Un auspicioso debut para la Compañía de Danza Argentina

Una escena de L'Hirondelle, obra de Oscar Araiz
Una escena de L'Hirondelle, obra de Oscar Araiz Crédito: Alicia Sanguinetti
Laura Chertkoff
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6 de octubre de 2018  

Ópera Prima. Coreografía: Guido De Benedetti, Oscar Araiz y Mauricio Wainrot. Música: Igor Stravinsky, Maurice Ravel, Manuel de Falla y Astor Piazzolla. Por la Compañía de Danza Argentina. Dirección: Guido De Benedetti. Próximas funciones: hoy y mañana, a las 21. Sala: en el Teatro Avenida. Nuestra opinión: muy bueno

El ballet neoclásico es el barrio perfecto para que las puntas y la técnica del clásico convivan con los movimientos más orgánicos y las historias más terrenales. Y Guido De Benedetti lleva muchas décadas viviendo allí.

De modo que este nuevo proyecto de compañía le brinda un espacio para buscar otras terminaciones para los brazos, quebrar las líneas rectas con las caderas, contar historias de seres humanos sin embrujos locos.

En el neoclásico también se puede jugar con la danza abstracta. Por eso abre el programa con Aprés Apollon, sobre la cinematográfica música de Stravinsky. El manifiesto homenaje de De Benedetti a George Balanchine luce como un ejercicio técnico de 12 minutos, que anticipa el tono de la noche: aquí no hay princesas con tutú plato.

Con mínimas imperfecciones en el uso de las puntas y alguna patinada de la que salieron airosas, el trío de bailarinas plantó bandera en el momento menos figurativo de la noche.

En su primer encuentro porteño con un espectáculo completamente propio, los bailarines y las bailarinas lucieron felices. A menos que su personaje estuviera atravesando redondamente una tragedia, no pudieron evitar las sonrisas en sus rostros.

Como ha declarado Guido De Benedetti, la Compañía de Danza Argentina siempre presentará obras de coreógrafos nacionales. Algunas veces con estrenos, otras con reposiciones de trabajos que no se vieron en la Argentina. Como es el caso de L'Hirondelle, de Oscar Araiz, una creación de los años 80 sobre una musa parisina de la belle époque. La música de Maurice Ravel permitió a Lisa González jugar con todos los matices de su demandante protagónico en el encuentro con diversos hombres. Araiz coreografió romances, huidas, rechazos, olvidos y borracheras sin necesidad de pantomima.

En esta compañía de apenas catorce integrantes, la exigencia para entrar y salir de los personajes es muy grande. Y por ello se destacan quienes se ven obligados a transitar diversas cuerdas. Es el caso de Gerardo Marturano con un personaje violento y manipulador en L'Hirondelle, muy lejos de la alegría y el compañerismo que demostró en los complejos enlaces del dúo que baila en Libertango. Y el otro caso más evidente es el del bailarín venezolano Yosmer Mejía, que se destaca tanto con su picaresco Toulouse-Lautrec -detalle que no se aclara en el programa de mano- como con el Lorca que teje la trama de Bernarda Alba.

Cruzando el primer y extenso intervalo, llega la segunda creación de De Benedetti, Bernarda Alba y los secretos de Federico, con música de Manuel de Falla interpretada en piano. Treinta y cinco minutos de neoclásico, contemporáneo y algo de clásico español donde solo pueden objetarse los compases con las palmas que se oyeron poco ensayados.

Con el acertado vestuario de Laura Torrecillas, las historias de encierro, luto y desengaño son contadas sin condicionamiento de género en los roles. Tanto la Bernarda de Gastón Cabrera como la Poncia de Gerardo Maturano lucen atinadas en sus personajes sin afectación. En la noche de estreno brilló con su Angustias la bailarina invitada, Karina Olmedo, a la que se vio integrada y haciendo suyo el tono de la obra. Olmedo demostró la habilidad técnica e interpretativa de la que es capaz aun fuera del marco de su vieja casa del Teatro Colón.

El cierre del programa está planteado con la reposición de otro clásico del patrimonio dancístico argentino: Libertango, uno de los primeros trabajos de Mauricio Wainrot, construido sobre el disco casi completo de Piazzolla. Entonces el baile vuelve a alejarse del relato, aunque es claro el delineado de malevos y percantas en los gestos que acarician el vestuario diseñado por Carlos Gallardo.

En el saludo final, la compañía se vio feliz y orgullosa de llegar a buen puerto. Aunque arriba y abajo del escenario se vieran algunos rostros de agotamiento. Tal vez sea mucho para una sola noche.

Como en muchas óperas primas, su creador quiso poner toda la carne al asador. Es de esperar que la continuidad del proyecto les permita relajarse y disfrutar dosificando la propuesta.

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