Andrés Larroque: "Fuimos un gobierno con buena fe, que pudo haber tenido defecciones"

Crédito: Unidad Ciudadana
El diputado kirchnerista niega todas las revelaciones del caso de los cuadernos de las coimas; impulsa una reforma de la Constitución para lograr "mayor participación popular"
Gabriel Sued
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7 de octubre de 2018  

Dedicado al armado de un frente para recuperar el poder en 2019 , el secretario general de La Cámpora , Andrés "el Cuervo" Larroque , plantea la necesidad de una reforma constitucional para "refundar la patria", y responde a las acusaciones de corrupción contra el kirchnerismo. "Fuimos un gobierno con absoluta buena fe, que en algunos casos puntuales pudo haber tenido defecciones", dice, en una entrevista con LA NACION, en la que afirma que la causa de los cuadernos "es un invento" y que "el debate del modelo de país se está resolviendo celda de por medio".

-¿Después de los casos de corrupción que se conocieron, se puede concluir que el gobierno kirchnerista fue corrupto?

-Para nada. Una cosa es que haya situaciones que están siendo investigadas por un tipo particular de Justicia, y otra, plantear que es esencialmente corrupto. La corrupción más profunda es la ruptura de la representación del mandato popular. Y, en ese sentido, quien es esencialmente corrupto es Macri. Fuimos un gobierno con absoluta buena fe, que en algunos casos puntuales pudo haber tenido defecciones.

-Hay casos graves ya probados, como el de los bolsos de José López o el de Ricardo Jaime. Trabajaban con los Kirchner desde Santa Cruz. ¿Cristina pudo no estar al tanto?

-Son casos diferentes. En el de López hay un hecho de malversación de fondos, pero no se sabe qué pasó, porque es todo muy oscuro y está siendo usado por un sector del poder. En el caso de Jaime, los empresarios buscan cooptar o suavizar la presión del funcionario que lo tiene que regular y ahí pueden aparecer las defecciones. Hay formas de ocultar esos procedimientos. Si ella lo hubiera conocido, lo habría sancionado.

-Los sobreprecios en la obra pública fueron denunciados hace muchos años. ¿Por qué mantuvieron a los funcionarios?

-No había denuncias precisas, solo cosas genéricas. Por eso proponemos una auditoría de toda la obra pública. Pensando en el futuro, lo central es desarrollar una estructura política que controle a los funcionarios y los motive en cuanto a valores y convicciones.

-En el caso de los cuadernos, Abal Medina reconoció que recibió bolsos para la campaña. En un pendrive de Larraburu, su secretario, se indica que parte de ese dinero terminó en manos del Cuervo. ¿Le llegó esa plata?

-No, esa no era mi función. Ignoro las motivaciones que tuvo Juan Manuel para decir eso. Sé que Larraburu me mencionó en su declaración, pero en contra de lo que decían los titulares, dijo que no le constaba que haya habido entrega de dinero y que él no confeccionó el pendrive en su totalidad. Es todo muy difuso.

-¿Todos los empresarios y exfuncionarios que reconocieron los hechos se pusieron de acuerdo para decir algo parecido? ¿Es todo un invento?

-Sí, creo que es todo un invento. Entiendo que suena chocante. Hay cosas yuxtapuestas que dan la idea de que hay algo real, pero hay un grado altísimo de presión sobre los detenidos y arrepentidos. Y hay una operación muy fuerte para que no vuelva a pasar lo de 2001. Esa crisis derivó en un accidente de la historia que fue Néstor Kirchner. Hay una presión muy fuerte para penalizar no solo a la política, sino también a los empresarios. El debate devaluación- dolarización, el debate de modelo de país, hoy se está resolviendo celda de por medio.

-¿No hay autocrítica sobre hechos de corrupción comprobados?

-Nuestra debilidad fue que Néstor Kirchner llega en 2003 sin una fuerza política y con una clase dirigente degradada. Fueron Néstor y Cristina, con su formación de la juventud peronista de los 70 y con lo que habían ejecutado en Santa Cruz, quienes impusieron otros parámetros. Algunos se identificaron y otros siguieron funcionando como antes de la crisis.

-¿De Vido siguió esos parámetros de transparencia?

-Sí, De Vido es un cuadro político doctrinario, peronista. No le perdonan haber usado dos conceptos que están penalizados por la oligarquía: la planificación y el federalismo.

-López y Jaime estaban dentro de su órbita. ¿Esos casos se le pasaron por alto?

-Lo explicará él ante la Justicia. Hay que analizar cómo funciona una estructura de gestión y cómo eso se entrecruza con el desgaste de relaciones de muchos años. A la hora de gestionar uno choca con tensiones que resuelve en función de las prioridades de la etapa. En 2003, la transparencia no era la demanda de la sociedad, sino que necesitaban un plato de comida y un trabajo.

-¿Confía también en la inocencia de Boudou, que está condenado?

-Sí, por supuesto. Las condenas no tienen que ver con circunstancias de gestión, sino con definiciones políticas que fueron imperdonables para el poder económico. Con el tema de las AFJP, Amado se puso un punto rojo en la frente.

-¿Por qué perdieron en 2015?

-Es multifactorial. Enfrentamos un poder muy grande, una confluencia de sectores que se habían dividido entre 2001 y 2003, y que se reunificaron entre 2008 y 2013. A partir de 2011, se empezó a fragmentar nuestro frente político. Por diversas cuestiones, por ambiciones, por sectores que no tenían voluntad de profundizar, por diferencias metodológicas con la conducción. Finalmente, llegamos a 2015 con un candidato que no expresó al conjunto.

-¿Qué valoración tiene de Scioli?

-Es un dirigente moderado y quizá no era el momento para un dirigente moderado, porque había y hay una polarización muy clara de modelos y él, con toda la buena intención, no pudo capitalizar ese escenario.

-¿No estaba agotado el modelo económico kirchnerista?

-No, había encontrado las naturales tensiones de una política no liberal. Una política nacional necesariamente tiene que ser popular, con protagonismo del pueblo. Hay sectores que abonan una política nacional, pero no popular. Ese sector, nacional pero no popular, va pivoteando entre una sociedad con los sectores más combativos y otra con los más conservadores.

-¿Hay que radicalizar el modelo?

-No sé si la palabra es radicalizar. Hay que ser creativos. Muchas veces tomamos medidas buenas en esencia, pero sin eficacia. Tenemos dos casos sintomáticos. La ley de medios aglutinó una movilización importante, pero no en la medida de lo que implica la profundidad del debate. Lo mismo con la reforma judicial.

-La Cámpora impulsa un frente patriótico para "refundar la patria". ¿Qué implica eso?

-Más allá de las medidas urgentes para salir de la crisis, a la sociedad hay que plantearle la necesidad de una fuerte participación y de un nuevo diseño institucional. Y eso requiere debatir una nueva Constitución.

-¿Qué se imagina en esa reforma de la Constitución?

-Las tensiones y los límites que tuvimos a la hora de gobernar se superan con mayor participación popular. Tenemos que pasar de una democracia representativa a una democracia participativa.

-¿Cómo se traduce eso?

-La idea sería diagramar la democracia de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Ver en la base cuáles son las demandas y las aspiraciones del conjunto del pueblo y encausarlas en un andamiaje institucional.

-¿Hay que quitar los límites a la reelección presidencial?

-La verdad, yo no creo que ese sea el debate prioritario.

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