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Un proceso turbulento que deja fracturada a la sociedad brasileña

Alberto Pfeifer
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7 de octubre de 2018  

SAN PABLO.- Esta noche, auditado por observadores internacionales, el Tribunal Superior Electoral (TSE) pronunciará los resultados de las elecciones de Brasil, donde se emplea un sistema electrónico moderno y confiable. Visto así saldrá triunfante la democracia del país. ¿O no?

Votar no es racional. En Una teoría económica de la democracia (1957), Anthony Downs propone la paradoja del voto: es irracional invertir horas y energía, considerando el impacto irrisorio de la manifestación individual ante el universo total de electores. Votar apasiona y paraliza, produce esperanza y provoca miedo. El miedo genera una selección por negatividad: el voto asertivo está basado en el rechazo del otro. Prepondera la incertidumbre. La decisión tiende a ser volátil, a última hora. O sea: el triunfante del pleito es el signo de interrogación. ¿Habrá ballottage en Brasil el próximo 28 de octubre? ¿O la ola que rechaza al Partido de los Trabajadores (PT) logrará impulsar definitivamente al candidato ultraderechista Jair Bolsonaro?

Entre los electores hay más interrogantes. El candidato del PT, Fernando Haddad, ¿se trata de un títere de Luiz Inacio Lula da Silva o será capaz de imprimir su propia identidad? Y Bolsonaro, ¿qué presentaría en términos de propuestas concretas? ¿O seguirá con su hábil manejo de las plataformas digitales?

Y de los demás candidatos -como Ciro Gomes, Geraldo Alckmin y Marina Silva-, otra pregunta: ¿hacia qué polo se irían sus votos en caso de una segunda vuelta entre Bolsonaro y Haddad?

El poderoso Congreso Nacional, donde se tendrán que discutir y aprobar las impostergables reformas política, fiscal, previsional y administrativa, ¿cómo quedará tras los comicios de hoy? La nueva Cámara, el nuevo Senado, ¿tendrán los elementos de gobernabilidad del presente y del futuro, o replicarán las arcaicas estructuras fisiológicas y corporativistas hasta hoy hegemónicas, rechazadas por los que votan en contra del statu quo?

En cuanto a los 27 nuevos gobernadores, fundamentales en cuanto a la orientación de sus bancadas y en la repartición de las cuentas públicas, ¿qué mapeo regional político e ideológico resultará de estos comicios?

Poco se puede deslindar de la cartografía política: un caleidoscopio, con decenas de partidos representados, agrupados de acuerdo con la conjunción del momento de cada tema, sea quien sea el próximo presidente.

Los partidos más fuertes -PT y Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB)- pierden representatividad, en favor de nuevas expresiones, a expensas del deterioro del concepto de partido político. Crecen la derecha y las bancadas polarizadas y fundamentalistas.

¿Saldrá Brasil más fuerte o más débil esta noche tras las elecciones? Por un lado, por fin empezará a dejar atrás un período electoral demasiado largo e incierto, a casi tres años del impeachment de Dilma Rousseff, con un gobierno dotado de legitimidad plena cuando se concrete (probablemente en ballottage). Pero, por otro lado, saldrá debilitado: una sociedad polarizada, una representación política multifacética, opacidad de planes y de composición del gobierno. Hay mucho que hacer, y mucho que recuperar de la racionalidad en el gobierno, la misma racionalidad que estuvo ausente en la campaña.

El autor es coordinador del Grupo de Análisis de Coyuntura Internacional de la Universidad de San Pablo

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