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Por qué los fantasmas no abandonan a los Pumas pese a los avances en el Rugby Championship

Ledesma analiza el presente de los Pumas
Ledesma analiza el presente de los Pumas
Jorge Búsico
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7 de octubre de 2018  • 23:59

Lo más sencillo sería quedarse con las imágenes del sábado a la noche, que aún muestran rastros de decepción y misterio por la debacle del segundo tiempo que imposibilitó a los Pumas de una victoria que parecía muy cerca ante los Wallabies en el cierre del Rugby Championship. Volvieron a aparecer esos fantasmas emocionales que viene sufriendo el seleccionado argentino en los últimos tiempos y que lo han privado de superar obstáculos en momentos decisivos de los partidos. Para remontarlos o para rematarlos. Hay carencia de ese instinto que tienen los grandes de ir por su presa cuando huelen sangre.

Pero no hay que quedarse solo con el resultado adverso en Salta (45-34). Debe irse mucho más allá en el análisis global de esta primera experiencia de Mario Ledesma y su staff al frente de los Pumas. Aunque pueda parecer incomprensible en estas horas en las cuales todavía retumban los golpes de la derrota, el seleccionado dio un paso adelante en su juego en este Rugby Championship. Es más: ha sido el mejor torneo desde que lo empezó a disputar, en 2012.

Salvo ante los All Blacks en Vélez, los Pumas tuvieron varios momentos de muy buen rugby en todos los encuentros del RCh. Lo mejor, por lejos, fueron esos primeros 40 minutos del sábado en Salta, en los que apabullaron a unos Wallabies desconcertados y frágiles. Pero también hubo picos altos frente a los neozelandeses en Nelson y con los Springboks en la victoria en Mendoza.

El seleccionado, que por primera vez ganó dos test-matches en este campeonato con los poderosos del Sur, exhibió virtudes en la defensa, en la disciplina (bajó sustancialmente la cantidad de penales y de tarjetas), en el line y recuperó aquel poder ofensivo que heredó de la etapa de Daniel Hourcade. Del legado de Jaguares, consolidó jugadores en distintos puestos. Los más salientes, Marcos Kremer en la tercera línea y Bautista Delguy en una de las puntas. Y en lo organizativo, un dato importante: aunque en cuentagotas, se permitió que vengan, de a uno, jugadores que están en Europa.

En cambio, no hubo progresos en el scrum. Es un tema largo el del fijo y no responde ya solamente a cuestiones técnicas. Ledesma ha sido claro: hace un tiempo que no salen primeras líneas de nivel internacional, en coincidencia con reglas y decisiones que le han restado poder a la formación más distintiva del rugby Union. Se creyó que con la llegada del ex hooker de los Pumas, un especialista en este aspecto del juego, se iban a producir progresos, pero evidentemente es algo que llevará más tiempo.

Lo mismo sucede con lo mental. No ha sido un costado trabajo durante la era Hourcade, quien creía que todo se solucionaba en el césped con los entrenamientos. Ledesma incorporó a un especialista en Jaguares y el sábado dijo que hay un equipo dedicado a la contención de los jugadores. Sin embargo, es un aspecto fundamental en cualquier deporte de alta competencia profesional y, visto lo que sucede en la cancha, habrá que darle todavía más importancia con profesionales especializados.

En ese aspecto, el de la cabeza, están bien marcadas dos situaciones negativas que le ocurren al equipo: no juega los 80 minutos al mismo ritmo (el sábado pareció que a ello se le agregó un cansancio físico, producto del desgaste que genera el RCh) y no sabe aprovechar las situaciones positivas (resultado, presión a favor). Ocurrió en los dos últimos partidos. Con los All Blacks, el envión y el apoyo que llegaban desde afuera terminaron jugándole en contra. Y con los Wallabies, una ventaja casi decisiva (31-7) fue imposible de mantenerla ni siquiera durante 10 minutos.

Los Pumas se apagaron en el segundo tiempo luego de un primero en el que habían jugado 10 puntos. Hay que irse hasta junio de 1999 para encontrar algo parecido. En Ferro, le ganaban a Gales 23-0 a los 35 minutos y terminaron perdiendo 36-26. Pero aquellos eran tiempos amateurs, en los cuales la estructura era ínfima, más allá de que unos meses después esos mismos jugadores concluyeron quintos en la Copa del Mundo.

Ahora vendrán dos semanas de descanso necesarias luego del combo Super Rugby-ventana de junio-Rugby Championship, y en noviembre, en el otoño europeo, habrá cuatro partidos para medir realmente dónde está parado el equipo con vistas al Mundial del año próximo. Es que los tres del Sur están por encima y el RCh debe servir para situarse por encima de los europeos o, al menos, en un nivel parejo. Irlanda en Dublin, Francia (rival en Japón) en Lille, Escocia en Edimburgo y Barbarians en Londres serán pruebas de fuego para los Pumas.

Lo importante será seguir evolucionando, aunque también hay que entender que la base todavía no es la ideal; sigue siendo un plantel corto para tanta competencia. Pero la foto del RCh 2018 es más amplia y positiva que la final del sábado en Salta.

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