Boca, el mejor test para el nuevo Racing, nacido tras la noche negra del Monumental

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
El incidente de Enzo Pérez contra Racing, en la Copa Libertadores
El incidente de Enzo Pérez contra Racing, en la Copa Libertadores Fuente: AFP - Crédito: Juan Mabromata
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6 de octubre de 2018  • 23:59

El 29 de agosto pasado Racing fue atropellado por River en el Monumental. La Academia sufrió esa noche una derrota dolorosa, de las que dejan huella. Y sin embargo, desde la decepción que significó quedarse afuera de la Copa Libertadores, surgió un equipo renovado, espiritual y futbolísticamente, que a partir de entonces solo sumó triunfos. El fútbol cada tanto regala este tipo de paradojas.

Recuerdo bien la conferencia de prensa que dio Lisandro López después del encuentro en Núñez. En ella no solo enseñó cómo debe ejercerse el liderazgo de un grupo, poniéndole el pecho a las situaciones complejas sin necesidad de ejercer de caudillo "a lo macho", sino que además tuvo la valentía de plantear la obtención del campeonato como objetivo por conseguir. Podía sonar a obligación. En definitiva, la Superliga es la única competencia para Racing hasta fin de año, pero al decirlo con las heridas todavía abiertas demostró que el plantel tenía la personalidad suficiente como para levantarse enseguida.

No conozco equipo que no sea capaz de tener un partido malo. Es la ley del fútbol y nadie está exento, pero resulta vital que esa mala noche no desmorone todo lo construido con anterioridad. En ese sentido, nada hay más difícil que el partido siguiente, cuando todavía estás perturbado y quedan algunas sombras por lo sucedido. Racing lo solventó de manera inmejorable y todos supimos que el mensaje de Licha tenía sustento.

Hay varias razones para explicar por qué se dio una reacción tan inmediata. La principal es el arraigo de las convicciones. Si un plantel tiene claro cuál es el estilo, si cree en lo que hace y el entrenador muestra firmeza en sus ideas, es más simple dar vuelta la página y seguir adelante.

La sensatez que rodeó a aquellos días posteriores a la derrota por 3-0 frente a River también fue importante. La histeria, la urgencia y la tensión existen, son inevitables. Pero cuando los dirigentes y el cuerpo técnico interpretan que la derrota es nada más que una posibilidad dentro del juego y evitan que la dramatización del exterior invada el vestuario, se genera una atmósfera interna de armonía que impregna al jugador y multiplica su capacidad de respuesta.

La cuestión futbolística estuvo a la par. Aquel partido alumbró un Racing distinto, con Marcelo Díaz como máximo responsable. La presencia del número 5 chileno cambió de manera radical el juego del equipo, que pasó de ser vertiginoso a cerebral.

El vértigo, la búsqueda del arco rival en tres pases siempre son tentadores, pero la velocidad sin criterio ni pausa, sin elaboración ni inteligencia para detectar por dónde ir en cada jugada lleva a atacar de manera desbocada y a dejar huecos por todos lados cuando esos ataques no terminan bien. Con su manejo de la pelota en mitad de cancha, con su facilidad para pensar rápido y discriminar hacia dónde hay que jugar y cómo conviene hacerlo -a un toque, a dos, cortito, en largo.-, los jugadores como Díaz ayudan a darle sentido y organización al movimiento colectivo, y todos funcionan mejor. Por ejemplo, los volantes que bajan a recibir, o dos laterales como Saravia y Mena, que desmienten aquello de que no hay jugadores aptos en ese puesto en nuestro fútbol.

La tarea de Díaz, además, también resulta esencial en defensa. No solo porque se trata de un jugador combativo si no porque al frenar el vértigo y darle una mejor salida a la pelota, el equipo la pierde menos y queda mejor balanceado si eso ocurre. No es casual que desde la noche del Monumental el arquero Arias -otro valor en alza- no haya recibido goles en contra.

El nuevo desafío que ahora afronta Racing es extender su presente y, apoyado en el ánimo, seguir entrenando para progresar en su juego. Caer en la relajación que a veces provoca la adulación es un riesgo concreto, y ahí debe estar el técnico para detectar cualquier señal de encendido del piloto automático.

Este domingo, el equipo de Coudet tiene una prueba importante. Boca llegará con el ánimo reforzado y la profundidad de su plantel le permitirá disimular el desgaste físico. Será un buen test para comprobar hasta dónde puede llegar esta nueva Academia paradójicamente nacida en la peor de sus noches.

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