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Las mil formas del ajuste entre un debate semántico

Néstor O. Scibona
Néstor O. Scibona LA NACION
Las exorbitantes tasas de interés ponen en jaque a la economía real, frente a un consumo raquítico que se mueve con precios más bajos
Las exorbitantes tasas de interés ponen en jaque a la economía real, frente a un consumo raquítico que se mueve con precios más bajos Fuente: LA NACION
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7 de octubre de 2018  

Una economía otra vez en recesión y con alta inflación no era la perspectiva que el gobierno de Mauricio Macri esperaba mostrar al mundo en estos días como sede de los Juegos Olímpicos para la Juventud y, a fin de noviembre, de la cumbre de líderes políticos del G20 . A lo sumo, deberá conformarse con el fuerte respaldo de los países del G7 - concretado en el refuerzo de la asistencia récord del FMI -, para evitar una crisis de pagos externos y mantener el rumbo hacia las políticas pro-mercado con reinserción internacional que lo llevaron a la Casa Rosada hace casi tres años.

El impacto de los shocks internos y externos que se sucedieron a lo largo de 2018 no terminó aún de unificar el discurso oficial. Sólo hace pocas semanas el propio Macri dejó de hablar de una "tormenta" (que, por definición, es pasajera), para admitir una crisis económica y que se avecinan meses difíciles. Para reforzar el argumento, el ministro Dante Sica afirmó que "más que una tormenta, es una crisis grave que está afectando a una gran cantidad de empresas". En cambio, su colega Nicolás Dujovne optó por un lenguaje más técnico: "Lo que atravesamos es una recesión, no una crisis", sostuvo en el reportaje con LN+ y la atribuyó básicamente a la sequía y a los cuadernos de la corrupción.

No se trata simplemente de una cuestión semántica, como la describió el ministro de Hacienda. La estanflación es producto del desordenado ajuste impuesto por el corte del financiamiento en los mercados externos, que puso fin abruptamente al gradualismo fiscal, duplicó el valor del dólar (pese al drenaje de US$24.000 millones en reservas), empujó la inflación y contrajo el salario real. La magnitud de este ajuste, forzado por la desconfianza, desvirtuó todas las previsiones oficiales y privadas para 2018. En nueve meses, las proyecciones de PBI pasaron de + 3% a -2,5%; de inflación de 19,4% a 44,8% y de tipo de cambio para diciembre de $21,90 a $43, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central .

A lo largo de este período, el gobierno actuó como si enfrentara un incendio forestal. Cuando atacaba un frente se abría otro, sin tiempo de reparar daños. Recién ahora el ajuste se está encarrilando tras el segundo programa acordado con el Fondo Monetario, para corregir los déficits gemelos con dólares dosificados por el organismo. El "cortafuegos" es el duro régimen de restricción monetaria que acaba de poner en marcha el BCRA, junto con la flotación del dólar dentro de la ancha banda móvil (de $34 a $44), para restar combustible al mercado cambiario.

La sequía monetaria, con emisión cero y suba de encajes, ya se tradujo en tasas de interés superiores a 74% anual, que estiran aún más la cadena de pagos, contraen el crédito y son un recurso de emergencia típico de manual ultra ortodoxo para desacelerar la inflación con el correr de los meses. A tal punto que Carlos Melconian caracterizó a esta política como "sangrienta" y Miguel Ángel Broda como "paleozoica" a falta de un programa integral. El objetivo del BCRA es que reaparezca la oferta privada de dólares para estabilizar las cotizaciones, desalentar la acumulación de stocks y frenar un mayor traslado a precios de la devaluación.

