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Para Irvine Welsh, "somos los hamsters que hacemos girar la rueda del sistema"

Para Welsh, la adicción es el síntoma de la época
Para Welsh, la adicción es el síntoma de la época Fuente: Archivo
El autor de Trainspotting ataca con Un polvo en condiciones; mezcla de adicción al sexo y crítica política
Matías Néspolo
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7 de octubre de 2018  

BARCELONA.- Viste de riguroso negro, y parece un poco esquinado al trato directo. La cabeza completamente rapada, el gesto adusto y las respuestas cortantes. Sin embargo, ante público numeroso se brinda cordial. Busca el sol en el hotel barcelonés donde atiende a la prensa, y le tranquiliza saber que no es el único que nota el aire acondicionado demasiado fuerte. Se pensó que solo él sentía el frío a causa de las drogas que se metió en el cuerpo en otra época, confiesa con una sonrisa en el ascensor de camino a la terraza. Es el chico malo por antonomasia de las letras británicas, o escocesas, mejor dicho, y a punto de cumplir los 60 no ha perdido las aristas. Al contrario, se presenta más brutal que nunca en su última novela traducida al castellano: Un polvo en condiciones (Anagrama).

A Irving Welsh (Escocia, 1958) le cuesta arrancar, porque Un polvo en condiciones no es tan reciente. Publicada en 2015 como A Decent Ride le siguen luego The Blade Artist y Dead Men'sTrouser, aún por traducir.

"Al hablar de un libro viejo eres como un empleado de un yo anterior, del que ya has pasado página", se excusa. "Me gustaría hablar del que estoy escribiendo ahora que disfruto mucho y voy a terminar pronto, aunque todavía no tenga título, pero nadie me pregunta", dice tramposo, porque al repreguntar cambia de tema.

Pero la cuestión del título no es inocente, porque el autor Trainspotting siempre parte de ahí. En este caso, "de la expresión muy curtida en Escocia, con la que todo el mundo fanfarronea, pero que en inglés también ride se refiere a la carrera de un taxista".

Un paseo en taxi con el que vuelve a su querida Edimburgo, después de haber visitado Miami en la anterior La vida sexual de las gemelas siamesas, con el que Welsh recupera al personaje de Juice Terry Lawson de Cola y Porno. "Los personajes secundarios son una caja de herramientas, siempre puedes volver a usar una para hacer otra cosa", dice. Y si es un personaje "en tres dimensiones que respira, le doy rienda suelta para que haga el trabajo sucio", aclara el escritor cuya única brújula, asegura, es "el subconsciente".

Y esa otra cosa que construye ahora Welsh es más salvaje que en sus primeras novelas, porque la adicción a las drogas duras de antaño se transforma aquí en adicción al sexo, en un adorable espectro que incluye el incesto, la violación y la necrofilia. El escocés siempre suele decir que todos sus personajes tienen algo íntimo y personal, ¿y dónde queda eso ahora? "Seguramente en mi melena enrulada", responde a cara de perro, y mejor no enojarlo, porque el enrulado personaje de Terry es un cretino por los cuatro costados: depredador sexópata montado en un taxi, dealer de poca monta a tiempo parcial, actor porno amateur, padre desastroso de unos cuantos hijos desperdigados y así. Todo eso aderezado con un humor abrasivo para contar sus aventuras con una dramaturga suicida, un amigo deficiente en busca de su novia desaparecida (prostituta encubierta), y un rico promotor inmobiliario americano demasiado parecido a Trump que lo contrata de chofer, mientras un huracán llamado Tocapelotas amenaza con arrasar Escocia.

"Me di cuenta de que Trump era un personaje sin parangón, pero en ese momento aún no era presidente", aclara. Y con respecto al otro referente real, "el huracán que nadie tomó en serio", porque hacía más de cien años que no visitaba uno las tierras altas, confiesa sin ambages lo que representa. "Es un símbolo del Referéndum de Escocia, como ese cataclismo que se supone lo debe cambiar todo. Y las cosas cambian, sí, pero para peor y en todas partes, como en Reino Unido con el Brexit que no pinta nada bien", advierte.

Pero cuidado que esta lectura política en la novela es obvia y va más allá. Tras un episodio cardíaco que invalida a Terry para practicar su deporte favorito, es el pene del protagonista el que reivindica a gritos su: "¡Independencia!" Cosa que obliga a preguntar por la cuestión catalana, que Welsh conoce muy bien, no solo porque en Escocia se defiende una exconsejera catalana en exilio. "Creo que primero hay que liberar a los presos políticos y el gobierno tiene que cambiar la perspectiva para buscar una salida negociada, porque la situación es grave", avisa. "Pienso que Cataluña funcionaría de una manera fantástica como país independiente. Y eso también sería fabuloso para España, si volviera a una situación preimperialista. Como también sería bueno para Inglaterra despegarse de Escocia, respirar de nuevo y dejar atrás esa mentalidad de nación imperialista que ha provocado el Brexit y que impide el desarrollo del país", dispara.

En todo caso, esto es lo más sutil de la novela. El problema es lo explícito: las hiperbólicas peripecias de un machista recalcitrante que pueden poner en pie de guerra a las lectoras, aunque Welsh no lo crea y niegue todo afán de provocación gratuita. "Terry es así, vive y respira sexo; libre de toda incertidumbre, actúa por impulso", explica. "Al contrario", se defiende, "la mayoría de lectoras captan la esencia del personaje mejor que los hombres. Muchas de ellas reconocen: alguna vez salí con un idiota como este. Son los lectores los que sienten hostilidad hacia el personaje y lo rechazan, como si dijeran: sí, hay tipos así, pero yo no soy así".

La cuestión de fondo, sin embargo, no es esa, como tampoco las desastrosas formas de paternidad que exhibe la trama, sino "el conflicto de la mortalidad", dice. "El sexo tiene mucho que ver con la mortalidad. Alguien que haya invertido mucho en su potencia sexual, llegará un momento en que lo perderá todo".

O quizá el tema de la adicción a secas, que Welsh define como el gran síntoma de nuestro tiempo. "Nuestro comportamiento obsesivo compulsivo cada vez es mayor como resultado del capitalismo. A medida que se encogen los salarios, necesitamos consumir más y más, no importa qué: drogas, sexo, series de Netflix? Y el Estado bombea esa demanda porque nos necesita. Vivimos en una especie de zoo disfuncional en el que somos los hámsteres que hacemos girar la rueda del sistema", remata.

Un polvo en condiciones. Autor: Irvine Welsh. Editorial: Anagrama. Página: 460
Un polvo en condiciones. Autor: Irvine Welsh. Editorial: Anagrama. Página: 460

Para agendar

El sábado 13, a las 18.30, en el Auditorio de Malba (Figueroa Alcorta 3415) Welsh participará en una charla con moderación de Pablo Plotkin que lleva por título "La redención del infierno". Más tarde, ese mismo día, será DJ en la fiesta del festival, que cumple diez años y los celebrará en Niceto (Niceto Vega 5510)

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