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Buenos Aires 2018. Vivir el fascinante mundo olímpico siendo adolescente

Noche de distensión en la Villa Olímpica: la juventud, a pleno
Noche de distensión en la Villa Olímpica: la juventud, a pleno Crédito: Pablo Elia
Claudio Cerviño
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6 de octubre de 2018  • 01:00

Pasaron 20 años de aquel primer boceto presentado por Jacques Rogge a un grupo de dirigentes del Comité Olímpico Internacional (COI). La idea sorprendió, pero no tanto: encerraba lógica. Aunque no brotó una aprobación instantánea para la idea del presidente. Requería de planificación, estudios, interconsultas y seguramente el infaltable lobby.

Se tomaron un buen tiempo, por cierto. Recién nueve años después, en Guatemala, durante una asamblea del COI, nacían los Juegos Olímpicos de la Juventud . Los Juegos mayores ya se encaminaban hacia la cita en Pekín 2008, con toda su historia detrás. ¿Cuál era la lógica detrás de la idea del belga Rogge?

Cada deporte tiene su torneo por excelencia. Y también las categorías junior, una suerte de semillero y a la vez de bautismo a la hora de confrontar con otras naciones. Competencias donde empiezan a visualizarse los cracks del futuro. Entonces, ¿por qué postergar hasta los 18-19 años (o más) la increíble experiencia olímpica?

La iniciativa de Rogge abordaba además otras aristas: volcar a la juventud hacia la práctica de deportes. Combatir el sedentarismo. Orientarlos en su alimentación. Es cierto que muchas de esas conductas pueden ejecutarse sin pisar un campo deportivo, por convicción y con un plan específico. Pero el deporte le otorga un valor agregado incomparable: los lazos de amistad a través de la convivencia y el contacto con otras culturas.

Solo faltaba ver la idea en funcionamiento. Singapur 2010 y Nanjing 2014 marcaron las dos primeras escalas del joven movimiento olímpico, hasta desembarcar en Buenos Aires 2018 . El sueño de muchos dirigentes y deportistas de tener en la Argentina una prueba olímpica concretaba su primera versión. Sin el impacto y marketing que generan los grandes atletas internacionales en rigor, pero sí con su esencia. Esa que transforma a los Juegos en un certamen único.

Juegos que se pondrán en marcha esta tarde en un escenario atípico: las calles de la ciudad. Como si Río 2016 hubiese realizado su ceremonia de apertura en Copacabana en lugar del Maracaná. Buenos Aires 2018 propone su Obelisco al planeta de los anillos, con una fiesta abierta y gratuita. Y a partir del domingo, durante 12 jornadas, las competencias.

Había que verle la expresión a la dominicana Pía Iturbides, integrante de la selección de futsal, ayer en la Villa Olímpica. Apenas 15 años. "Esto es increíble. Ya salir de tu país, a competir. De pronto te encontrás de miles de chicos y chicas de otros países. Queremos disfrutarlo a pleno", esbozó aceleradamente. Feliz.

Los Juegos Olímpicos conmueven y dejan una huella perenne. Lo siente cada uno de los atletas en el instante de entrar en la Villa, incluso ultraprofesionales que ni sospechan los entretelones y características del día a día. Lo recuerdan siempre, con o sin medallas. Y bajan su mensaje, como lo hizo Santiago Lange, oro en Río 2016 junto con Cecilia Carranza en yachting. "Si bien se trata de los Juegos de la Juventud, tienen todos los valores de los Juegos de mayores. A los atletas les tienen que dejar motivación, ganas de seguir y un aprendizaje como deportistas".

El handball playa, una de las atracciones, en una práctica entre Paraguay y Uruguay, en Parque Sarmiento
El handball playa, una de las atracciones, en una práctica entre Paraguay y Uruguay, en Parque Sarmiento Fuente: AP

Incorporar enseñanzas, rutinas, experiencias, sirve para moldear a adolescentes que tienen ante sí la posibilidad de forjar su futuro. Ya sea trascendiendo a partir de sus habilidades en una disciplina como desde su rol social. Son épocas en las que el "factor resultado" cobró una preponderancia peligrosa en la medición de virtudes y carencias, desvirtuando el sentido de los valores. En ese sentido, los jóvenes están más expuestos, permeables.

Por eso, los Juegos de la Juventud son una plataforma en muchos aspectos; generadores de ejemplos de los que chicos pueden asirse cuando ingresen en otra etapa de sus vidas.

Podemos tomar algunos atletas argentinos que marcaron la historia olímpica: Manu Ginóbili, la Peque Pareto, Gaby Sabatini, Camau Espínola, Lucha Aymar, Juan Curuchet-Walter Pérez o el propio Lange. Deportistas consagrados, sí, pero que además disfrutaron de los Juegos. Descubrieron un mundo fascinante, que les modificó la mirada sobre los verdaderos sacrificios y la búsqueda de la superación. Que aún hoy rememoran aquellas largas charlas de sobremesa en el restorán de la Villa, de alentar a otros atletas y ser alentados por ellos, de ir a ver deportes de los que desconocían las reglas. O de cruzarse con un top mundial y aflojarse, como le pasó a Novak Djokovic con Michael Phelps en Río 2016. Seguramente, más de una vez se habrán preguntado: ¿cómo no existe esto mismo pero para la adolescencia?

Esa nueva historia comenzó hace 8 años. De menor relieve, pero con su misma impronta. Buenos Aires muestra su cara olímpica, rindiendo su propio examen. El futuro, con sus posibilidades reales más allá de las ideales, dirá para qué está. En todo sentido.

La diversión de las atletas rusas en la Villa Olímpica con el metegol gigante
La diversión de las atletas rusas en la Villa Olímpica con el metegol gigante

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