Por lo pronto, este nuevo escenario pone en jaque a la economía real, donde la retracción del consumo masivo ya era la variable de ajuste de los precios. No todos los que remarcan demasiado pueden mantener las ventas ya que, en general, los consumidores buscan los precios más bajos de cada rubro, más allá de las marcas. Esto puede advertirse en las góndolas de los supermercados: escasean los productos más baratos (o desaparecen los pocos con "precios cuidados") y abundan los más caros. En ciertos casos con ausencia de precios, salvo que antes de llegar a las cajas se recurra a los dispositivos de verificación instalados en los locales. Paralelamente, se ampliaron las diferencias para un mismo producto entre distintos tipos de comercios. Y aunque puede atribuirse a la evasión impositiva, las cadenas suelen acortarlas con ofertas por cantidad (tipo 4 x 3 o 70/80% de descuento en la segunda unidad), no solo los fines de semana para reducir stocks. La caída de volúmenes de venta, que se acentuó en agosto y septiembre, indica que no es la mejor estrategia. En cambio, una cadena minorista promociona ofertas fijas por un mes para un conjunto limitado y rotativo de productos y marcas.

Los pequeños bares y restaurantes generalizaron hace tiempo los menús ejecutivos de mediodía a precio fijo para captar clientes. Pero también deben competir con los locales de "venta por peso", de propietarios chinos, con precios más bajos que las ofertas diarias de combos en las cadenas de comida rápida. En cinco años su número se multiplicó por cuatro y se acerca a los 1000 comercios.

En bienes durables el panorama es más dispar. Muchos precios subieron en pesos, pero bajaron en dólares, como ropa, calzado y marroquinería. No es un incentivo para los consumidores con pesos devaluados; pero sí para los turistas extranjeros cuyo ingreso al país muestra una incipiente recuperación en los últimos meses, al igual que en las ciudades de frontera. Como contrapartida, las ventas de pasajes aéreos de cabotaje aumentaron 9% interanual en septiembre (y 13% en los primeros nueve meses del año), tras la eliminación del piso tarifario que permitió ofrecer tarifas low cost a todas las compañías, sin despacho de equipaje ni comida a bordo.

La devaluación y las altas tasas de interés comenzaron a hacerse sentir en los últimos meses en el mercado de electrodomésticos. Las ventas de televisores se mantuvieron firmes hasta el Mundial de Rusia y aún hoy muestran precios similares a los de mayo. En cambio, la suba del dólar se trasladó íntegramente a los productos importados (como notebooks) y a los insumos para línea blanca donde bajaron los volúmenes y, en mucho menor medida, a celulares. Sin embargo, el mayor problema es el fuerte aumento del costo del crédito para los comercios que financian sus ventas a través de fideicomisos; e incluso con el plan Ahora 12, cuya tasa alcanza al 51% anual.

En automotores, la caída de ventas está tratando de ser amortiguada con descuentos de hasta $120.000 sobre precios finales difíciles de determinar y financiación a tasas bonificadas por las terminales.

Pero un problema que no resuelve la restricción monetaria es la inercia inflacionaria ni la recomposición de precios relativos. Por caso, la última suba del petróleo Brent (a US$85 el barril) neutralizó el aumento de combustibles de la semana anterior (8/9%) y, pese al retroceso del dólar, los precios de la nafta súper y el gasoil volvieron a ubicarse entre los más bajos de la región.

Para reducir daños el gobierno anticipó la revisión de los aumentos salariales de 15% acordados en las paritarias y/o los pagos a cuenta pactados para más adelante, Los futuros ajustes en el sector privado serán más acotados en los sectores afectados por la caída de demanda. Y en los gremios del sector público auguran una mayor conflictividad por la resistencia al ajuste del gasto público. En todos los casos tendrán efectos rezagados sobre el consumo hasta que se desacelere la alta inflación mensual.

En este marco, el "ancla" monetaria deberá resistir presiones para ganar credibilidad y estabilizar el mercado cambiario, a fin de que su alto costo económico pueda ir bajando durante el año próximo. Broda estima que, si el esquema funciona, el tipo de cambio tiene más chances de ubicarse cerca del piso que del techo de la banda cambiaria. Por ahora es una cuestión de fe. Tanto para quienes atesoraron dólares y se resisten a venderlos, como para los consumidores que deben optar entre apurarse a comprar en pesos productos no indispensables antes de que aumenten o esperar a que dejen de subir o bajen. Para 2019, el telón de fondo será el impacto del ajuste macroeconómico en un incierto año electoral.

nestorscibona@gmail.com

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