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Monserrat Caballé: se apagó la voz de la última gran soprano del siglo XX

Murió ayer, a los 85 años, en su amada Barcelona; deja una de las más brillantes carreras líricas sobre los principales
Helena Brillembourg
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7 de octubre de 2018  

No podía ser de otra manera: Barcelona, la ciudad que la vio nacer, era también la destinada para su partida. Nadie podrá olvidar la canción que le dedicó junto a Freddie Mercury, otra de las grandes voces contemporáneas, con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992 realizados en la Ciudad Condal. Ni las lágrimas que derramó en público cuando el Palau de la Música quedó hecho cenizas tras un terrible incendio en 1994.

En la madrugada de ayer, Monserrat Caballé, de 85 años, murió en el Hospital Sant Pau, donde se encontraba ingresada desde septiembre por complicaciones de vesícula derivadas de una salud muy debilitada durante estos últimos años. Como declaró Josep Carreras, el gran tenor catalán y su compañero en innumerables producciones apenas se enteró de su muerte: "De todas las sopranos que he escuchado en vivo durante toda mi carrera, nunca he escuchado a nadie cantar como Monserrat Caballé".

Nació el 12 de abril de 1933 en el barrio de Gràcia, recibiendo de su madre su primera formación musical, gracias a la cual a los 11 años pudo ingresar con una beca a estudiar en el Conservatorio Superior de Música del Liceo. Allí se formó con las tres personas que, según reveló, fueron las más influyentes en su educación musical: Eugenia Kemmeny, Conchita Badía y Napoleone Annovazzi. Fue con este último junto a quien realizó su debut profesional, primero cantando la "Novena Sinfonía" de Beethoven en Valencia y después interpretando el papel de Serpina en La Serva Padrona, de Pergolesi, en Reus.

Pero su gran salto a la fama, el que le daría el reconocimiento como poseedora de una técnica exquisita, acompañada de una voz potente y versátil junto a lo que después sería su marca indiscutible: el perfecto dominio de la técnica del pianissimo, se produjo en el Carnegie Hall de Nueva York, en abril de 1965, cuando para la función de Lucrezia Borgia de Donizetti tuvo que reemplazar a la mezzo Marilyn Horne. El exigente público de ese teatro premió su magnífica interpretación con más de 25 minutos de aplausos. A partir de allí, su nombre quedaría inscripto para siempre junto al de las más grandes estrellas de la lírica.

Durante su carrera, que se prolongó a lo largo de cincuenta años, Caballé demostró una enorme capacidad para todo tipo de roles y nunca tuvo miedo de ampliar su repertorio y arriesgarse con nuevas interpretaciones. Abarcó numerosos títulos de los más variados compositores: de Mozart a Wagner, de Bellini a Strauss, de Puccini a Verdi. Su "Casta diva" en Norma fue calificada por muchos como la número uno de toda la historia, disputándosela a la de Maria Callas. Memorables son también su Aida y Desdémona en el Otelo de Verdi, así como los delirios que provocó cuando compartió escenario en Tosca junto a Pavarotti.

Visitó Buenos Aires en 1965 para presentarse en el Teatro Colón, en cuyo escenario debutó con el papel de Liù en Turandot junto a la gran soprano sueca Birgit Nilsson, encargada del rol protagónico en la ópera de Puccini. "No olvidaré la emoción que sentí cuando la propia Nilsson tuvo el gesto de dejarme sola cuando saludábamos al público porque dijo que me lo merecía". Así lo recordaba la propia Caballé, 50 años después de esa presentación, cuando fue entrevistada para Abono 1110, el programa de Radio Ciudad conducido por Martín Leopoldo Díaz. Regresó al año siguiente para convertirse en Manon Lescaut, también de Puccini. En agosto de 1986 ofreció en el Primer Coliseo dos recitales líricos que tuvieron la particularidad de tener más de veinte bises.

Se casó con el tenor aragonés Bernabé Martí en 1964, con quien tuvo dos hijos, uno de ellos la soprano Monserrat Martí, que la acompañó en recitales durante estos últimos años. Recibió las más variadas distinciones, entre las que se cuenta el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, en 1991. A pesar de haber sido acompañada por grandes cantantes a lo largo de sus años en escena, siempre declaró su preferencia por los Tres Tenores: Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. Tuvo el privilegio de haber compartido cartel con los más grandes directores de orquestas, entre ellos, Herbert von Karajan, Leonard Bernstein, Zubin Mehta, James Levine, Claudio Abbado, Seiji Ozawa y Riccardo Muti.

La de Caballé fue una vida dedicada a la música y al canto, la cual tuvo también algunos reveses, como cuando fue condenada en 2015 por haber defraudado al fisco español; pagó una importante multa para evitar la cárcel. Nunca anunció su retiro, a pesar de que la salud no la acompañó. La ciudad de Barcelona en pleno la despedirá en grande mañana en su funeral, correspondiéndole por haberla representado siempre desde lo más alto.ß

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