Ese "mal" ejemplo de Lula y Dilma

Claudio Jacquelin
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6 de octubre de 2018  

La mínima diferencia por la que se decidieron las últimas elecciones presidenciales, en medio de escándalos de corrupción, de una economía agotada y de una inseguridad creciente, podía hacer presumir que la cosa no acabaría bien. Pero nadie imaginó que Brasil fuera a terminar tan mal.

Menos de dos años después, Dilma Rousseff , la "triunfadora" de ese domingo 26 de octubre de 2014, había sido destituida por el Senado, acusada de manipular las estadísticas públicas. Mejor obviar comentarios sobre el tenor de la falta y mejor aún evitar comparaciones.

Hoy, cuatro años más tarde, casi nada del poder político y económico de entonces queda en pie: ni el empresario más rico, ni el dirigente más popular, ni el único partido de masas. Como si fuera otra era geológica.

Solo resiste el Poder Judicial, que cambió la historia. El mismo que terminó por devorarse a las criaturas que le dieron las herramientas legales y los recursos para poder investigar y condenar. Que ningún presidente en funciones se dé cuenta de que Lula y Dilma lo hicieron.

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