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Juegos Olímpicos de la Juventud: una fiesta que atrajo a una marea humana a los pies del Obelisco

La apertura de los Juegos Olimpicos de la Juventud
La apertura de los Juegos Olimpicos de la Juventud Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno
Matías Baldo
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6 de octubre de 2018  • 20:37

Tres horas antes del comienzo oficial de la edición 2018 de los Juegos Olímpicos de la Juventud , la Avenida 9 de Julio era una procesión constante desde Avenida de Mayo, la vía de entrada del público general, rumbo al Obelisco, el epicentro de una inauguración histórica: por primera vez en 122 años, la ceremonia de apertura de un Juego Olímpico se celebró en un espacio abierto y fuera de un estadio.

La multitud era insondable y aumentaba con cada minuto. La marea humana avanzaba, imparable, por la avenida más ancha del mundo. Llegar al Obelisco era una utopía. Miles y miles de personas caminaban con calma, en un ambiente familiar, por la acera, el Metrobús y el asfalto en busca de una posición de privilegio cerca de la acción. Los más avezados para inmiscuirse entre la muchedumbre fueron encontrando lugares donde acampar a la espera de un show que comenzó 180 minutos después. Los más rezagados eligieron acomodarse cerca de las pantallas dispuestas en cada una de las cuadras de la zona.

Como en todo evento multitudinario, la venta ambulante fue protagonista. El merchandising de Buenos Aires 2018 se ofrecía sobre la calle a cada paso: 50 pesos las banderas y las vinchas, 200 las gorras y 300 las remeras.

También dijo presente la religión con innumerables grupos evangélicos que repartían panfletos, predicaban, bailaban, cantaban e incluso les pintaban en la cara a los chicos las banderas de sus respectivos países. "Es una oportunidad de predicar la palabra de Dios", explicaron desde una de las tantas organizaciones a LA NACIÓN. El Ejército de Salvación instaló su orquesta en el cruce de 9 de Julio y Alsina, montó su propia fiesta con un grupo integrado con jóvenes de todas partes del mundo, desde Londres a Corea, y atrapó la intención de muchos transeúntes.

Entre el gentío, desperdigados por toda la 9 de Julio, se mezclaban los familiares de los protagonistas de las próximas once días: los padres y el hermano de Jenaya Massie, una australiana que participará del canotaje; los padres de los equipos femeninos y masculinos de beach volley de Suiza y los parientes del golfista danés Baard Bjoernevik Skogen son apenas un ejemplo. Todos ellos se quedarán hasta el final de los Juegos Olímpicos, independientemente de la participación de sus hijos.

La previa de la inauguración encarnó el espíritu olímpico: muchos de los 206 países estuvieron representados en una tarde de paz, camadería y alegría. Argentinos, brasileños, venezolanos, peruanos, europeos, africanos, asiáticos, todos mezclados compartiendo sus experiencias y bailando desde que los DJ's empezaron a pasar música a partir de las seis de la tarde.

Hasta las ocho de la noche, horario en el que comenzó oficialmente la gala, la gente siguió llegando para ser parte de un día histórico: el día en que Buenos Aires se convirtió oficialmente en una ciudad olímpica. Después, llegaría el show de música y color, con un Obelisco que se transformó en una caja de sorpresas. La fiesta ya había comenzado.

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