Cómo es la lucha de los comedores barriales contra el hambre

Estela Gauto en la cocina de Corazón humilde, la asociación civil que fundó en la villa 21-24 de Barracas. Crédito: Hernán Zenteno.
Estela Gauto en la cocina de Corazón humilde, la asociación civil que fundó en la villa 21-24 de Barracas. Crédito: Hernán Zenteno.
María Ayuso
Evangelina Bucari
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7 de octubre de 2018  • 22:36

Ubicados en los barrios más vulnerables de la Ciudad y el conurbano bonaerense, los comedores de organizaciones sociales y comunitarias hacen malabares para garantizarle un plato de comida a las cientos de familias que se acercan todos los días.

Villa 21-24, Barracas: "No solo llenamos la pancita de comida caliente: damos mucho más"

Estela Gauto sabe lo que es pasar hambre. Llegó de Paraguay a los 19 años con una beba de nueve meses, la mayor de sus cuatro hijos, y caminaba 130 cuadras desde Lanús Este, donde vivía, hasta la villa 21-24 de Barracas para cocinar en un comedor y garantizarse un plato de comida. Cargada de emoción, recuerda cómo, décadas atrás, llegó a "cazar" palomas en la Plaza del Congreso para alimentar a su familia. En 1998, mientras estudiaba enfermería y conmovida por la cantidad de chicos desnutridos que vio en la 21, decidió poner manos a la obra. Junto a su mamá, Sixta, que les abrió las puertas de su casa, y sus hermanos (Estela es la segunda de diez), construyeron los cimientos de la asociación civil Corazón Humilde. Hoy, a 40 metros del Riachuelo, ocupa un espacio de cuatro pisos en permanente construcción: en la planta baja funciona el comedor; en la segunda y la tercera, están construyendo un sector de capacitación laboral y un hogar para chicas que luchan contra las adicciones; en la última, vive Estela y parte de su familia. Aunque desde el Ministerio de Desarrollo Social porteño reciben 110 raciones para la merienda y 190 para la cena, preparan ambas comidas para 300 personas. "Desde hace dos años la demanda empezó a crecer muchísimo. Hay personas que vienen que nunca antes había tenido la necesidad de ir a un comedor. Tenemos en lista de espera a más de 120: ya no sabemos qué hacer", cuenta Estela mientras mueve cajones de mercadería con su hermana Fidelina. "Este espacio no da solo la posibilidad de llenar la pancita de comida caliente, sino que compartimos mucho más. Me gustaría que la gente no tenga que ir más a los comedores sino reunirse en su familia, alrededor de la mesa, para comer y compartir. Ese es mi sueño", concluye. Contacto: 15-5146-4169.

Villa Zavaleta, Barracas: "Transformamos 300 raciones de comida en 900 platos"

Todos los días, Mirta Ortega, fundadora del comedor Gargantitas, ubicado en villa Zavaleta de Barracas, se las rebusca para hacer magia. Junto a los 15 voluntarios que le dan vida al espacio, transforman las 300 raciones de comida que reciben desde el Ministerio de Desarrollo Social de la CABA, junto con donaciones de alimentos de algunas fundaciones, en 900 platos de comida. Desde hace cinco años, de lunes a lunes, a partir de las seis de la mañana y hasta pasadas las 20, Gargantitas es un ir y venir de adultos mayores, chicos, jóvenes con problemas de adicción y familias enteras. Mirta, que tiene ocho hijos y varios más del corazón, abrió las puertas de su casa para convertirla en lo que hoy es el comedor y se mudó a la parte de arriba. "Hay muchísima necesidad. Desde la mañana tenemos gente que viene a tomar mate cocido o una taza de leche. A partir de las 16 la gente ya viene a formar la fila para llevarse la cena, porque tienen miedo de quedarse si nada", cuenta la mujer. "Somos humildes, pero recibimos siempre a todos los que lo necesitan". Contacto: 15-5029-6469

Villa 31, Retiro: "Por los costos, falta variedad de frescos y de carne"

