de violación permitida por causa de la ropa que porta la mujer, no al abuso naturalizado, no al sentir la dominación humilladora como objetivo de lo erótico. La lista es -reiteramos- más que cruda, así como las imágenes que acompañan.

Verdad es que del video se podrán reprochar sus detalles, el énfasis y sesgo que elige, su estética, la ideología subyacente. y se puede criticar fuertemente también que ese video no sea contra la pornografía, sino a favor de una pornografía dirigida por y para mujeres, producto que pretende vender a través del mensaje, siendo esa, seguramente, su finalidad última.

Pero acá nos detendremos en señalar críticamente otra cuestión que, aunque lo involucra, va más allá del video. Nos referimos al "ahora mandamos nosotras" con el que en su conclusión pretende solucionar todos los males descriptos. De todos esos males se sale, según la propuesta, cambiando de mando, no cambiando de valores.

Es cierto que nos estamos metiendo en terreno minado al referirnos a una temática tan politizada y violentamente encarada por parte de muchos. Pero, bueno, habrá que hacerlo. La opinión es que, si se trata de salir de una erótica de dominación para crecer en dirección a un erotismo apasionado a la vez que amoroso, respetuoso y gentil, habría que dejar de lado la palabra "mandar" y cambiarla por alguna otra más eficaz que permita generar una buena sexualidad, en la que todos disfruten sin andar mandoneando a nadie.

Allí se ve la hilacha demagógica: no se trata de salir de una idea de poder que sojuzga y somete, sino que se trata de invertir lugares dentro de esa misma lógica. Si la vida fuera solamente una puja por el dominio de unos sobre otros, vaya y pase, pero, convengamos, a veces es lindo fluir desde otros paradigmas más amables. Sobre todo, si de amor y erotismo se trata. Y no es que sea una aspiración utópica el que existan relaciones que sean algo mejor que una batalla entre mandones y mandoneados, sobre todo en un territorio tan interesante y grato como lo es el del erotismo bien vivido. Ocurre que hay muchos casos y hasta culturas enteras que viven la cuestión como un encuentro del orden de la comunión más que de la dominación o la sumisión, demostrando que tal perspectiva es posible y no requiere la pasteurización de lo erótico para ser "buena".

Hay en la actualidad una enorme confusión respecto de este tipo de temas. Por tal razón es aconsejable distinguir entre el deseo de trocar roles en clave de revancha y el de crecer hacia una forma de intercambio más inteligente y generadora, ligada más al encuentro generoso que a la puja.

"Ahora el juego es otro" podríamos decir, apuntando a que pasarla bien en el territorio del amor erótico es más el fruto de la intimidad genuina que de la capacidad de ganarle al otro en la batalla por el dominio.

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