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Los secretos detrás de la vida de un gato

Violeta Gorodischer
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6 de octubre de 2018  

E l vínculo que entablamos con nuestras mascotas es complejo, difícil de conceptualizar de una sola vez. William S. Burroughs, por ejemplo, dedicó un libro entero a los felinos y lo tituló Gato Encerrado (El Aleph Editores). Allí analiza la relación que entabló con todos los gatos que fueron parte de su vida y de sus sueños (literalmente). Examina ese puente invisible que une a las personas y los felinos como una sustancia misteriosa, duradera, llena de claroscuros. Repasa comportamientos universales con los cuales cualquier dueño de gato se sentirá identificado (el placer de verlos amasar telas mullidas con sus pequeñas pezuñas, oírlos ronronear cerca de la cara, sorprenderse cuando se vuelven súbitamente indiferentes) y llega a conclusiones metafísicas, donde el gato real y el simbólico se funden: "No puedes zarandear a tu gato blanco porque tu gato blanco eres tú mismo; no puedes esconderte de tu gato blanco porque tu gato blanco se esconde contigo".

Hay un punto clave en el que Burroughs se detiene y es la diferencia entre los gatos que se dejan domesticar y los que no. El niño rebelde de la Generación Beat admira a los primeros ("animales prácticos como ellos solos, prefieren que sean los demás quienes les traigan la comida") y mira de lejos, con cierto respeto, a los segundos.

Lo interesante es que ahí donde Burroughs ensalza al gato doméstico, lo subjetiviza y glorifica nuestro vínculo con él, otros autores contemporáneos como Jean Baudrillard ejercen un cierto modo de crítica. En su caso, el autor lleva a los animales domésticos directamente a la categoría de objetos, con una crudeza difícil de digerir para aquellos que piensan que han ejercido una labor altruista, que les han dado a las mascotas una dosis de amor y cuidado difícil de igualar por otro ser viviente.

Lejos de la humanizada mirada de Burroughs, Baudrillard plantea en su libro El sistema de los objetos que los animales domésticos son meros objetos en la medida en que depositamos en ellos las características que nosotros queremos: los construimos según nuestra voluntad y de la forma en que más nos complazca. El animal doméstico es de esta manera un objeto perfecto, dice, porque es "el único ser cuyas cualidades exaltan mi persona en vez de restringirla". En otras palabras; se prestan a ser personalizados sin ningún problema y sin oponer objeción alguna. Y en ese terreno, aparentemente, los dueños nos sentimos más cómodos que nunca.

Además, Baudrillard pone la lente en la forma en que asexuamos a perros o gatos con la castración: según su punto de vista, la mascota queda totalmente desprovista de sexo pese a ser un ser viviente. Más allá del discurso higiénico y las recomendaciones de los veterinarios, perros, gatos o canarios pasan a ser "tranquilizadores" para los seres humanos a costa de una castración real o simbólica; regulan para nosotros, sus propietarios, la angustia de castración de la que tanto habla el psicoanálisis.

A primera vista y puestos en paralelo, Burroughs y Baudrillard tienen miradas opuestas, pero en cierto sentido, también pueden resultar complementarias. Como sea, hay algo indiscutible para todo el mundo y es que la vida de una mascota es, en todo sentido, un repaso por nuestras propias vidas. ¿O acaso cuando perdemos un animal doméstico no lloramos por cada etapa transcurrida y por cada momento que atravesamos juntos, más que por el animal en sí?

De hecho, es imposible dimensionar cómo percibe un gato el plano existencial, cuál es el límite de los recuerdos, cómo experimentan el paso del tiempo, qué significamos sus dueños en el transcurrir monocorde de sus días.

Anoche soñé con Lupe, mi gata blanca de manchas anaranjadas y grises, bien a lo Burroughs. No sucedía nada en particular; yo la miraba y a su vez me dejaba mirar. Guardo los secretos que creí que me dijo sobre el inframundo felino. Trece años fueron mucho tiempo compartido; evidentemente su pérdida no es tan fácil de procesar. Dice Burroughs en un breve momento de quiebre, tal vez el de mayor lucidez de su libro: "Los gatos sirven de espejos sensoriales de unas actitudes bastante precisas cuando se los selecciona para representar el rol adecuado. Los roles pueden variar y un gato puede representar más de un papel: mi madre, mi esposa, mi hijo, mi padre y otros amigos...".

En efecto, mi gata Lupe desempeñó papeles cruciales para mí, y reflexiones aparte esa es la etapa que hoy se cierra. Me tranquiliza saber que sus cenizas son, de ahora en más, parte de mis plantas.

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