El comedor del centro comunitario de la Fundación El Pobre de Asís funciona, desde 2000, en el Barrio YPF, uno de los sectores de la villa 31 de Retiro. Allí, se prepara en viandas la merienda para 220 chicos y la cena para unos 470. "La cantidad está limitada por el espacio y por los elementos con los que disponemos. Hacemos tres ollas grandes de comida y cuando se terminan, se terminan", explica Carina Corvalán, trabajadora social y una de las coordinadoras del espacio. "Tenemos mucho contacto con distintas organizaciones del barrio, con las que buscamos establecer prioridades de cuáles son las familias que más necesitan. Hace poco empezamos a trabajar hasta nuestro tope, que son 500 raciones", agrega. Según Corvalán, la crisis se nota muchísimo en el aumento de la demanda de los vecinos que se acercan a pedir mercadería. Desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, les otorgan fondos para que puedan comprar los insumos del comedor. Además, reciben donaciones del Banco de Alimentos, particulares y empresas. "Por los costos, en lo que notamos más la falta de variedad es en los frescos y en la carne, que es todo un tema", cuenta la trabajadora social. "Muchas mujeres nos piden ser voluntarias para poder tener alguna prioridad en el acceso a alimentos. La propuesta de que se lleven los tuppers nos parece interesante para que puedan compartir en familia", concluye. www.elpobredeasis.org.ar

Villa El Mercado, Caseros: "Muchos papás se quedaron sin trabajo y vienen familias enteras"

Fue en noviembre de 2000 cuando, en una casita prestada en la localidad bonaerense de Caseros, a pocas cuadras de la villa El Mercado, un grupo de amigos crearon la Fundación De La Calle a la Vida, conmovidos por la situación de las familias más vulnerables de la zona. Hoy, reciben allí el almuerzo 70 chicos por día (que además son acompañados en su escolaridad), unas 10 personas mayores y 15 mamás. "No recibimos ninguna ayuda gubernamental, sí de organizaciones como Plato Lleno y ProyectARG. Hacemos rifas y eventos para recaudar fondos y nos sustentamos con donaciones", cuenta Clara Lamontanara, coordinadora del comedor. La mayoría de los beneficiarios provienen, además de El Mercado, de otros asentamientos de la zona como el Barrio Derqui y Los Rusos. "Muchos papás, que vivían de changas, no tienen trabajo y ahora son familias enteras las que vienen. Además, estamos recibiendo a más personas mayores, que otros años no teníamos", sostiene Clara. "Soy de clase media y para nosotros la situación también está complicada, pero hacemos todos para que ellos puedan tener un plato de comida y contención, apoyo escolar, computación e inglés". Contacto: 15-6254-4013.

Barrio La Trocha, Marcos Paz: "Estamos atravesando el momento más duro"

Lidia Giagnoni tiene 62, es enfermera, está jubilada y desde 1994 vive en Marcos Paz. Al poco tiempo de mudarse, empezó a fijarse en familias que, junto a chicos chiquitos, pasaban delante de su casa caminando debajo del rayo del sol, en pleno verano. "En ese entonces, el barrio era todo campo, con casas muy humildes. Un día, cuando los vi pasar les pregunté a dónde iban, y una señora me respondió: a comer a la escuela 9. Les pregunté a dónde quedaba y me dijeron que a unas 40 cuadras", recuerda Lidia. "Les pedí que esperaran, busqué mercadería para darles y les dije que volvieran a sus casas a comer". Así nació la semilla de lo que hoy es la Asociación Civil Todo Por los Niños, que funciona en el barrio La Trocha y donde se prepara merienda y cena para 200 personas. "Empezamos a cocinar en mi casa, a dar charlas para prevenir enfermedades infectocontagiosas y del cuidado de la salud de la salud en general. En el último año se duplicó la cantidad de gente que viene a buscar comida. Muchas son familias numerosas", asegura Lidia. Cuatro voluntarias preparan la comida y en el caso de las personas mayores o enfermas, se acercan a sus casas para llevársela. El comedor no recibe ningún aporte gubernamental y se sustenta con donaciones. "Todos los meses, destino parte de la plata de mi jubilación para comprar los alimentos que no podemos conseguir. Algunas veces compro carne, pero no tenemos casi nunca", cuenta. Y agrega: "Acá muchos trabajan en la construcción, en los hornos de ladrillo y en las huertas. Todo es changas: no hay trabajo en blanco, nunca lo hubo". En el último mes, cuatro de los jóvenes que asistían a la asociación se suicidaron. Conmovida, Lidia sostiene: "No solo luchamos contra el hambre, sino contra la depresión. Hay gente que no le encuentra salida y no quiere vivir más". Contacto: 15-6577-5433

Barrio Loyola, San Martín: "Junto con muchos chicos empezaron a venir sus familias"

Luis Ángel Gómez, junto al equipo de voluntarios de la organización Todo por los chicos, en el barrio Loyola de San Martín. Crédito: Daniel Jayo.
Luis Ángel Gómez, junto al equipo de voluntarios de la organización Todo por los chicos, en el barrio Loyola de San Martín. Crédito: Daniel Jayo.

