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Seguros de vida y retiro, promotores del ahorro

Mauricio Zanatta
Mauricio Zanatta PARA LA NACION
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7 de octubre de 2018  

En la mayoría de los países del mundo desarrollado las compañías de seguros de vida y de retiro son inversores institucionales relevantes e insustituibles. En Chile, para dar un ejemplo cercano, manejan fondos equivalentes al 25% del PBI; en Panamá, representan el 15%; en Brasil, 12%; en México, 7%; en Uruguay, 6% y en Perú, 4%. En la Argentina, apenas el 0,7% del producto bruto interno. La brecha con todos ellos es enorme, tanto como el potencial de crecimiento que tenemos como sociedad e industria.

Según los últimos datos oficiales dados a conocer recientemente por la Superintendencia de Seguros de la Nación, la cartera que administran las compañías de seguros de vida asciende 43.253 millones de pesos, y las de retiro, a 84.681 millones de pesos. Estos activos están distribuidos en títulos públicos, obligaciones negociables, fondos comunes de inversión, fideicomisos financieros y plazos fijos. El plazo promedio de estas inversiones ronda los siete años, siendo posible extender estos plazos dada la naturaleza de nuestro negocio. Para ello, necesitamos nuevos modelos de inversión de acuerdo a estándares internacionales, de tal manera de promover el ahorro como motor de la economía. Este será un tema que trataremos en nuestro 11° seminario internacional, que desarrollaremos el martes próximo por la mañana en el Sheraton de Retiro.

Hoy, en nuestro país el sector asegurador es uno de los pocos con capacidad de constituir y consolidar el universo de los inversores institucionales. Particularmente, tienen esa capacidad las compañías de seguros de personas, porque promueven el ahorro de largo plazo.

Si la dimensión del mercado fuera equivalente a la de los países mencionados al comienzo de esta columna, habríamos contado con un ahorro interno que hubiera atemperado los impactos de la falta de financiación externa, constituyendo un fondo anticíclico de resguardo de nuestra economía, como lo es en el resto de los países.

Promover el ahorro interno debería ser una política de Estado. Proveer a los ciudadanos de instrumentos para hacerlo no es difícil: existen en el mundo y en nuestro país. Son las coberturas de vida y retiro las que, con un ahorro sistemático y adecuado a los ingresos de las personas garantizan, por un lado, contar con una protección económica si ocurriera un evento desafortunado, y generar un ahorro a largo plazo para objetivos costosos, como los estudios universitarios de un hijo o un complemento jubilatorio, conocido internacionalmente como tercer pilar voluntario.

A lo largo de los años, esos ahorros son invertidos en instrumentos que promueven el desarrollo productivo del país, financian a sus empresas, impactan en las mejoras de la infraestructura y reducen la necesidad de financiamiento externo, con lo cual se evita la situación de vulnerabilidad frente a los vaivenes de la economía internacional y a nuestras debilidades estructurales.

Una condición necesaria, aunque no suficiente, para el desarrollo del ahorro interno, es la actualización de los incentivos fiscales para estos productos de raíz aseguradora, congelados a valores de 1992. De los seguros de vida se pueden desgravar solo $996, de los de retiro individual, nada. En el mundo, las políticas de promoción del ahorro que llevan adelante los países del G20 o de la OCDE, al que nuestro país pretende ingresar, aplican mecanismos de desgravación que anualmente admiten cifras que parten de los U$20.000. Aquí, la discusión por el impacto fiscal inmediato del monto deducible, impide ver el enorme beneficio que esta política de promoción del ahorro podría generar en el mediano plazo.

Por eso, instamos a las autoridades a retomar la iniciativa de efectivizar esa actualización en los montos deducibles de Ganancias. En poco tiempo, progresivamente, aumentaríamos el dinero destinado al ahorro, que a su vez se invertiría en dinamizar la economía, generar puestos de trabajo, aumentar el capital disponible para el crédito público y privado, promover las inversiones en infraestructura vial, portuaria y energética e ir independizándonos del crédito externo. Un círculo virtuoso progresivo que se encuentra detenido, quizás obnubilado por lo urgente que muchas veces enmascara lo importante.

Presidente de la Asociación Civilde Aseguradores de Vida y Retirode la República Argentina

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