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Operación final: pálida revisión del caso Eichmann, filmada en la Argentina para Netflix

Oscar Isaac como Peter Melkin, el agente del Mossad encargado de capturar a Eichmann y llevarlo a Israel para ser juzgado
Oscar Isaac como Peter Melkin, el agente del Mossad encargado de capturar a Eichmann y llevarlo a Israel para ser juzgado Crédito: Netflix
Marcelo Stiletano
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8 de octubre de 2018  

Operación Final (Operation Finale, EE. UU./2018). Dirección: Chris Weitz. Guion: Matthew Orton. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Dirección de arte: David Brisbin. Edición: Pamela Martin. Música: Alexandre Desplat. Elenco: Oscar Isaac, Ben Kingsley, Mélanie Laurent, Lior Raz, Nick Kroll, Michael Aronov, Greta Scacchi, Peter Strauss, Pepe Rapazote, Rita Pauls. Duración: 122 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular

El primero de los muchos problemas que tiene Operación final es idiomático. Resulta difícil sostener a esta altura, inclusive a partir de la consabida justificación de la "producción internacional que debe llegar a múltiples mercados", una historia que transcurre en la Argentina, pero en la que todos hablan en inglés, salvo algunas líneas que, a modo de caprichosa excepción, son dichas en castellano y por actores locales.

Ese zafarrancho lingüístico se contagia a toda la producción, porque no se sabe muy bien si Operación final es la crónica de la detención clandestina en Buenos Aires de Adolf Eichmann por parte de un comando israelí en 1960 y el juicio posterior en Jerusalén que concluyó al año siguiente con la condena a muerte de uno de los peores criminales del nazismo; si es una suerte de psicodrama protagonizado por Eichmann (Ben Kingsley) y el agente del Mossad ( Oscar Isaac ) que más cerca está de su presa, o si funciona como el retrato de un país (el nuestro) que toleró luego de la Segunda Guerra Mundial la llegada de criminales de guerra y los protegió con apoyo oficial.

Trailer "Operación final" - Fuente: Youtube

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Hay un común denominador cualquiera fuese la opción elegida: el trazo grueso en todas sus manifestaciones. El director Weitz retrata casi al borde de la parodia el comportamiento y los rituales de los argentinos con simpatías nazis a comienzos de la década del 70 y no tiene problemas en hacer que el guion salte sin disimulos ni continuidades de un lugar al otro cuando le toca explorar todo el proceso que lleva al grupo israelí a organizarse e instalarse en la zona norte del Gran Buenos Aires para atrapar a Eichmann. A la vez, los personajes son presentados de manera elemental y rutinaria. El ejemplo más claro es el vínculo afectivo que une a Peter Melkin (Isaac) y a la única mujer que forma parte del comando, una médica encarnada por la actriz y directora francesa Mélanie Laurent.

Los hechos narrados en la película ya tuvieron mejor suerte en el cine y la TV a través de dos versiones previas ( La casa de la calle Garibaldi y El hombre que capturó a Eichmann) que sin deslumbrar al menos asumieron la necesidad de aportarle a la historia algo de la enorme tensión que deben haber experimentado los protagonistas reales. Isaac está lejos de sus mejores trabajos recientes y Kingsley muestra de principio a fin una expresión de disgusto que no resulta novedosa, porque suele usarla para acompañar sus apariciones de menor compromiso. En sus caras, ambos protagonistas parecen asumir que la historia de la que participan caerá irremediablemente en el tedio, sin posibilidades de recuperación.

Algunos rostros reconocibles de los escenarios locales (Rita Pauls, Ezequiel Campa, Iván Steinhardt) se suman en el elenco a una producción íntegramente filmada en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores. Algunas prolijas imágenes de las cercanías de la Plaza de Mayo y otros lugares reconocibles pretenden darle a esta producción un anclaje geográfico que la historia no acompaña, porque Operación final podría haberse filmado en cualquier otro lado. Y con los mismos pálidos resultados.

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