Desafíos para los nuevos trabajadores

Marcelo Elizondo
Marcelo Elizondo PARA LA NACION
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6 de octubre de 2018  

La economía global llegó para quedarse. La internacionalización productiva, la proliferación de flujos de comercio e inversiones transfronterizos (que, pese a algunos peligrosos discursos proteccionistas, no disminuyen) y la evolución de la tecnología disruptiva no se detendrán.

Un efecto de ello es un radical cambio en el ámbito del trabajo. La disrupción tecnológica da muerte a lo viejo (trabajos poco creativos y reemplazables por máquinas), pone en riesgo de exclusión a los que no se adaptan (según un estudio privado, 21% de los trabajos en la Argentina tienen alta probabilidad de automatización y un 38% adicional tienen probabilidad media de ella), y ofrece evolución profesional a aquellos que acompañen el cambio tecnológico.

Esta evolución tecnológica generará falta de trabajadores calificados y no solo falta de puestos de trabajo. La tecnología no destruirá "el" trabajo, pero sí las funciones viejas. Por eso los países con mayor avance tecnológico no tienen altas tasas de desempleo (Estados Unidos, 3,9%; Alemania, 3,4%; Reino Unido 4%; Japón 2,5%,). Según The Economic Intelligence Unit, los países con mayor preparación tecnológica son Finlandia, Suecia, Australia, Austria, Alemania, Holanda, Singapur, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Estados Unidos y Canadá, y las tasas de desempleo (según OIT) en ellos son menores que en la Argentina.

Un estudio basado en la OCDE y la Cepal expresa que en el futuro inminente, los puestos de trabajo se crearán preeminentemente en comercio, transporte y almacenamiento, información/comunicación, finanzas, seguros y actividades profesionales científicas y técnicas. Y a la vez se destruirán trabajos en construcción, minería, administración y actividades de soporte. Y una muestra del cambio en marcha es que ya hoy en el mundo los servicios generan 54% del empleo, mientras generaban 47% a fin del siglo XX (70% en los países de altos ingresos y 60% en América Latina).

El cambio sistémico en la producción y el trabajo es graficado por el asiático Stan Sheh mientras dibuja una línea curva -más alta en los extremos, más baja en el medio- con la que dibuja el desarrollo de las cadenas productivas dentro de redes internacionales de producción (la llama smile curve). Sostiene que mientras las cadenas de valor internacionales en el siglo XX generaban mayor valor (y mejor empleo) en la etapa de manufacturación (en el medio de la cadena), hoy lo hacen en la etapa inicial (diseño, invención, innovación, propiedad intelectual) y en el final (comercialización, marketing, servicios de venta y posventa), mientras la etapa de manufacturación industrial intermedia ha perdido relevancia.

Pese a que los trabajos son cada vez más autónomos, la mayoría de las actividades profesionales se desarrollarán en o para empresas (aunque las actividades en las empresas serán más flexibles e individuales). Hace un tiempo un blog del Banco Mundial midió las "100 mayores economías del mundo" y reveló que de ellas 69 son empresas y solo 31 Estados de países, lo que exhibe que las empresas son las instituciones ganadoras de la evolución (por un lado porque empujan el cambio tecnológico, por el otro porque pueden ser internacionales, y además porque responden rápida y espontáneamente a nuevos requerimientos de los consumidores). Un aspecto de este proceso es que las empresas globales generan cada vez más puestos de trabajo fuera de sus países de origen (la inversión en trabajadores por parte de las multinacionales fuera de sus países se cuadruplicó en el mundo de 1990 a la fecha), lo que obliga a los países emergentes a formar sus trabajadores para estándares cercanos a los de los desarrollados (eso nos lleva a discutir si aún perviven las categorías de desarrollado y emergente, o si en verdad lo que hay son cadenas o clústeres productivos desarrollados y actividades que no lo son, más allá de dónde están situados).

La relevancia de las empresas en este tiempo explica que en los países de la OCDE la mayor fuente de formación de los trabajadores sean las propias compañías (estos países gastan 50% más en I&D en empresas que en educación terciaria, mientras en América Latina la inversión en I&D es solo del 30% de la inversión en educación terciaria).

Ante ello la Argentina no solo deberá evolucionar, sino aun prepararse para el presente: según el Banco Mundial solo 24% de los puestos de trabajo en la Argentina están ocupados por personas con altas habilidades relativas al puesto ocupado. La Argentina tiene atraso en la formación para el presente y no parece aún muy preparada para la formación del futuro.

La educación tiene dos grandes fines: contribuir a generar mejores personas y dotar a los seres humanos de capacidades útiles. Pero esto poco tiene que ver con los viejos contenidos de la instrucción del siglo XX. Una pregunta para hacerse, entonces, es quién (y cómo) prepara a los futuros trabajadores. En nuestro país la escuela está atrasada y buena parte del sistema universitario sigue trabajando en base a asignaturas y disciplinas que han envejecido, y cuyos límites temáticos se han diluido. Muchas "materias" ya no representan un paquete de contenidos sistémico adecuado, y las "carreras" no siempre responden a las exigencias de la época.

En concreto hoy la evolución está requiriendo 5 tipos de habilidades centrales: las básicas (lenguaje, aritmética, lógica), las técnicas (las propias de cada profesión, pero también las interdisciplinarias), las instrumentales (computacionales, gestión de la información, manejo de tecnologías), las personales (empatía, optimismo, iniciativa, persistencia, capacidad de resolver problemas, de entender y dar sentido, pensamiento adaptativo y pensamiento crítico, gestión de la carga cognitiva, administración de emociones) y las sociales (interculturalismo, capacidad de trabajo en equipo, capacidad de organizar y hacer funcionar, adaptabilidad, liderazgo, basamento en roles más que en jerarquías).

Es una carrera. Los que logren dar el nuevo paso serán grandes beneficiados e irán por delante de las máquinas.

Especialista en negocios internacionales

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