Son las 19 y van llegando los primeros niños, niñas y adolescentes. Antes de sentarse, todos van a lavarse las manos. Ya se huele el estofado de carne, papas y arvejas. "Este último año la situación del barrio se agravó, muchos se quedaron sin trabajo y junto con muchos chicos empezaron a venir sus familias. El espacio físico es poco, pero ¿cómo le decís que no?. Así que, a veces, hacemos dos tandas ", dice Luis Ángel Gómez (54), quien fundó hace cinco años el comedor Por los chicos en el barrio Loyola, en San Martín, junto a su mujer, Silvia Brito, que es una de las cocineras y cuenta con la ayuda de su hermano, Jorge. Armaron un espacio propio -"chiquito", dice Luis- de 6 x 7 metros con techo y paredes de chapa, donde tres veces por semana dan de cenar a 70 chicos (de hasta 16 años) y los otros dos días, la merienda. Se sustenta con el aporte de particulares, algunas raciones de alimentos que envía la municipalidad de San Martín y, especialmente, con la organización Banco de Alimentos. "Arrancamos a las 8 y terminamos a las 10 de la noche porque tenemos que salir a hablar con el panadero, con la pollera, hacemos rifas con cosas que nos donan. de todo, malabares. Al no tener ningún subsidio a veces se hace muy difícil", relata Luis. Hay cuatro chicas que pasaron por el comedor y actualmente son voluntarias: Ayelen Vargas (18), Maira Barreiro (26), Celeste Torrez (17) Jessica Britez (16). "Me enorgullece ver a este grupo de jóvenes coordinadoras, son una maravilla", dice Gómez. "Me gustaría que no existan más comedores, eso indicaría que todos pueden comer en sus casas", concluye. Contacto: 15-5577-5264

Haras de Villa Trujui, Moreno: "Las cuatro comidas acá no existen"

Fernanda Moyano (33) abrió en su propia casa la ONG Athenea que todas las tardes da de merendar a 30 chicos en Haras de Villa Trujui, en el partido de Moreno. Un barrio de los más poblados y vulnerables de la zona. Los "haras" son un grupo de asentamientos atravesados por un zanjón, ella vive pegada al primero. Fernanda es madre de dos nenas (una de 13, epiléptica y, otra de 6, hipoacúsica) y hacía tres años que colaboraba con otro merendero de la zona. Pero empezó a ver que los chicos de su propio barrio cada vez tenían más necesidades. "Nunca pensé que mis vecinos estaban atravesando situaciones tan difíciles, en un año el barrio se vino abajo", recuerda. Y detrás de los chicos vinieron las mamás. "Cuando abrí la organización la idea era generar un espacio donde los niños puedan hacer actividades, pero me di cuenta que tenían otra necesidad: comer", señala. Dan copa de leche, tienen ropero comunitario, cortan el pelo y llegan a casi 300 familias de los haras con la ayuda que reciben de donaciones y de Nación. "Las cuatro comidas acá no existen. Un 40% cena y el 60% no come nada de noche. A lo sumo, tomaron la leche en la escuela, después fueron a un merendero y eso es todo". Los chicos vienen a buscar aunque sea una tortafrita, esas cosas te dicen que aunque haya agua, llueve o truene tenemos que estar acá. Además, Fernanda es voluntaria de la ONG Techo y participa en las cooperadoras de las escuelas de sus hijas. "En Moreno estamos sin clases desde la explosión de la escuela por los problemas edilicios que tienen los colegios. Cualquier espacio de contención es imprescindible", asegura. Necesitan leche maternizada, medicamentos, sillas de ruedas, alimentos. Contacto: 15-2607-2051

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